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9 Jun 2020 - 2:02 a. m.

¿Por qué los franceses no apoyan a Macron?

Aunque el presidente francés ha sido uno de los que han manejado mejor la crisis sanitaria, el descontento ciudadano con su gestión no cede.
Un grupo de trabajadores de un hospital de París protestan contra el presidente francés, Emmanuel Macron.
Un grupo de trabajadores de un hospital de París protestan contra el presidente francés, Emmanuel Macron.
Foto: AFP - Philippe LOPEZ

Lo dijo hace apenas cinco días Jean-François Delfraissy, presidente del Consejo Científico que asesora al gobierno francés en la lucha contra la pandemia de coronavirus: “Se puede decir que actualmente la epidemia de COVID-19 está controlada en Francia”. Aclaró, sin embargo, que “eso no quiere decir que el virus haya desaparecido del territorio nacional (...) hay que estar especialmente atentos a la situación en las residencias de ancianos y en las grandes ciudades densamente pobladas”.

La noticia, que en otros países millones de ciudadanos esperan escuchar, no disminuye el descontento de los franceses con su presidente Emmanuel Macron, uno de los mejor valorados en el mundo en el manejo de la pandemia por evitar los despidos masivos, aumentar las ayudas a los desempleados y haber mantenido una de las tasas más bajas de mortalidad de Europa.

Francia, con 29.065 muertos y 152.444 casos de COVID-19 confirmados, es el tercer país europeo con mayor número de fallecidos, después del Reino Unido (39.987) e Italia (33.689).

¿Por qué entonces los franceses no reconocen la buena gestión de Macron? El problema se remonta a 2017, cuando apostaron por el joven político que prometió muchos cambios, algunos de los cuales han chocado con la visión más tradicional de la ciudadanía, que considera muchas políticas innegociables.

El presidente francés ha tenido que enfrentar en casi tres años de gobierno muchas protestas, la más célebre la de los chalecos amarillos, que lo tuvieron en jaque cerca de dos años; antes de la pandemia el país protestaba por la reforma pensional, que propone instaurar un sistema universal de pensiones; antes fue el transporte, y antes la gasolina, y antes el desempleo juvenil.

Durante lo más grave de la pandemia, sin embargo, las cosas parecían mejorar entre Macron y sus gobernados. Según una encuesta publicada en abril por la revista Paris Match y la emisora Sud Radio, un 46% de los franceses calificaba como positiva la gestión del presidente, 13 puntos más que el mes anterior;

Pero la pandemia parece estar bajo control y los franceses están, de nuevo, descontentos con Macron. El economista Bertrand Martinot explicaba en BBC que el problema es que “existe un ambiente de desconfianza general en Francia. Desconfianza hacia la empresa, hacia el Estado... Entonces, cuando les pedimos esfuerzos a los empleados, ellos lo consideran injusto Hay un sentimiento de injusticia y de desigualdad que hace que este tipo de discurso (el de Macron) -completamente racional- no quiera ser escuchado”. Historiadores explican que la Constitución de la V República (1958), hecha a la medida del general Charles De Gaulle, dejó al presidente como un monarca. El Jefe de Estado francés tiene más poderes que el presidente de Estados Unidos, que puede ser controlado por el Congreso.

Macron ya anunció un nuevo paquete masivo de ayudas a los sectores más afectados por la crisis del coronavirus. Ese paquete de 40 mil millones de euros está recogido en una nueva versión del presupuesto de 2020 que se debe aprobar en Consejo de Ministros mañana, miércoles, según explicó el ministro de Economía y Finanzas.

El gobierno trabaja sobre el panorama más negativo tras la pandemia: un déficit público del 11,4 % del producto interno bruto (PIB) y una deuda que subirá a finales de 2020 hasta el 120,9 % del PIB. “El empleo se ha vuelto a convertir en la prioridad nacional”, agregó el ministro de Finanzas. En tres meses (de febrero a abril) fueron 1’065.200 los que se inscribieron en las oficinas del desempleo por no tener ninguna actividad, hasta un total de 4’575.500. Macron está en una ronda de consultas para preparar la salida de la crisis y les pidió propuestas a todos los sectores del país para presentarlas a los ciudadanos antes de la Fiesta Nacional del 14 de julio.

— “Entonces, ¿por qué cree que sigue siendo tan alta su impopularidad?, le preguntó un periodista la semana pasada.

— “Durante décadas, este país ha conocido la duda y la división. No creo en los milagros. Esta Francia desconfiada existe. No ha cambiado”, respondió Macron y remató: “No me voy a sentar a sentir lástima por mí; estoy mirando hacia el futuro”.

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