16 May 2021 - 2:00 a. m.

Torre de Tokio: samurái delirante

Columna para acercar a los colombianos a la cultura japonesa.

Gonzalo Robledo * @RobledoenJapon / Especial para El Espectador, Tokio

Para explicar la poca expresividad del primer ministro japonés Yoshihide Suga, famoso por tener menos registros faciales que la Gran esfinge de Giza, algunos japoneses señalan su austero carácter septentrional, forjado en tierras agrícolas azotadas cada año por inclementes nevadas. (Lea más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Otra justificación, más inusual e imaginativa, fue lanzada por un político de provincias, Shinryoku Saito, de 64 años, quien afirma que el jefe del ejecutivo nipón se encuentra detenido y en su lugar gobierna un impostor disfrazado con una máscara de látex.

El falso Suga se propone diezmar la población japonesa usando la vacuna contra el coronavirus como un “arma asesina”, asegura Saito en un panfleto impreso y distribuido entre sus paisanos en la prefectura de Fukui.

Saito pertenece al mismo partido de Suga, el Liberal Demócrata (PLD), y actualmente es el número dos en Fukui de esa fuerza política que ocupa el poder en Japón, casi sin pausa, desde su fundación en 1955.

Los principales periódicos japoneses y la televisión pública reportaron como noticia los desvaríos de Saito y contribuyeron a aumentar sus simpatizantes. Cuando sus colegas lo recriminan, el miembro de la Asamblea de Fukui alude a la avalancha de “estimulantes elogios” que inundan sus redes sociales.

“No se limitan a simples me gusta de Facebook”, explica y añade que muchos de sus seguidores “no pueden contener el llanto” al confirmar la existencia de políticos capaces de decir la verdad como él. “Se alegran al saber que todavía quedan samuráis”, dice ufano en su página web.

Saito, es el más destacado representante japonés en la red de personajes mundiales que tras ingerir la píldora roja de la conspiración empezaron a ver un oscuro complot cuya constatación, o desmentido, requiere contactar con altas esferas del gobierno profundo, clubes de millonarios pedófilos, sectas diabólicas y otros colectivos poco dados a convocar ruedas de prensa para aclarar su posición.

Las teorías de Saito no tienen en cuenta que Suga pierde popularidad por lo lento de sus medidas contra la pandemia. En Japón solo se han vacunado poco más de 4 millones de sus 126 millones de habitantes debido, en parte, a la escasez de personal médico.

En cuanto al infame plan de eliminar ciudadanos, no será necesario pues el descenso de la natalidad es precisamente el más acuciante de los problemas sociales de un archipiélago que carga como una cruz la previsión oficial de que para 2065 su población habrá mermado hasta los 88 millones de habitantes.

Finalmente, para verificar si Japón está gobernado por un impostor enmascarado, tendremos que esperar al final de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio 2020 cuando, al anunciar que hubo cero contagios, Suga no tenga más remedio que sonreír, o revelar su verdadera identidad.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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