Por: Daniel Pacheco

Aprovisionamiento de miedo

En agosto de 1989 el Washington Post publicó varios artículos aterradores sobre los “bebes del crack”. En varias crónicas advirtieron sobre supuestos reportes de niños con deficiencias físicas al haber nacido de madres adictas al crack, lo que nosotros conocemos como bazuco en Colombia. El columnista Charles Krauthammer resumió así la amenaza que se cernía sobre la gente decente de EE. UU.: “La epidemia de crack en los centros urbanos está dando a luz a un nuevo horror: una bio-subclase, una generación de bebés físicamente defectuosos, con una inferioridad biológica determinada al nacer”.

Estudios posteriores concluyeron que esto era falso. Que aunque los efectos de consumir crack durante el embarazo definitivamente eran negativos para la talla y el peso de los bebés, nada parecido a los “bebes del crack” existió. Sin embargo, reportes en medios de comunicación como estos ayudaron a promover la aprobación de una ley que elevó las penas a los portadores y vendedores de crack, hasta el punto en que quien portaba un gramo de crack recibía la misma pena que quien portara 100 gramos de cocaína. Veinte años después de esta medida, los estudios de la ACLU, una ONG, muestran que el 88 % de los condenados bajo esta disparidad de penas son afrodescendientes, a pesar de que el 66 % de los consumidores de crack son blancos o hispanos.

Tal vez en 20 años, cuando los colombianos veamos nuestras cárceles aún más llenas de hombres y mujeres pobres condenados por delitos de drogas, alguien vuelva sobre la portada de la revista Semana del 9 al 16 de septiembre del 2018. Sobre un fondo negro, se dibuja el croquis del mapa de Colombia en un polvo blanco que hace alusión a la cocaína. “Sin salida”, se titula y abajo añade: “El cultivo, el consumo y el tráfico están disparados en el país”. Citando varias fuentes, el artículo de Semana muestra un aumento en el consumo de cocaína de 2008 a 2013 del 2,48 al 3,23 % sin especificar si es en el último año o último mes ni en qué población. Si uno se remite al Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas, del Minjusticia y Minsalud, en efecto esas son las cifras de consumo en la vida reportadas por cocaína. Sin embargo, entre el 2008 y el 2013, el estudio muestra que cayó el consumo de cocaína reportado en el último año del 0,71 al 0,70 %. Y en el último mes, entre 2008 y 2013, del 0,45 al 0,40 %.

No es cosa solo de Semana. El Tiempo, este domingo, titula en primera página: “El consumo se dobló en solo cinco años”. ¿El consumo de qué? No sabemos. Adentro, en el artículo, una gráfica sin fuente titulada “Así ha aumentado el consumo” muestra que el consumo de no sabemos qué pasó del 8,8 % en el 2008 al 12,2 % en el 2013. Es decir, el aumento de no sabemos qué no se dobló.

No hay duda de que el consumo de drogas en Colombia, como en todos los países en vías de desarrollo, viene aumentando. Pero hablar de un “consumo disparado” y de una alarma que necesita “medidas urgentes” no es solo un ejercicio periodístico mediocre, también es propiciar una narrativa en la que se está aprovisionando de miedo a la sociedad colombiana para que se trague las medidas represivas en temas de drogas que están por venir.

Pata: Parece que Luis Carlos Sarmiento Gutiérrez y Néstor Humberto Martínez eran los únicos que en el 2016 (cuando pactaron la devolución de pagos raros de Odebrecht al grupo Aval) no sabían que seis meses antes Marcelo Odebrecht había sido enviado a la cárcel por corrupción.

@danielpacheco

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