¿Necesito más ropa?

‘Slow fashion’, o moda lenta, es la tendencia  que busca desacelerar las dinámicas de consumo de prendas de vestir. En promedio, las mujeres compran 34 piezas al año.

Esa práctica tan arraigada entre las familias colombianas, esa que han tenido que padecer, generación tras generación, todos los hermanos menores de heredar la ropa de los mayores y utilizar así en sus máximas posibilidades unos jeans a los que se les sube y baja una y otra vez el ruedo, hasta que la evidencia del tiempo es ya innegable, es una práctica que se ha convertido en uno de los principios de un movimiento contracultural cuyo objetivo es que se consuma ropa con más conciencia: el slow fashion o moda lenta.

Heredar ropa, intercambiarla con amigos, ir a las tiendas de segunda mano o comprar menos, pero de más calidad, son algunas de las alternativas que cada vez más gente en el mundo prueba para disminuir cifras tormentosas como las que advierte Marsha Dickson, del Departamento de Moda de la Universidad de Delaware, en Estados Unidos: “Mientras en 1997 las mujeres compraban 19 prendas al año, en 2007 se compraron en promedio 34.

Ahora, un jean, que es creado para tener una vida útil de diez años, es desechado en menos de uno. Además, en antaño las tiendas masivas cambiaban entre cuatro y seis veces las temporadas anuales, pero en la última década la tendencia  es a cambiarlas 15 veces, ¿qué costos tiene esta demanda enloquecida de ropa para los trabajadores, las empresas y el medio ambiente?”, pregunta la académica de visita en Cartagena en el Congreso Ixelmoda. “¿Por qué compramos tanta ropa? ¿qué vamos a hacer con los 34 kilos de basura de ropa que generan en promedio cada uno de los habitantes del planeta?”, replica preocupada la académica.

La moda lenta se inspira en el movimiento slow food (comida lenta), creado por el italiano Carlo Petrini en 1986. Una apuesta por el consumo de comida orgánica que respete los ciclos naturales de la agricultura y que sea cuidadoso de las tradiciones gastronómicas de cada cultura, en contraposición a la estandarización de chips y hamburguesas.

El slow fashion, en la misma vía, exalta la apuesta de algunos diseñadores por los procesos manuales, que retoman técnicas ancestrales y que optan por la calidad y no la cantidad. “Mi percepción de la moda es lenta, cuidadosa, artística, constructiva, encaminada a producir objetos únicos, no replicados inconscientemente. El tiempo es sabio y tenerlo como aliado es maravilloso”, asegura la diseñadora colombiana Juliana Correa, dueña de la marca ONA, que con sus estampados manuales y sus telas arrugadas es una de las abanderadas del movimiento en Colombia.

La ecuación resulta simple. Si se compra ropa de muy buena calidad o con un gran valor agregado (artesanal, materiales orgánicos) es probable que esa blusa o ese pantalón sobrevivan a las estaciones y permanezcan más tiempo en el armario. “La moda lenta  busca reasignarle importancia a la conexión material y emocional con nuestro vestido diario, con la esperanza de bajar los acelerados ciclos de consumo”, explica otra invitada al Ixelmoda de Cartagena, Francesca Granata, quien desde la Universidad de Nueva York y el Parsons Institute  ha venido pensando la moda sostenible. “De tanto hablar de materialismo en la vida moderna, la atención en lo material se ha convertido precisamente en algo ausente. La gente conserva ciertas prendas, debemos investigar qué cualidades tienen esas prendas y trasladarlas a los productos desde el inicio”, sostiene.

Si piensa que la dinámica frenética de consumo no tiene que ver nada con usted, sólo deténgase a pensar cuánta ropa ha comprado este año, cuánta de ella realmente necesitaba y cuánta ropa tiene en el clóset que sólo usó un par de días. Los que optan por una moda lenta están dispuestos a pagar un poco más. “¿Por qué la gente decide pagar más?, porque detrás de cada prenda hay trabajo de mujeres que duermen, se alimentan y viven bien”, asegura Correa, de ONA. No hay mujeres, como lo denuncia Marsha Dickson, que hacen mucha de la ropa que usamos y que estando en India o Bangladesh ganan US$37 al mes por coserle a grandes compañías. No todos están dispuestos a pagar más, pero “cada vez aparecen personas que quieren estar seguras de que detrás de la prenda que lucen no hay esclavitud, tristeza ni soledad”.

Como Juliana Correa, hay muchos más en el mundo de la moda que han preferido moverse a paso de caracol. La diseñadora italiana Susana Cianciolo, por ejemplo, pone sus exclusivos jeans a marear al sol en el techo de su casa, evitando así el uso de lejías y crea prendas sólo sobre pedido para no desperdiciar. La diseñadora japonesa Rei Kawakubo busca, por su parte, diseña prendas que se puedan usar de mil formas distintas, mientras que su coterráneo Issey Miyake inventó una técnica para usar telas tubulares que necesitan pocas costuras de modo que disminuyen el desperdicio de producto y el belga Martín Margiela ha usado costales y guantes de soldadura para, después de coserlos, convertirlos en piezas excelsas de diseño.

Así, la moda lenta busca que los tiránicos estándares de consumo que gobiernan el mercado nos den un respiro al momento de vestirnos y nos permitan pensar con una cabeza más cauta ¿acaso necesitamos más ropa?

Temas relacionados