Por: Marcos Peckel

Desafíos de Duque en política exterior

Sobre el escritorio del presidente electo de Colombia, además de los complejos temas de la agenda interna, aparecen múltiples desafíos en política exterior que tienen implicaciones de hondo calado para el país. En seguida los más apremiantes.

Venezuela constituye un desafío colosal en política exterior para nuestro país. El presidente electo ha manifestado su intención de denunciar a Maduro ante la Corte Penal Internacional —CPI—, lo cual obligaría a la fiscal a abrir una investigación de oficio. ¿Cómo reaccionaría Miraflores ante lo que consideraría una acción hostil de Bogotá? Los peligros de una Venezuela colapsada y un régimen acorralado y dividido, que ya se manifiestan en los centenares de miles de refugiados y un deterioro significativo en la seguridad fronteriza por la falta de colaboración entre las autoridades de ambos países, podrían escalar dramáticamente a una confrontación.

La agenda de las relaciones con Estados Unidos se está narcotizando por el crecimiento desbordado de los cultivos ilícitos. El sistema de sustitución manual no es creíble en Washington y hay presiones para reanudar la aspersión aérea. Un desafío del presidente Duque es encontrar canales de acceso directos con la administración Trump que ha enviado a la banca a la diplomacia tradicional y al Departamento de Estado. El acceso personalizado al mandatario a través de amigos y allegados parece ser la receta. Israel y Arabia Saudita han sido particularmente exitosos en ese terreno.

En el litigio con Nicaragua en la Corte Internacional de Justicia, Duque recibe un paquete cargado en momentos en que el régimen Ortega/Murillo lucha por su vida matando opositores en las calles. Están en juego la plataforma marítima de Colombia y los derechos de los raizales.

Duque ha hecho múltiples referencias a la diplomacia multilateral. Unasur hace rato es un cadáver insepulto. Colombia junto con otros cinco países suspendieron su membresía en ese embeleco lulo-chavista y falta sólo el retiro formal al que Duque ha hecho alusión. Situación similar podría darse con Celac, otro invento de Lula y Chávez que para poco ha servido más allá de darles oxígeno a Castro y Maduro. El Grupo de Lima, apoyado por Duque, es una bocanada de aire fresco en el rancio escenario regional.

Por otro lado, la Alianza del Pacífico es la estrella que brilla en el firmamento multilateral latinoamericano, y Colombia como fundador debe fortalecerla para promover sus intereses en comercio e inversión. La lucha contra la corrupción, bandera del presidente electo, a la luz del escándalo de Odebrecht, requiere acción concertada de la comunidad internacional similar a la que se lleva a cabo contra el terrorismo y el crimen organizado.

Una de las prioridades del programa de gobierno del presidente electo es la innovación y el emprendimiento, la llamada cuarta revolución industrial. Alianzas con países líderes como Israel, Finlandia, Suecia, Singapur y otros pueden ayudar a crear el ecosistema necesario para desarrollarlos.

Una paella completa en política exterior para el joven presidente.

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