“Yo organicé la primera marcha contra el secuestro”

Uno de los líderes de la manifestación en contra de ese terrible delito relata cómo concibió la idea de convocar por medio de internet.

Fueron las mentiras de las Farc en torno a la liberación de Emmanuel, el hijo de Clara Rojas nacido en cautiverio, las que nos motivaron a organizar la marcha del 4 de febrero.

Yo nunca estudié política. De hecho soy ingeniero, pero siempre me he sentido comprometido con los temas del país y considero a las Farc como el enemigo número uno de Colombia. Y cuando se da lo de Emmanuel, sentí que había que hablarles directo a la cara por su crueldad, por sus mentiras, por el engaño del Caguán.

Se me ocurrió entonces que Facebook era el escenario ideal para convocar una protesta contra la guerrilla y el 4 de enero se lanzó la propuesta del grupo “Un millón de voces contra las Farc”. La sorpresa fue que con el pasar de las horas se suscribía más y más gente, miles y miles cada día, hasta el punto de que en menos de una semana logramos congregar a 150 mil personas.

El asunto se volvió todo un fenómeno en la red. Entonces nos dimos a la tarea de regar la propuesta no sólo en Facebook, sino a los que eran webmaster de páginas, a los que manejaban otros tipos de blogs; contactamos a administradores de otros grupos que no tenían nada que ver con el conflicto pero que movían mucha gente.

Allí fue cuando se nos ocurrió sacar esa expresión de protesta a las calles. En principio la idea era hacerlo a nivel nacional, pero resultó que entre los miles y miles de usuarios de Facebook había muchos colombianos en el exterior a quienes les dolía el país, quienes quisieron unirse.

Los mensajes que mandaban era que ya era hora de gritarle a la guerrilla su crueldad. Nos dimos un mes para organizar todo. El grupo “Un millón de voces contra las Farc” nació el 4 de enero y por eso la fecha del 4 de febrero es algo accidental y espontáneo. Simplemente fueron 30 días para preparar las cosas y el primer paso fue conformar un comité central compuesto por seis personas, el cual yo lideraba.

Cuando los colombianos en el exterior se enteraron de que se estaba gestando una gran marcha, nos enviaron mensajes de que querían participar y muchos se comprometieron a organizar marchas en sus ciudades. Por eso el 9 de enero le cambiamos el rótulo de “marcha nacional” por el de “gran movilización mundial contra las Farc”. A partir de allí comenzaron los preparativos, la elección en cada ciudad de las rutas de las marchas y los sitios de concentración. Todo un esfuerzo que se vio bien recompensado.

Comenzamos también a tocar puertas en los medios de comunicación y tuvimos la fortuna de que varios periodistas se habían enterado de la existencia del grupo. Incluso, la noticia inicial no era la marcha sino el boom en internet y el que nosotros éramos muchachos menores de 30 años y sin ninguna vinculación política. Hubo gente que nos atacó diciendo que por qué la marcha sólo contra las Farc y no contra los paramilitares. Pero la movilización era la respuesta a una coyuntura específica: nacimos por el dolor de Emmanuel y luego, al conocer las pruebas de supervivencia de algunos secuestrados, por la indignación de saber que los tenían amarrados a los árboles, en las condiciones más ruines y miserables. Por eso no quisimos que la marcha tuviera otro objetivo. Queríamos decirle a la guerrilla que el secuestro no podía seguir siendo un método de lucha, por muy justo que fuera el ideal.

Llegó el día. Alquilamos tarimas, audios, hicimos discursos, las cadenas de televisión hicieron grandes trasmisiones. Nos uniformamos todos de blanco, la gente salió con pancartas y camisetas en las que se leían mensajes como “No más mentiras”, “No más secuestros”, “No más muertes”, “Libertad”, “No más Farc”. Fueron más de 200 ciudades en 40 países del mundo. Hoy estamos convencidos de que ese 4 de febrero los secuestrados entendieron que no estaban solos y les dimos a las Farc el más duro golpe en su imagen.

Fue como una terapia colectiva, la gente sacó ese dolor que llevaba adentro. Ese día rompimos la indiferencia. Sabemos que la guerrilla es autista, que no comprenden al pueblo, pero tarde o temprano tendrán que entender que el secuestro no es arma de lucha, que la democracia les espera. Por eso digo que este esfuerzo tiene que continuar, que debemos seguir unidos hasta que las Farc liberen al último de los secuestrados, porque Colombia entera les grita “¡No más!”.

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