El atlas de habla popular más grande de América Latina es colombiano

El Instituto Caro y Cuervo publica la versión digital y gratuita del Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia, el documento sobre habla popular más completo de Latinoamérica, tras treinta años en el olvido.

Años cincuenta en Jardín, AntioquiaCortesía Instituto Caro y Cuervo

Once y cincuenta minutos de la mañana en la cantina de don Julio Jota Zábala, natural de Remedios, Antioquia. El señor Feliciano Castrillón viste sombrero de caña flecha, camisa, pantaloncillo, pantalón y abarcas. Es bastante moreno, quizás curtido por el sol, y muy fornido.  Es difícil encontrar aquí en la parte urbana de Caucasia habitantes que sean nativos del municipio habíamos indicado anteriormente que casi todos los pobladores son de distintas partes de Antioquia, y bastantes de la Costa. ¿De dónde es?

-De la Guajira, de Uribia.

¿Hace bastante tiempo está en Caucasia?

-Por ahí unos cinco meses larguitos

¿Y en qué trabaja?

-En lo que es la pesquería. Aquí es bueno pa’ eso. Uno se lleva el chinchorro y el anzuelo…

¿Y qué más?

-Pues la canoa, canalete, toda esa vaina ahí, lo que se necesita, lo necesario para vivir. Se necesita una rula, se necesita la piola pa´ remendar chinchorro, la rula (machete), eso, pa’ sacar bagre, bocachico, lo que llaman dorada. A veces se saca mojarra en las ciénagas. Se saca trucha, dorada, barbudo, capáz, y otros pescados ahí. Tortugas”.

Esta es la trascripción de una grabación titulada “Descripción de los tipos de peces hechas por un hombre en Caucasia”, y fue una de las conversaciones que un investigador anónimo tuvo en ese municipio antioqueño un 25 de julio de 1953 en medio de la bulla cantinera. Parece una conversación insulsa, para espantar el sopor de un día de trabajo.

En realidad es una de las miles de encuestas de 1.348 preguntas que 23 investigadores del Instituto Caro y Cuervo realizaron en 263 municipios entre 1954 y 1978, mientras recorrieron Colombia de punta a punta durante casi veinte años con la esperanza de responder esta pregunta: ¿cómo hablamos los colombianos el español?

Aunque relativamente desconocida, esta es considerada una de las tres expediciones más grandes que se hayan hecho en Colombia, junto con la Comisión Corográfica (para mapear el país) y la expedición botánica de José Celestino Mutis. 

El resultado de este trabajo fueron seis tomos gordísimos, cada uno con más de mil páginas, que publicó el Instituto en 1984, y que como la mayoría de las anécdotas y memorias de estas expediciones, se hizo polvo guardada en un cajón.

Por eso, a partir de esta semana, el Instituto Caro y Cuervo (ICC) publica la totalidad del Atlas Lingüístico-Etnográfico de Colombia, el documento más completo sobre habla popular en Latinoamérica, en versión digital, gracias al trabajo conjunto entre la línea de investigación en Lingüística de Corpus y Computacional del Instituto, y el Núcleo de Investigación en Datos Espaciales de la Universidad Distrital.

El proyecto, palabras más, palabras menos, recoge el hablado de todo el país.

“Estos atlas no se los inventó Colombia. El primer atlas de habla popular es de Francia, luego Alemania, y luego el español, hasta que el encargado tuvo que huir de la Guerra Civil. Se hizo una propuesta para que todos los países de habla hispana tuvieran uno, y nosotros fuimos los primeros en cumplir. Uruguay tiene uno, México tiene otro grande de seis tomos, y el de Venezuela es más pequeño. Este es el más grande y completo de la región”, cuenta Johnatan Bonilla, lingüista del ICC que desde 2014 –y a mano– ha pasado toda la información a una tabla de Excel, y luego a la plataforma digital que se estrena hoy. “Ahora solo estrenamos el tomo III, pero a principios de 2019 debería estar el Atlas completo”, apunta.

La mayoría de los encuestados eran analfabetos o con educación primaria y se dedicaban a ser maestros, carniceros, sepultureros, peluqueros, arrieros, alfareros, panaderas, zapateros, cantineros, poetas, vendedoras de refresco, modistas, hacedores de novenarios, pordioseros. 

Es muchísima información. Los encuestadores debían pasar por la plaza central de cada pueblo, describir de qué material estaban hechas las sillas de la iglesia, si las fondas estaban llenas o vacías, y preguntarle a cada persona cómo diría ciertas palabras. Siendo un país rural, la mayoría de palabras tienen que ver con la vida en el campo, festividades y la vida religiosa.  

Un ejemplo. Al infierno, en Colombia, le dicen: los infiernos, los profundos, Caldero gocho, cama de tormento, candela, sincho, clima caliente, culebrero, filistrín, fogón, fogón, jeén, fuego eterno, hoyo caliente, la concabida, limbo, llamas, mazmorras infernales, olla mocha, paila ardiente, de alquitrán caliente, paila del diablo, paila de Pedro Botero, fogoráz, pailón catorce, pailón dieciocho, perrúl, la quinta paila.

La lista se extiende y por mucho.

“El Atlas es etnográfico, o sea que se preocupa por la relación entre las personas, las palabras y las cosas”, apunta Bonilla. Por eso mismo, no es casualidad que palabras como “Infierno” tenga tantas variaciones, o que la palabra “morir” sea la que más maneras de decirse tenga en Colombia. Un libro de dialectología, “El léxico de la muerte en el español hablado en Colombia”, confirma esta sospecha.  

El Atlas describe desde cómo se dice “morirse” en cada lugar del país hasta las vasijas de barro, mesas, sillas de parque, hornos, vestidos, cortes de pelo, vestimenta, modos de transporte, oficios, instrumentos, material de la cuna del niño, fondas, agüeros, maneras de embrujar, y un largo etcétera.

“Hay incluso unos mapas que se ocuparon que describir la onomatopeya del sonido de las campanas de la iglesia, si tilín tilín o tolón tolón, y otro sobre la manera de decir “un huevo”, que puede ser umhuevo, unguevo, unhuevo, umwevo, y así”, cuenta Bonilla.

Un lingüista, por ejemplo, podría buscar en qué regiones del país se le dice “chuspa” a las bolsas de basura. Eventualmente, concluiría que esa palabra es isoglosa, es decir, que es propia de una región del Valle del Cauca.

La versión ochentera del Atlas incluía dos acetatos con cantos de velorio, cantos de cuna y juegos del Atlántico y del Pacífico colombiano que están digitalizados en la plataforma. Hay alabaos, chigualos y dialogados. Incluso, hay una grabación del velorio de un niño en La Boquilla (Bolívar) en donde no es claro si el encuestador puso a grabar a la cantaora o si se metió al velorio sin invitación.

Las 650 horas de grabación que estaban en los carretes que cargaron los encuestadores por todo el país fueron digitalizadas por Patrimonio Fílmico. Las personas hablan de cómo se cuidan las fincas, el proceso de recolección y procesamiento del café, cómo se pesca y dónde, cómo se cuida una casa, entre otras que también están disponibles en internet.

El próximo paso, según cuenta Bonilla, será visitar los departamentos de Amazonas, Vichada, Guainía, Vaupés y Guaviare y hacer las preguntas para incluir el habla de los paisanos, es decir, los amazónicos, en el documento más exhaustivo sobre el español colombiano. 

Puede consultar cómo hablamos los colombianos aquí, y las grabaciones sonoras aquí.