De Hollman Morris

El martes 3 de febrero en la mañana, el ministro de la Defensa, Juan Manuel Santos, por todos los medios, me señaló de ser un periodista “afín a las Farc”.

En la noche, es el propio Presidente de la República, en vivo y en directo, quien le dice a todo el país: “Morris le hace apología al terrorismo”. Y una vez más tanto el Ministro como el Presidente recurren a la práctica, que ya se ha vuelto norma durante su gobierno, de estigmatizar y acosar simplemente por el hecho de pensar diferente o no hacer lo que a ellos les gusta.

En el juego de la democracia esa es una falta grave. Es un mejor aporte a la democracia un periodista que vaya en contravía siempre a las versiones oficiales o a lo que quieren imponer diferentes poderes que campean en este país, como el del narcotráfico, el paramilitarismo, el guerrillero o el del parapolítico.

Doce horas antes en la población de Unión Peneya, departamento del Caquetá, había sido detenido arbitrariamente por miembros del Ejército, quienes además de hacerlo, exigieron la entrega de mi material periodístico. El defensor del Pueblo de Caquetá, John Fredy Malagón, denominó lo sucedido como una detención arbitraria (alrededor de este hecho, que fue una violación a la libertad de prensa, no ha habido mayor debate).

Increíble, el mundo al revés, algo está pasando…

Hasta el día de hoy no he emitido un solo segundo del material audiovisual que dicen conocer quienes acatan las sugerencias oficiales. Tampoco he divulgado nada de lo charlado con los jóvenes liberados. Ni siquiera en el momento que tuve la oportunidad de hacer dos reportes para Radio Francia Internacional.

Siempre he creído que a nosotros los periodistas se nos debe juzgar por los materiales, columnas, notas periodísticas, cuando ya se han dado a conocer a la opinión pública… En mi caso soy condenado a la hoguera cuando, reitero, nadie ha visto el material…

Para algunos y desde lo que va corrido de la administración Uribe, los periodistas tenemos que pedirle permiso al Gobierno para efectuar nuestro desplazamiento. Peor aún, creen normal que uno no se interne en las zonas de conflicto y, por ello, les parece inaudito que un periodista como yo, haya estado en el sitio de la liberación.

No soy periodista de pedir permisos. Ahora bien, por estar allí, pero además por haber llegado al sitio, el Presidente y el Ministro me califican de ser auxiliador de la guerrilla. ¡Qué barbaridad, qué irresponsabilidad! Entonces, de ahora en adelante, los periodistas que entrevisten a paramilitares, narcotraficantes y guerrilleros, entran a hacer parte de sus filas…

Por otro lado, yo sí creo que a los jóvenes soldados se les presionó y se les “libreteó”, no me cabe la menor duda, pero eso es diferente a que me hayan “libreteado” a mí, a que me hayan dictado las preguntas. Hasta el momento, lo dicho por los uniformados a la prensa no afirma lo que se pretende juzgar de mi actitud como periodista.

Yo me pregunto hasta cuándo pretenden seguir el Presidente y su Ministro estigmatizando y señalando todo lo que no les gusta. ¿Es así como pretenden construir un país diferente? ¿Acaso eso hace parte de su política de seguridad democrática?

Pareciera que lo único que se debe mostrar es el lenguaje de la guerra. Los únicos shows plausibles son los que monta el Gobierno. Soy un convencido de que la paz debe tener visibilidad para tener un país mejor, para lograr el entendimiento de todos los colombianos. En este momento, mi vida está en peligro por mostrar la otra Colombia. La Colombia que está construyendo la paz. Porque estoy convencido de que la paz también es y debe ser noticia.

Aquí no sólo se está poniendo en riesgo la vida de Hollman Morris. Por pensar diferente, se ha puesto en riesgo la vida de muchos colombianos y así no se puede construir una democracia. Ese no es el país que queremos para nuestros hijos.

 Hollman Morris. Bogotá.

Sobrevuelos

Es el colmo cómo hace unos días el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, afirmó que los sobrevuelos del domingo estaban acordados con el CICR, y hoy explica que los sobrevuelos fueron “un error de buena fe”. La responsabilidad, ahora, la adjudica al general Freddy Padilla de León, quien supuestamente fue el que tomó la decisión de realizar los sobrevuelos por “seguridad”. Creo que es importante que no pasemos por alto este hecho. Nos mienten en nuestra cara y los colombianos actúan con indiferencia; a otros, simplemente, poco les importa y hasta apoyan la actitud. Este es un acto que demerita al Gobierno y desgasta, aún más, su credibilidad. No seamos ciudadanos indiferentes ante este tipo de hechos. Este es un llamado a que exijamos respeto a nuestro derecho de información, derecho que Santos, quien fue alguna vez periodista, debería tener muy claro. Ante todo la verdad.

 Andrea Carranza. Bogotá.

El biógrafo de Gabo

Palabras más, palabras menos, Gerald Martin dice en la entrevista del viernes 6 de febrero, a propósito de su biografía sobre García Márquez, que “Colombia ha sido injusta con él, no ha entendido que es sólo un hombre ... La gente dice que él está obsesionado con el poder y de cierta manera lo está, pero no como lo perciben sino por todo lo que el poder suscita en las personas que lo detentan”. Señala que es admirable que no haya abandonado su proyecto de vida a pesar de su popularidad.

No hay duda de que es admirable levantarse cada mañana para pelear con la palabra esquiva, insistir en traerla a pesar de que tiene alas y se va y retorcerla o acariciarla en una lucha a muerte para que exprese ideas y sentimientos. Es admirable, mientras afuera llueve en Macondo. Sin embargo, su ausencia se siente para hablar sobre tantas cosas que pasan en este país en donde zumban los adjetivos intolerantes y las armas. Yo lo hubiera querido ver aquí hablando, más allá del círculo estrecho que se enorgullece de su amistad. Hubiera querido que se manifestara con la misma claridad de sus libros para señalarnos el camino. A lo mejor, García Márquez se perdió para los colombianos en medio de la hojarasca. Se perdió también para contribuir a que los seres humanos tengamos una segunda oportunidad sobre la tierra.

 María Victoria Gómez. Barranquilla.

Envíe sus cartas a [email protected].

 

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