Dos estilos, un propósito

Cada año, Expovinos –la feria del Grupo Éxito– se convierte en un sitio de encuentro con destacadas figuras de la enología internacional.

/ Cristian Garavito – El Espectador
/ Cristian Garavito – El Espectador

Satisface caminar por los pasillos y encontrarse con Matías Michelini, el más revolucionario de los jóvenes enólogos argentinos, o Héctor Vergara, chileno y único Máster Sommelier latinoamericano, o José María Daroca y José Luis Lapuente, presidente y director general, respectivamente, de la denominación de origen calificada de Rioja.

Este año pude conversar con dos monstruos mendocinos, representantes de dos generaciones y un mismo propósito en el rediseño del mapa vitivinícola argentino.

Carlos Tizio, ingeniero agrónomo y máster en vitivinicultura de la Universidad de Davis (California), fue uno de los artífices del salto tecnológico y cualitativo de Argentina a partir de los años 80, cuando el país austral destinaba el 95 % de su producción al mercado interno, con vinos sin carácter. La meta era satisfacer un monumental consumo de 135 botellas por habitante al año y nada más. “Reconozco: no eran vinos atractivos, más bien simples y chatos”.

Su aporte fue vital para poner a Argentina en la ruta de la alta calidad y complejidad. Y lo seguirá siendo, pues acaba de ser nombrado presidente del Instituto Nacional de Vitivinicultura, ente máximo del sector.

Dada su investidura, le pregunté por los vinos argentinos del próximo futuro. “Serán como una composición musical, o sea, incorporarán varios cepajes para crear nuevas obras maestras”. Tizio señala que las nota musicales son sólo siete, sin embargo, con ellas puede engendrarse un desastre sonoro o dejar para la historia una sinfonía inolvidable.

El Malbec del futuro será una pieza estructural, acompañada de otras variedades como Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Syrah o Pinot Noir. Más que un sonido, será una composición.

Una diferente clase de música es la que toca Marcelo Pelleriti, enólogo jefe de bodega Monteviejo, en Vistaflores, Valle de Uco. Rockero consumado y creador de vinos memorables, Pelleriti trabaja simultáneamente en Argentina y Francia. Un vino suyo, La Violette 2010, obtuvo 100 puntos de la mítica revista Wine Advocate, convirtiéndolo así en el único suramericano capaz de lograr tal hazaña.

Su obsesión es la influencia del suelo en el vino. “Este elemento lo es todo”, dice. Y señala que los nuevos vinos argentinos definirán su carácter a partir de la composición del suelo. No se reconocerán solamente por pertenecer a una zona, sino, incluso, a pocas hileras dentro de una misma parcela. Serán como una descarga musical.

Sus maestros, dicen, trabajaban con uvas prevenientes de viñedos cuyos secretos ignoraban. Hoy él y sus colegas hacen vinos a partir de un conocimiento detallado de ese universo subterráneo donde las raíces buscan sus nutrientes.