Los olvidados de las Farc

Según la fundación País Libre entre 1996 y 2008, 23.908 personas fueron secuestradas en Colombia y aún permanecen en cautiverio 2.820. Sólo en el 2008 ocurrieron 242 secuestros. Muchos llevan más de diez años desaparecidos y como se trata de simples civiles a nadie parece importarles su paradero.

Mientras seis familias colombianas esperan ansiosas la liberación de sus seres queridos anunciada por las Farc, miles de hogares siguen sin respuesta de qué pasó con sus familiares. Miles de ciudadanos anónimos que no tienen el rótulo de canjeables y que a nadie parece interesarles. El Espectador relata a continuación tres historias que no son más que el reflejo de la realidad de estos compatriotas en poder de delincuentes, la mayoría de ellos secuestrados por la guerrilla. Estas historias ocurren en Antioquia, uno de los departamentos más golpeados por el secuestro y donde las víctimas a través de organizaciones como Las Madres de la Candelaria, buscan noticias de sus familiares. Pero además logramos una entrevista con un ex mando medio de las Farc que explica cómo para esta guerrilla los secuestrados no son otra cosa que una mercancía. Una simple vendedora.

El sábado 24 de marzo de 2001, Alcira Valderrama Bermúdez de 32 años de edad, salió como de costumbre a vender sus productos en los pueblos cercanos. Esta vez viajó a San Carlos Oriente de Antioquia, en compañía de su vecino y también vendedor Carlos Eugenio García. En su equipaje llevaban máquinas de peluquería y alfombras para bestias. A la altura del corregimiento Santa Ana del municipio de Granada, las Farc interceptaron el bus en el que iban y los bajaron. “le preguntaron al conductor quienes eran ellos, y él les dijo que vendedores ambulantes de Medellín. Le dieron la orden de seguir y vieron cómo los guerrilleros se metieron al monte con mi hermana y su amigo. Quince días después llamaron a mi casa a preguntar si allá vivía Alcira. El guerrillero dijo que la iban a investigar y la devolvían. Al fondo se escuchaba su llanto, el guerrillero tiró el teléfono  y hasta hoy no hemos sabido nada. Esa fue la única razón que tuvimos de ella”, asegura Alexandra.

“Yo me fui a buscarla. Llegaba a vender mis productos a muchos pueblos y preguntaba por ella. La cosa se puso tal que la guerrilla se me arrimaba y me decía que me fuera, que no me querían ver por ahí. Una vez hablé con un guerrillero en Tarazá y le pregunté qué pasaba con los secuestrados civiles que no tenían dinero. Me dijo que los mataban”, dice Alexandra con su voz quebrada por el dolor. Ella ha tenido que ser la madre de los dos hijos de su hermana. En ese entonces tenían tres y siete años. 

“Los civiles no existen. Cuando hablan de civiles se refieren a los políticos, los demás no le importan a nadie. Si tuviera en frente a Piedad Córdoba le diría que a ella lo único que le importa es su beneficio, para ella los civiles son los políticos no más. La guerrilla no se da cuenta del daño tan grande que le hacen a la gente”.
 
Han sido siete años y 10 meses sin tregua, sin paz. A la espera de noticias que no llegan. El hijo de Alcira que hoy tiene 10 años, ni siquiera recuerda a su madre. Lo único presente es su ausencia. Cuando le pregunté por ella la primera reacción fueron sus ojos cargados de lágrimas y con un esfuerzo sobre humano, logró sacar las palabras atragantadas en su garganta. Demasiado dolor para un niño de su edad “Yo no he tenido mamá. No me puedo acordar de ella. Si quiero que


vuelva pero no creo, esa gente no tiene corazón, no respetan la vida. No parecen humanos. Ojalá volviera porque me hace falta pero solo importan los políticos”.

Otra víctima un día después

En el dos mil uno las Farc cometieron toda clase de asesinatos, desapariciones y secuestros en Antioquia. Ese año en el departamento se contabilizaron en total 579 plagios, la mayoría a manos de las Farc. Una de las zonas más afectadas fue el Oriente. El 25 de marzo, un día después del secuestro de Alcira, el noveno frente detuvo una escalera que venía del casco urbano del municipio de San Carlos hacia la vereda la Holanda. Bajaron de allí a John Jairo Jaramillo Sierra, un campesino de 32 años que tenía una tienda en la casa donde vivía con su madre. Doña Ligia bajó en otro carro unos minutos después y se encontró en el sitio Buenos Aires con la noticia del reten. “Usted es la mamá de John Jairo me dijo una señora. Yo le dije que sí y me respondió - que él le dejó dicho que rece por él y que la quiso mucho-. Los guerrilleros se lo llevaron amarrado y cruzaron el río. Yo salí detrás y alcance a uno de ellos y le pregunté  por qué se lo llevaban y me dijo que porque le vendíamos a los paramilitares”, relata doña Ligia.

Desde esa fecha no ha hecho otra cosa que esperar a su hijo y nunca ha recibido una sola llamada de las Farc. Su otro hijo lo buscó varios días, hasta que las Farc amenazaron con matarlo. En agosto de 2007 mientras miraban los noticieros de televisión, doña Ligia vio a su hijo “Estaban dando la noticia de unos videos que le cogieron a las Farc en el sur del país. Ahí estaba John Jairo vestido de guerrillero, hasta  gordo lo vi. A él lo tienen a la fuerza porque nunca se hubiera ido para la guerrilla, a él le daban miedo las armas. Yo no entiendo porqué no me lo devuelven. Yo quiero verlo antes de morir, no he tenido ni un minuto de tranquilidad  desde que se lo llevaron” a sus 74 años doña Ligia padece cáncer de colon. Llora sólo al recordar el nombre de su hijo y su único anhelo es verlo otra vez antes de que se le acabe la vida. Aquí se queda unos añitos hasta que pague.

Dolly Castañeda es una mujer luchadora. Desde hace 11 años y tres meses busca sin parar a su hija Ruth Beatriz Castañeda Castañeda, una sicóloga de 27 años secuestrada por el frente 34 de las Farc en el municipio de Girardota al norte de Medellín, el 15 de octubre de 1997. Los guerrilleros pedían 600 millones de pesos por su liberación. “Cuando se la llevaron a los nueve meses volvieron a llamar y no quisieron rebajar nada. Seguían pidiendo 600 millones.  El 30 de diciembre de 1999 hablé con Raúl Reyes por teléfono y él me dijo que ellos no tenían ningún inconveniente en dejarla allá unos añitos hasta que pagara”, relata doña Dolly.

La foto de Ruth Beatriz es la más antigua entre las Madres de la Candelaria. Su mamá le ha enviado cartas a los presidentes Álvaro Uribe, Hugo Chávez, Nicolás Sarkozy y a la senadora Piedad Córdoba, pidiendo intercedan por su hija ante la guerrilla. “Yo no pierdo las esperanzas pero es muy duro. Aquí parece que la gente del común sólo le imorta a sus familias, a nadie más. Nadie sabe cuál es el dolor que uno siente sin tener noticias”.

En la casa de doña Dolly el tiempo se detuvo. Todo está tal y como lo dejó Ruth Beatriz. En el armario están los regalos de cada cumpleaños, cada día de amor y amistad y cada navidad. Perfumes, joyas, ropa, tendidos de cama y sus favoritos, los peluches. “Cuando ella llegue sepa que la estuve esperando. Yo todas las noches hablo con ella, duermo al lado de su cama para que sepa que la estoy acompañando. Yo creo que Dios me va a hacer el milagro”.
 
Doña Dolly no tiene más compañía que el recuerdo de su hija. Se alejó de su familia y de los amigos porque la criticaban por conservar esperanzas. Tal vez ellos preferirán que rehiciera su vida y diera por muerta a Rutbia, pero el amor de madre no la ha dejado ser ella misma. Su vida gira en torno a su única razón para continuar en esta tierra, abrazar de nuevo a su consentida. Los secuestrados son sólo una mercancía.

Hablamos con un ex mando medio de las Farc quien operó en Antioquia y conoce a fondo la política de secuestro de esta guerrilla. Las explicaciones que entrega acerca de qué pudo pasar con miles de ciudadanos del común de quienes hace varios años no se tienen noticias no son las más alentadoras.

A finales de los 80 las Farc se involucran en el secuestro como una manera de conseguir dinero. En los años 90 quisieron hacer una justificación política de este delito argumentando que si los ciudadanos pagaban impuestos debían también ayudar a financiar la guerra en contra del Estado. Es así como en el 2000 implementan la denominada ley 002 de tributación, aplicada según la guerrilla a la burguesía. Qué pasa con un civil que no tiene dinero.

Simplemente el civil que no tiene plata es una mala inteligencia y se hace un estudio de para qué sirve. Muchas veces se toma la decisión de asesinarlo. Generalmente cuando no se sabe nada de una persona por espacio de más de dos años es


muy difícil que se encuentre viva. Pero si no pagan se quedan allí varios años hasta pagar la deuda, como en el caso de Ruth Beatriz.

No, las Farc se tienen que estar comunicando permanentemente para "el regateo", es una forma de presión psicológica que asegura el pago. Si no la han llamado la mujer puede estar muerta. Es posible que un secuestrado sea reclutado.
Las Farc no los reclutan a la fuerza. La guerrilla tiene un sistema de trasbordo en el que los encargados políticos pueden dictar unas charlas que determinan "qué es y por qué luchan las Farc" y de ésta manera pueden llegar a convencer a las personas que tienen en su poder para que se queden.

Por qué las Farc no dicen que pasó con los secuestrados o entregan sus cuerpos. Lo que pasa es que al cortar comunicación las Farc interpretan que no hay posibilidad de un seguimiento y por eso no se presenta más el canal comunicativo. El entregar cuerpos es un desgaste para la Organización ya que se arriesgan a que venga un operativo o se salga información. Te reitero, las Farc son una organización que en esos casos no ven al hombre (secustrado) como ser humano sino como una……Algún día las Farc dirán que pasó con los civiles secuestrados que nunca volvieron.

Es complicado por la gran cantidad de hombres que se quedan sepultados en las selvas y con todos los muertos de la guerrilla que podrían saber donde quedaron cuerpos enterrados, pero al final del conflicto se tiene que hacer el esfuerzo de tratar de cerrar esas heridas y que muchos tengan donde llorar a sus familiares. Lo único que tiene  las familias es esperanza, pero lo que usted dice es duro.

Lamentablemente una guerra solo deja destrucción, sangre, dolor y lágrimas. El esfuerzo que se tiene que hacer es frenar esa ola de barbarie y terminar con ésta larga noche de terror que deja una confrontación entre hermanos. Las familias de los secuestrados dicen que sólo importan los militares y políticos. ¿Es así?

Un secuestro utilizado hábilmente generar la suficiente opinión para llegar a producir bien sea un diálogo, una negociación, un acuerdo, o incluso un reconocimiento internacional; es precisamente allí donde las Farc se muestran más peligrosas y enviando el mensaje que poseen una unidad estratégica entre lo político y lo militar pretenden salirle al paso al cerco de la Política de Seguridad Democrática del actual gobierno.

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Mary Luz Avendaño / Especial para El Espectador

Posconflicto

Los olvidados de las Farc

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