Doctora Corazón

Tres claves para la felicidad

No hay fórmulas estrictas para alcanzar ese estado de plenitud que todos buscamos; sin embargo, existen algunos caminos que podemos tomar para llegar con mayor prontitud a esa meta.

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Como coach, me interesa estudiar el amor como materia que nos acerca a la felicidad. Las personas no buscan ser multimillonarias, ni tampoco desean tener todos los días vacaciones, o una pareja que parezca extraída de la portada de una revista: los estudios confirman que lo que el ser humano desea, por encima de todas las cosas, es ser feliz.

Aunque en esa búsqueda es difícil hablar de fórmulas, considero que hay pasos que nos acercan a ese estado de plenitud; además, la felicidad también se estudia y se mide en las universidades. A mis pacientes les explico que el amor es el motor de la felicidad. Por eso, mis consultas son mucho más que charlas sobre la situación sentimental de mis pacientes.  Juntos le metemos amor a la vida, al deporte, al trabajo, a la familia, a las aficiones, al cuidado del sueño físico, a los deseos de emprendimiento, a la alimentación, a la meditación, a los amigos y a la pareja –si la tienen–. Trabajamos de la mano para que alcancen metas, manejen con acierto sus emociones y aprendan de sus errores. En ese camino, les doy estas tres claves de mi programa hacia la felicidad. 

 

1. Tener una red de amigos

El máximo de relaciones sociales que nuestro cerebro consigue mantener al mismo tiempo es 150; esta cifra se conoce como 'el número de Dunbar', en honor al biólogo evolucionista que estudió nuestras interacciones con otros. El contacto más intenso lo tenemos con un grupo que oscila entre 5 y 12 personas, que son quienes consideramos amigos. La amistad se basa en una conexión emocional y supera la distancia física. Como explica Elsa Punset: “La admiración o el deseo no bastan: la intimidad, en algún grado, es necesaria para tejer vínculos entre dos amigos”. Los contactos de redes sociales no son amigos.

Los amigos son los encargados de que nuestra película sea mejor, de contarla o completarla si nosotros no estamos. Debido a su cercanía voluntaria, pueden ser más imparciales que la familia y son nuestros biógrafos por excelencia. 

Dicen que las mujeres no pueden ser amigas de los hombres, pero esta frase no es del todo cierta. La mejor forma de tener un amigo del otro sexo para toda la vida es evitar la intimidad física. Así, sin intereses ni tensiones de por medio, se establece una amistad duradera entre ellos y ellas. 

Los amigos son esenciales para nuestra felicidad. Y nosotros somos esenciales para su felicidad. Es un gana-gana que nunca dejará de funcionar. 

Existen diferentes círculos de amigos. Los íntimos no suelen ser más de tres, pero es posible tener buenos amigos en diferentes etapas de la vida. ¿De qué depende? Del tiempo y el cuidado que les prestemos. La amistad es la primera forma de amor no familiar que tenemos y quien sabe hacer amigos y conservarlos es dueño de una mina de oro.  La deslealtad en la amistad se lee de otra forma y se perdona, según el daño recibido y el corazón que tengamos. Si perdemos muchos amigos íntimos, tal vez deberíamos preguntarnos sobre nuestra forma de entender la amistad.

 

2. ¿Trabajo para vivir o vivo para trabajar?

Tenemos que aprender a diferenciar entre un trabajo y un hobbie. Las aficiones son fundamentales en la vida y se relacionan con todo lo que hacemos por gusto, sin necesidad de remuneración y por el simple hecho de que nos brindan placer. El ideal es tener al menos tres hobbies, ya que no siempre hay cerca una cancha de baloncesto o un profesor de canto.

El trabajo, en cambio, es lo que hacemos para pagar las facturas y realizarnos como profesionales. Los mejores trabajos son los que potencian nuestros talentos. No todos los oficios son buenos, ni dignos, como dice el refrán. Los que no respetan tus valores o imponen horarios inhumanos, deberían ser considerados explotación.

El trabajo debe garantizar bienestar, crecimiento y satisfacción. Trae como consecuencia beneficios económicos, tranquilidad y nos propone una rutina  que puede ser provechosa para organizarnos. Las personas desempleadas pueden caer más fácilmente en la depresión o la apatía por la vida. Amar lo que hacemos es una de las mejores vías para ser felices, por eso deberíamos buscar otras alternativas si nos sentimos desdichados con ese lugar en el que nos encontramos la mayor parte del día. 

 

3. Fortalecer los vínculos familiares

Según la Universidad de Harvard y su estudio del desarrollo del adulto, iniciado en 1938, la familia es uno de los indicadores de felicidad más importantes.

La familia está unida por lazos de sangre que se entremezclan hasta alcanzar grupos de más de cien personas. En los últimos años, ese núcleo ha cambiado, porque el índice de divorcios ha crecido: en el 2017 se registraron 24.994 y 1.133 disoluciones maritales de hecho, según la Superintendencia de Notariado y Registro. Además, hay menos matrimonios, el número de hijos ha disminuido e, incluso, hay muchos que ya ni siquiera consideran reproducirse. Hoy se habla sin misterio de  exesposos, porque las reglas del juego han cambiado: donde había una familia, surgen dos. 

La familia es lo que nos aporta apoyo emocional y un desarrollo en medio de un ambiente de protección, respeto y valores. Es una manada. Aunque no todos los miembros piensen o sientan igual, se mueven juntos, con una jerarquía y unas normas propias. 

La familia no se cambia ni se elige, y cada una tiene sus particularidades, como el gusto por la música y la naturaleza, o el sentido del humor. 

Para una convivencia familiar más armoniosa se recomienda que la familia permanezca unida en las ocasiones importantes, se apoye con amor en las situaciones difíciles y sea entusiasta con la evolución de sus miembros. Si existen buenas relaciones entre sus miembros, estos tendrán una idea más clara de la vida. En esa medida, cuando alguno comete un error, es importante que prendan una alerta. 

No hay familias perfectas y todas, sin excepción, están en constante evolución. Lo clave es aprender a fluir. 

Las buenas relaciones con la familia, según Waldinger, nos mantienen más sanos y mucho más felices. A mí me gusta completar esta conclusión con la idea de que el núcleo familiar amplía nuestra capacidad de amar; por lo tanto, es un motor para ser más felices cada día. ¿No es eso lo que deseamos con todas nuestras fuerzas? Celebrar en familia es mucho más satisfactorio que tener 50.000 seguidores en Facebook.

 

María Pasión, la 'Doctora Corazón', atiende por consulta particular:
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