Por: Mario Morales
El país de las maravillas

La verdad en vilo

Nada de lo que haga el uribismo podrá cambiar la narrativa de paz que construyó el Gobierno Santos. Ni la retahíla en redes sociales del senador que funge como consueta, ni los avisos de página completa publicados en diarios nacionales, ni los blogs fletados para permear con mentiras el ambiente de opinión podrán ocultar el innegable paso hacia el futuro que esta sociedad dio con el acuerdo que desarmó la guerrilla.

No es sino escuchar a la misma Marta Lucía Ramírez frente a esa verdad de perogrullo. Más que una equivocación sería una estupidez desandar esos pasos. Pero la fuerza que tiene ese relato, que se irá acrecentando con el tiempo, no la tienen otros factores preponderantes en los ocho años que terminaron ayer.

La avanzada de Uribe y compañía no iba, no va contra la sola imagen de Santos, elevado a sus altares, donde lo necesitan, como su traidor y antihéroe. Tampoco para hacer un corte de cuentas y barajar de nuevo. Sus ráfagas cotidianas apuntan a diluir esos dos períodos en la bruma de epítetos y equívocos que los hagan percibir como un paréntesis (innecesario y fallido) entre los gobiernos de la primera década y el que comienza.

De la misma manera que Uribe se defiende —no para evitar la cárcel, sino para mantener vigente su imaginario mesiánico y megalomaníaco—, la intención de hacer trizas el legado de Santos tiene que ver con la idea de reconfigurar o reinventar una narrativa —así esté alejada de los hechos y su fortín sea la opinión desmesurada— que les garantice la permanencia en el poder y en la historia.

Está claro que la retoma del gobierno era una fase. Ya lo repetía, obviando el lapsus, Iván Duque en El Tiempo del domingo: “corregir el pasado para construir el futuro”. Del pasado se aprende, pero no se corrige porque ya está escrito.

De la misma manera, la presión de fuerzas oscuras contra la Comisión de la Verdad o contra el periodismo busca imponer su versión de los hechos y contar, a su manera, lo reciente y lo presente. Está en juego la verdad que conocerán las próximas generaciones.

www.mariomorales.info y @marioemorales

 

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