Por: Mario Morales
El país de las maravillas

No cambiamos

No es un detalle menor que Mockus se haya bajado los pantalones en el Congreso; su gesto pacífico, pero con el mismo contenido de rebeldía que hace 25 años, es una solicitud desesperada en busca del mínimo respeto que merece el otro: ser escuchado como una forma de ser visibilizado en el lugar donde supuestamente están representadas todas las voces ciudadanas.

Es un acto potente de protesta contra una de las simientes de la violencia y la segregación en este país de sordos intencionados; de gritones que se desahogan con el desafuero para zaherir y luego se desconectan para proferir una ofensa mayor, la de no escuchar y negar la existencia de la diferencia, el disenso y la pluralidad.

Quedarse con la provocación esgrimiendo pretendidas motivaciones morales es jugar a la hipocresía que está tatuada en nuestras señas de identidad y deja a la vista la inversión de los valores éticos de esta sociedad apegada a las formas que naufraga en su levedad.

El problema no es que lo haya repetido, lo grave es que no hemos cambiado nada desde la misma representación en la Universidad Nacional. Seguimos igual de pacatos.

Inquieta que sigan sin entenderlo, pero más aún, que haya sectores de la sociedad que no lo soporten. Su figura frágil los saca de quicio, como decían las abuelas. Por eso lo quieren fuera.

No son gratuitas las batallas legales, que no cesan, para dejarlo sin curul, como las que ya comenzaron para imponerle una sanción. Ya lo habían intentado descalificándolo, como cuando el senador Uribe lo trató de manera inmisericorde de “caballo discapacitado”.

Mockus encarna el poder simbólico que subvierte y cuestiona. Cumple la función paterna, al decir de Lacan, de transmitir la ley desde el otro. Representa la otra cara del padre que esta nación no termina de tener y que se opone a la figura autoritaria, y a quienes le siguen, del dedo señalador, la fusta, el grito, el oído sordo y la mano en el cinturón que está en el imaginario de todos nuestros desencuentros y de todas las violencias.

www.mariomorales.info y @marioemorales

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