Por: Hernando Roa Suárez
Construir democracia

La oficina del presidente: reflexiones iniciales (I)

El presidente de la República necesita un equipo de pensadores, asesores y tecnócratas de reflexión profunda, altamente capacitados en la toma de decisiones, que le permitan ejercer sus funciones con eficiencia y eficacia[1].

Notas introductorias. Estamos en pleno proceso de empalme y conocedores de la complejidad del proceso político y la composición de la coalición gobernante, a partir del 7 de agosto, tengamos en cuenta  que la situación que debe asumir el presidente Duque no es fácil. El 2018, posee características diferentes  a las del 2014, comenzando por: las tres fuerzas principales que integran los grupos políticos; las características de la oposición; y el estatuto que se ha aprobado para su ejercicio.

Si analizamos cuidadosamente indicadores básicos de las variables económica, política, social, cultural y ambiental de la Nación, encontramos que las diferencias existentes -en torno a la inequidad- persisten. Complementariamente, la aplicación continuada del modelo neoliberal ha producido un inmenso daño en nuestro país, siendo hoy claro que los ricos son más ricos y los pobres son más pobres, con todas las consecuencias que de allí se derivan.  Conocemos que en los últimos años, se han presentado ciertas capilaridades especialmente, en relación con los estratos medios y bajos de la población, pero, las iniquidades hirientes, se mantienen.

Ahora bien, uno de los temas actuales de la política y de la ciencia política, es la comprensión de la organización  y el funcionamiento de las Oficinas de los presidentes y de los primeros ministros. Pensando en ello, notemos que existen importantes diferencias en torno al proceso de la toma de las decisiones; también, que las etiologías, naturalezas, evoluciones, experiencias y los respectivos procesos de modernización, han sido diversos.

Son objetivos de la presente columna: i.- Contribuir a la comprensión de una problemática fundamental para el régimen presidencial colombiano, el funcionamiento de  la Presidencia de la República y los ciudadanos. ii.- Presentar aspectos significativos de las funciones que debe cumplir la Oficina del Presidente, con visión de mediano y largo plazo. iii.- Facilitar la integración del equipo de reflexión profunda que debe asesorar la gestión del Primer mandatario; y iv.- Propiciar la comprensión de las relaciones entre gobernar y comunicar.

Importancia del tema. Al realizar un análisis comparado de las decisiones de autoridad contemporáneas, que se toman en el interior de los gobiernos de EEUU, China, Rusia, Francia, Inglaterra, España, Turquía, Japón, Venezuela, Brasil y Chile, por ejemplo, encontramos organigramas, procedimientos y mecanismos con diversos grados de complejidad. Así mismo, es notable cómo, gracias a la tecnología comunicativa y a las globalizaciones de los últimos veinte años, las Oficinas de los Presidentes o de los Primeros Ministros, a las que me he referido, se han actualizado y fortalecido. Según la realidad, es evidente que la magnitud de los problemas que el Presidente de Colombia tiene que resolver, es inmensa. Pienso que si se quiere acertar históricamente, no bastan su inteligencia, consagración, capacidad de trabajo y liderazgo. Me inclino a pensar que debe hacerse acompañar de un equipo tecno-político-académico e investigativo de pensadores, asesores y tecnócratas de reflexión profunda y con capacidad de ejecución política.

Conceptualizaciones. Para abordar el tema propuesto, consideró útil ocuparnos de  cinco básicas, que permiten comprender la perspectiva democrática que subyace en los planteamientos enunciados a lo largo del artículo. Estudiémoslas:

Ciencia política: La entiendo como la disciplina social que se ocupa del estudio sistemático del Estado; de la problemática de la legitimidad; de la estructura del poder; de la composición de las clases y estratos sociales; de la organización de los partidos políticos y movimientos sociales; de los procesos electorales; del funcionamiento de los grupos de presión; del proceso de la toma de decisiones, de la problemática del liderazgo; de la paz y la solución de conflictos; y de la gobernabilidad, en espacios y tiempos determinados[2].

La Oficina del Presidente: Es la dependencia de la Nación que tiene por objeto racionalizar y organizar la toma de decisiones, provenientes tanto del sistema político nacional como del internacional, y que deben ser objeto de definición por parte de la Primera autoridad administrativa de Colombia[3] .

Gobernabilidad democrática: Es la capacidad del sistema  político para ejecutar políticas públicas, dirigidas a la realización de un proyecto que permita: i.- La satisfacción de las necesidades fundamentales de la mayoría de la población. ii.- Asegure la estabilidad de un orden político democrático. iii.- Facilite la comunicación ética entre los gobernantes y los gobernados; y iv.- Organice una gestión eficiente y eficaz[4] .

Líder político democrático: Es un ciudadano (a), conductor (a) o jefe que, con prestigio intelectual y humano, asume un proyecto histórico capaz de generar seguidores organizados y comprometidos democráticamente con su causa, para el ejercicio del poder. Es una persona reconocida por su capacidad de mando y ejecución, que está identificada con el proyecto político que impulsa y desarrolla históricamente [5].

El prestigio intelectual es la capacidad demostrada y reconocida para estudiar, comprender, reflexionar y aportar creativamente a la solución de los problemas. Y el prestigio social está dado por la habilidad del líder para acercarse a la comunidad; conocer las necesidades sentidas y las esperanzas de los seguidores; y canalizar sus intereses sirviéndoles y empleando sus conocimientos en beneficio de los más necesitados y pobres; es el reconocimiento a la solidaridad del líder.

Los asesores de reflexión profunda. Son        profesionales que, capacitados al más alto nivel, integrados en equipo de trabajo, identificados con las orientaciones fundamentales del gobierno y, sin protagonismos individuales, producen información y conocimiento confiables para el proceso de la toma de decisiones del Presidente,  sus ministros y los jefes de los departamentos administrativos.

Funciones de la Oficina del Presidente. Dentro de ellas podemos destacar: i.- Categorizar las decisiones que acceden al Despacho presidencial y establecer protocolos que garanticen su calidad. ii.- Diseñar, en coordinación con las instituciones respectivas, el manejo del Sistema de Inteligencia y Seguridad del Estado (SIS).

iii.- Presentar, en coordinación con el Departamento Nacional de Planeación (DNP), los informes técnicos sobre la formulación, implementación y evaluación de las políticas públicas, con sus correspondientes planes, programas y proyectos [6]. iv.- Sistematizar la labor ministerial e interministerial con la Presidencia de la República. v.- Organizar la Oficina de Comunicaciones de la Presidencia, al más alto nivel tecnológico y profesional, facilitando la comunicación entre el Jefe de Estado y el sistema político nacional e internacional.

A manera de ejemplo, resulta aleccionante que, a lo largo de los dos períodos gubernamentales del Presidente Santos (2010 – 18), y a pesar de haber obtenido éxitos nacionales e internacionales significantes, no hubieran ido acompañados de una información sistemática que permitiera retroalimentar -a la mayoría de la población- sobre la importancia real de los logros alcanzados, acrecentando su prestigio y gobernabilidad.

roasuarez@yahoo.com 

*Miembro de: La paz querida.

Referencias

[1] Los presentes aportes son aplicables también a las Oficinas de los Primeros Ministros, en los regímenes semipresidenciales (Francia) o parlamentarios (Inglaterra). Igualmente para las Oficinas de los gobernadores y de los alcaldes de grandes ciudades, realizando los ajustes pertinentes.

[2] Véase: Roa Suárez Hernando. (2016). La política: Arte y ciencia. 2da. Edición. Talleres Gráficos gs. Bogotá, pp 19 - 25

[3] Véase del autor y otros: LA OFICINA DEL PRESIDENTE. Análisis de Casos. (1997). Esap-Hurtado y Urbina. Bogotá. pp 19-21; 111 – 115.

[4] Véase: Roa Suárez Hernando (2011). LA GOBERNABILIDAD, HOY. Aportes a un debate. Javeriana – Ibáñez. Bogotá, pp 87 – 96.

[5] Véase: Roa Suárez Hernando. Liderazgo político democrático. 5ta. Edición. (2018). Academia Colombiana de Jurisprudencia. Bogotá, pp 23 – 64.

[6] En esta labor puede ser muy útil el papel que desarrolle la Escuela de Alto Gobierno de la Escuela Superior de Administración Pública, si se dirige apropiadamente.

 

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