Carolina Andújar: una escritora de otro mundo

En sus libros, la escritora caleña vuelve a sus raíces húngaras. Tras su última obra, dificultades familiares le han impedido terminar la próxima entrega de su saga de vampiros.

Carolina Andújar estudió homeopatía y es experta en psicología junguiana. / Cortesía
Carolina Andújar estudió homeopatía y es experta en psicología junguiana. / Cortesía

¿Cuál es la historia de su apellido?

La familia de mi mamá es colombiana y la de mi papá, húngara. Mis abuelos y bisabuelos inmigraron desde Hungría tras la II Guerra Mundial, justo antes de la invasión soviética. Al llegar acá se cambiaron su apellido original por Andújar, para que la gente lo pudiera pronunciar.

¿Cómo fue crecer en una familia de inmigrantes?

Mi familia era muy distinta a las otras. Ellos hablaban húngaro entre sí, tenían hábitos alimenticios diferentes y eran muy calmados. Estaban muy lejos de nuestro calor y desorden colombiano.

¿Qué enseñanzas le quedaron?

Mi familia húngara es calmada, tiene expresiones moderadas y es muy perfeccionista. Son personas que nunca se quejaron de nada. Fueron muy agradecidas con las segundas oportunidades, en especial con poder volver a empezar en este país que los recibió.

¿Cómo influenció su familia su trabajo como escritora?

Me hizo querer buscar mis raíces más allá de lo que conocí a través de mi entorno familiar. Quise adentrarme más en las leyendas y la mitología de Europa Oriental. Me influyó mucho porque también implica formas diferentes de sentir. Trato de encontrar esa parte de mí que no pude experimentar por haber crecido en este entorno, a través del arte y la literatura.

¿Habla húngaro?

No. A duras penas sé pronunciar algunas palabras porque mi padre siempre nos habló en español. Fui a Hungría cuando recién había acabado la ocupación soviética. Todavía se sentían esos dejos del comunismo. Había un sentimiento muy melancólico y pude conocer a mis primas a quienes no había podido ver por la cortina de hierro.

¿Cómo llegó a la escritura?

Escribí mucho desde pequeña. En el colegio, cuando estaba aburrida, prefería escribir lo que estaba pensando en lugar de tomar apuntes. También me gustaba leer novelas en clase en una forma muy adolescente de reaccionar a la educación en esos momentos. Se fue volviendo un hábito. Cuando empecé a viajar, me gustaba escribir crónicas para mis parientes.

¿Por qué decidió escribir sobre sirenas en su último libro?

Siempre quise escribir una historia muy miedosa con sirenas. Al igual que con los vampiros no me acerqué al arquetipo desde su lado luminoso, sino en su faceta oscura. Para mí, las sirenas de entrada son perversas. Combiné historias que había escuchado en Indonesia con la intención de La sirenita de Andersen y me interesó darle un giro positivo a ese arquetipo negativo.

¿Cómo va el próximo libro de su saga de vampiros?

Iba muy bien. Estaba muy encarretada escribiendo, pero por problemas de salud de mi mamá, no he podido tener concentración en absoluto. Para escribir necesito soledad, concentración, aislamiento y paz espiritual y últimamente no he tenido ninguna.

¿Le gustaría llevar sus novelas al cine?

Me encantaría, pero soy más novelista que guionista. Siento que me queda faltando magia cuando escribo para cine. No lo disfruto de la misma forma, porque no puedo profundizar. No me he puesto en la tarea de adaptar mis libros para cine porque, muy perezosamente, estaba esperando que se tradujeran al inglés y una productora se interesara e hiciera la adaptación.

¿Cuál es su consejo para quienes quieran escribir?

Que lo hagan pensando en la publicación para que no se les marchite su espíritu creativo. Deben procurar hacerlo por placer y para contar una historia que los apasione como lectores; hay que escribir la historia que les gustaría leer. También es importante no mostrarla antes de terminarla para no perder el impulso.

¿Cómo se imagina en unos años?

Soy pésima para proyectarme a futuro. Siempre estoy centrada en el presente y tengo muy pocos planes, excepto los que involucran escribir mi próximo libro. Espero seguir escribiendo novelas que les gusten a los lectores. Es algo que hago con pasión y si me aburro seguro dejaré de hacerlo y me pondré a servir tintos o a enseñar inglés.

¿Qué no le puede faltar a un buen libro?

El ritmo me parece vital. Me gustan los libros históricos que tengan mitología y, así sean serios, tengan sentido del humor. También me gusta que el autor sea reflexivo sin ser cursi. El deseo de contar una historia se siente mucho y es muy evidente cuando tomo un libro.

¿Le gusta Stephen King?

Me gusta leerlo y me da mucho mal genio que digan que no es buen escritor. Las metáforas más lindas que he leído son de él. Hay una que dice algo así como “allí estaba venus ocultándose en el escote del cielo”. Se la saco en cara a todos los que dicen que no escribe buena literatura. El hombre es regio.

¿Qué otro escritor recomendaría?

Me gusta mucho Sándor Marái, el de La mujer justa. Tiene reflexiones brillantes y un sentimiento muy húngaro que agobia, genera angustia y nostalgia. No es un escritor cómodo de leer, pero creo que es un escritor que hace reflexionar sobre cosas muy únicas.

 

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