La separación de Kosovo y Serbia desató una pugna entre EE.UU. y Rusia, pues ante los ojos del gobierno ruso los estadounidenses patrocinaron la independencia como una forma de mantenerse en el poder. Desde el 17 de febrero de 2008, día en que los kosovares se desligaron de Serbia, los conflictos entre la Casa Blanca y el Kremlin no cesan.
Rusia no fue el único país que no estuvo de acuerdo, China, Argentina, Brasil, Venezuela, España, y estados vecinos de Serbia como: Eslovaquia, Moldavia, Rumania y Chipre; también rechazaron la medida. Por lo tanto, la Unión Europea actuaba de manera cautelosa en el conflicto porque el gobierno español, siendo miembro de la UE, tampoco aprobaba a los kosovares.
El afán de los rusos es frenar la intervención de la OTAN, pero ante el conflicto declarado a Serbia una de las preocupaciones de Rusia eran: los tres municipios del norte de Kosovo: Zubin Potok, Leposavic y Mitrovica pues un gran porcentaje de su población hace parte de Serbia.
La posible unión entre Alb ania y Kosovo, la cual inquietaría a Macedonia, Estado que cuenta en su noroeste con una zona de mayoría albanesa.
Y finalmente, las reclamaciones que se presentarían desde la República Srpska en Bosnia y Herzegovina con respecto a la repartición territorial con base en criterios étnicos.
La ONU se encontraba completamente dividida, dirigente políticos como el embajador de Rusia, Vitaly Churkin, el embajador de China, Wang Guangya, y el ministro de Exteriores de Serbia, Vuk Jeremic; se pronunciaron diciendo que la decisión de Kosovo “es una abierta violación de la ley internacional, además que es incompatible con el acta de Helsinky sobre la inviolabilidad de las fronteras y el respeto del principio de territorialidad, lo cual pone en peligro la seguridad de los Balcanes”.