Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Árboles urbanos y calentamiento global

El calentamiento global está obligando a las ciudades a planificar su desarrollo de manera distinta. Las islas de calor que generan el pavimento, las construcciones, la carencia de zonas verdes y de árboles producen efectos que se amplifican por el calentamiento global. Las estructuras urbanas sin árboles y con vastas áreas pavimentadas no solo generan días más calientes, sino que, dado que estas estructuras liberan calor durante la noche, también aumentan la temperatura en las noches. La temperatura promedio en las ciudades grandes y densamente pobladas es, en promedio, seis grados más alta que en sus áreas periféricas.

Según mapas elaborados por la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos, el efecto de las islas de calor afecta de manera diferenciada a los distintos grupos sociales. Los vecindarios ricos, que normalmente tienen más árboles, jardines y parques, presentan en promedio temperaturas más bajas que las áreas de los vecindarios pobres, que los tienen en menor número y en espacios más reducidos.

En Washington, que quizá fue la primera ciudad que dibujó sus calles y zonas verdes antes de iniciar el proceso de asentamiento, ya hay preocupación y se exploran alternativas de adaptación al calentamiento global. Según el D.C. Policy Center —organización de expertos, políticamente independiente, comprometidos con el bienestar de Washington D.C.—, en la ciudad se registran muy diversos grados de calor, según la presencia y el tamaño de los árboles, y las zonas verdes en los vecindarios. Por falta de árboles y zonas verdes, las temperaturas son más altas en los vecindarios pobres, y esto hace que sus habitantes sean más vulnerables a enfermedades asociadas con calores intensos.

En este contexto, al debate generado por la tala de árboles en Bogotá hay que sumarle el efecto positivo del árbol frente al calentamiento global y las islas de calor. Un árbol de gran tamaño tiene un efecto muy distinto al de diez árboles pequeños. Esta es otra razón para plantear que si hay un plan de renovación arbórea en algunas áreas de la ciudad, se haga de manera gradual, pues los grandes árboles no solo son refugio de fauna sino reguladores de temperatura.

Excepto por el incremento en el nivel del mar en Cartagena, poco hemos reflexionado sobre el efecto del calentamiento global sobre las áreas urbanas. La disponibilidad de agua, las lluvias torrenciales, las olas de calor, los veranos intensos y el efecto de las altas temperaturas sobre los pobladores urbanos son factores que deben influir en una urgente y hasta ahora inexistente estrategia de desarrollo urbano en Colombia, donde la adaptación al cambio climático es tarea urgente. El debate generado en Bogotá nos debe llevar a un estructurado proceso de planificación urbana en todas las ciudades de Colombia.

En el contexto global, Londres es un buen ejemplo de una ciudad que planifica su adaptación al calentamiento global; también la Unión Europea está desarrollando un marco regional para sus ciudades. En Estados Unidos ciudades como Nueva Orleans y Phoenix son ejemplos de procesos adaptativos.

Iniciemos nuestro propio proceso de adaptación urbana al calentamiento global pues, entre otras razones, este es un tema de equidad y salud pública.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Ruiz Soto

Revés ambiental tributario

Transmilenio, ahora el aire cuenta

Cambio climático: implicaciones para Colombia

Reserva y pavimento

Energía solar desde la casa