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hace 3 horas

Liliana Rendón: dando y recibiendo bolillo

Rubia voluptuosa con lengua bien amolada, la senadora paisa que se hizo famosa negándosele a Uribe en trance de segunda reelección y defendiendo al ‘Bolillo’ anuncia retiro del Congreso.

Higuita está parado en el (m)arco de la puerta de la casa de la senadora Liliana Rendón… ¿qué hace Higuita con Rendón? Bolillo Gómez o René Higuita, ¿en qué “equipo” es que juega la senadora? René la acompañará a tomarse las comunas de Medellín. Más exactamente la comuna 13, porque algunas (como la 14, más conocida como El Poblado) están tomadas hace años por los políticos antioqueños y sus familias y sus casas y sus escoltas y sus “burbujas” y sus apartamentos de lujo.

Higuita está aquí por una combinación de genuino cariño y deseo mal ocultado de ser alcalde del municipio de Guarne, a 25 kilómetros de Medellín y a millones de kilómetros de las aspiraciones del arquero. Rendón sale de casa como un trompo que gira entre los policías que la cuidan, las dos niñas que la despiden desde la ventana del segundo piso, la asistente que saca y saca y saca y saca camisetas con propaganda del baúl de un carro y muchos pelados gomosos de su campaña, entre ellos El Pollo, un modelo paisa que tiene en el abdomen una “chocolatina” fruto de llevar pocas chocolatinas al estómago.

Rendón se monta en uno de los cuatrimotos techados que la llevarán por las lomas donde rueda todo menos la pobreza. Cuatrimotos, no; ella prefiere que los llamen buggies, porque la palabra cuatrimoto la asocia con dos apellidos que, combinados, le producen náuseas: Valencia Cossio. “Fabio Valencia”, dice, “me amenazó con que si no votaba la reelección me atenía a lo que se vendría de traicionar a Uribe y a Antioquia. No le hice caso y me la tiene jurada”. Gajes del cuatrimotismo. “Andrés Uriel”, recuerda, “una vez dijo que mi único defecto era no querer a Uribe, y hay defectos que no voy a superar nunca”.

Cuenta que está recién desempacada de una gira por municipios antioqueños como Campamento, “donde sólo voy yo”, y que ella es hija de un campesino culto de Santa Rita de Ituango. Revela algo muy íntimo: que trabajó en Formas Íntimas, negocio de ropa interior de su familia, y que Jairo, su marido, es ejecutivo de Leonisa… ¡por punta y punta! Íntimo es muy poco lo que tiene. La tenaz contendora de Sergio Fajardo y Aníbal Gaviria, la incondicional de Luis Alfredo Ramos, no se calla nada. Su boca es un carrusel constante de palabras que encuentran acomodo en los pocos rincones que deja su risa generosa, potente. Ríe mucho. Jura que se pagó la universidad vendiendo huevos de codorniz. Que en esas la vio Efraín Arce Aragón, quien la puso en la ruta de la televisión. Kepa Amuchastegui la quería para protagonizar la telenovela Detrás de un ángel, pero, puesta a escoger entre psicología, en la universidad, y las cámaras, años antes de las cámaras parlamentarias, se quedó con las clases. Escogieron a Margarita Ortega, que se hizo a un nombre con ese papel. Pero a Rendón le quedó el gusto por las historias de Historia noveladas: confiesa con más bien poca modestia que sus seguidores la llaman La Pola. Y no precisamente por los comerciales de Clarita que hizo cuando era pipiola.

En Bogotá comentan que Rendón es una mujer de mal gusto, con vocabulario de estibador y ropa de guacamaya. En la comuna 13 es una señora pudiente que se unta de pobre, que habla como habla la gente y que usa atuendos muy vistosos y alegres. Todo es cuestión de óptica. Ella, para no ir más lejos, sostiene que Luis Pérez es un tipo transparente y diligente. Promete cada tanto que Pérez aparecerá para acompañarla en las lomas. Él nunca llega. La acompaña Álvaro Vásquez, una especie de Gabriel de las Casas con diez años más a cuestas, que aprovecha cada paso con Rendón para pisarle los talones a Sergio Fajardo en la carrera por la gobernación.

Rendón se mueve con soltura de político profesional por la comuna: entra a las casas y abraza señoras; carga niños en las esquinas; prueba un sancocho, dos sancochos, tres sancochos; baila con René Higuita al son de una chirimía y pide prestado el baño en todas partes, entre otras, para renovar la gruesa capa de maquillaje que no alcanza a tragarse sus ojos claros. Y canta, afinada, con una voz de ídolo del pueblo que no venden en ninguna parte. Interpreta tangos y boleros e interpreta como un acto de mala fe la lectura que le dieron a sus palabras, en entrevista con Yamid Amat, sobre la mano dura del Bolillo: “Esa es una bogotanada a la que aquí no le ponemos cuidado. No dije lo que dicen que dije, pero que piensen lo que quieran porque, total, yo al Bolillo ni lo conozco personalmente y no sé quién era su Lewinsky”.

La acompaña un hombrecillo delgado de carnes que, megáfono en mano, les recuerda a los vecinos que no hay derecho a que, en pleno siglo XXI, vivan en casas armadas con milagros y no tengan pavimento para arrastrarse hasta el progreso. Ella aprovecha con astucia la cercanía de la prensa para mandar mensajes sutiles… ¡y ni tan sutiles!: “Yo jubilé a Juan Gómez Martínez”… “A Fajardo le vamos a ganar dos a uno”… “Yo soy el pueblo”… “Aquí no vienen los políticos porque aquí cuñaban las puertas con muertos”… “Antioquia ya no es de Uribe”. Su rollo incluye, sin comillas, los celos que le tiene Dilian Francisca Toro, la pereza que le produce Benedetti en faena de seguir mandando en el Congreso y lo mucho que le molestan las feministas, porque ella se declara femenina pero nunca feminista: “Las mujeres no podemos ser relleno, como en la ley de cuotas; no podemos ser como el comercial de Rexona: puro empaque”.

Rendón se declara católica antiabortista, pero se la ve muy cómoda con los cristianos, que son personas amables, gratas y ponen miles de votos. A Andrés Felipe Arias ya le perdonó los chats grotescos de BlackBerry para conquistarle el voto de reelección, pero no está a paz y salvo con otros alumnos del kínder electoral: “Aquí no hacemos campaña como la Parody: boleando gafas”. Y que no le vengan con cuentos oenegeros de “votaciones atípicas” cuando ella, subraya, ha dormido y comido gallina en media Antioquia.

¿Para dónde va? En este preciso momento, pasadas las 5 de la tarde, para la casa, empapada, ensopada, entelerida. En el futuro, para la Alcaldía de Medellín y para la Gobernación de Antioquia, porque al Senado no vuelve. “Ahí termino, ¿para qué más?, si a mí Bogotá me interesa lo mismo que yo le intereso a Bogotá”.