20 minutos de silencio

Sisy Arias, copiloto observadora del vuelo CP-2933 de Lamia que se estrelló el 28 de noviembre en La Unión, Antioquia, era hija de un periodista boliviano. Su familia se abstiene de lanzar juicios, a pesar de que las investigaciones en Bolivia y Colombia dicen que hubo errores del piloto.

En 2016 Sisy Arias cumplió 29 años y estaba acumulando horas de vuelo para trabajar en una aerolínea comercial. / Archivo particular
En 2016 Sisy Arias cumplió 29 años y estaba acumulando horas de vuelo para trabajar en una aerolínea comercial. / Archivo particular

Suena el celular: una, dos, tres veces. La voz robótica de una mujer confirma que nadie contestó: “deje su mensaje”. Sisy Arias persiste: una, dos, “hola, mi niña”. Jorge Arias, su papá, contesta en medio del trabajo. Responde con naturalidad programada. Siente a su hija nerviosa. Hace un sol animal el lunes 28 de noviembre en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. “Te quiero, papá, estoy emocionada. En dos horas partimos hacia Colombia”, le dijo Sisy ya en el aeropuerto Viru Viru. “Me dijo que nos veríamos el sábado y yo, tan ocupado, no le presté mucha atención. Si hubiera sabido que era la última vez, le habría prestado toda la atención del mundo”.

Antes de subirse al avión, la tripulación del vuelo CP-2933 se tomó una foto debajo de la hélice izquierda de la nave. Gustavo Encina, Sisy Arias y Miguel Quiroga, vestidos de negro y blanco, se preparaban para traer a Colombia al equipo de fútbol Chapecoense, de Brasil. Arias mandó la foto recién tomada al grupo de whatsapp de su familia. Les dijo que la subiría a sus redes después de llegar a Colombia. Era su primer vuelo como piloto observador. Había estudiado aviación en Estados Unidos, pero no pudo pasar el proceso de selección en una aerolínea comercial: “En la entrevista con los sicólogos, ella confesó que era madre de dos niños y esas compañías tienen como filosofía que una persona con muchos apegos no les sirve, pues les gusta contratar gente que no tenga de qué preocuparse para que se concentre en el timón del avión”, contó su papá.

Vivía en Miami con su novio y sus dos hijos, pero regresó a Bolivia para completar sus horas de vuelo. “Necesito hacer 1.000 horas antes de buscar trabajo en una aerolínea grande. La idea es seguir con mi prometido, vivir en Santa Cruz por un año y regresar a EE.UU., porque mi novio es estadounidense. Siempre quise salir de Bolivia, siento que me quedó chico porque cuando uno tiene muchas ambiciones necesita expandirse a lugares realmente grandes. El que tiene una licencia estadounidense para pilotar puede ser contratado en cualquier parte del mundo”, dijo Arias en julio de este año.

Cuando llegó a Bolivia, los días se le hicieron lentos. En Santa Cruz de la Sierra, esa ciudad a orillas del río Piralí, desapercibida y oculta, Sisy Arias estaba atrapada. Mientras tanto, mientras aparecía un avión en el que pudiera montarse, participó en un pequeño negocio con su mamá: “Ella estaba trabajando en un proyecto familiar con su mamá y estaba muy entusiasmada. Entonces, apareció un amigo que me contactó por temas periodísticos para contarme que esta empresa (LaMia) estaba haciendo vuelos chárter y que de hecho había transportado a la selección boliviana y a la selección argentina, con todo lo que eso significa. Me dijo, también, que Messi era tan caro que el seguro del jugador era equivalente al de todos los que hicieron parte del vuelo. Según eso la empresa, esa estaba trabajando muy bien. Este trabajo coincidía con el proyecto que tenía Sisy, porque lo que ella necesitaba de momento no era dinero, sino construir sus horas de vuelo. Ese era su primer vuelo en esa línea y bueno, mira, un vuelo directo: más allá del sol. Un vuelo sin retorno”.

Según Alfredo Bocanegra, director de la Aeronáutica Civil y su secretario de seguridad aérea, coronel Freddy Bonilla, después del análisis de las cajas negras de la nave, se confirmó que el vuelo CP-2933, que se estrelló el 28 de noviembre en Cerro Gordo, en La Unión, Antioquia, sufrió una falla de combustible. El Avro RJ 85 tenía, además, un recorrido casi igual a la autonomía de vuelo del avión y por normas internacionales debe llevar combustible para llegar al aeropuerto alterno más lejano (combustible para una hora y media de vuelo por encima de la autonomía) y un excedente.

“Hubo un factor humano del controlador y el despachador en Bolivia, que aprobaron el plan de vuelo tramitado sin la autonomía y tiempo de vuelo según los estándares y limitaciones de cada vuelo”, agregó Bocanegra.

Los audios de la cabina, recogidos por la caja negra, detallan que durante varios períodos del vuelo el piloto, copiloto y Sisy Arias hacen cálculos del combustible que tienen y discuten sobre una posible parada en Leticia, aunque desisten de hacerla porque no sabían si estaba operando. En Bogotá tampoco hicieron solicitud de parada.

Los detalles del accidente se han ido revelando de a pocos: la tortura para la familia ha sido lenta y profunda. Las fotos y los titulares. Los señalamientos, las condenas. Ayer, sin embargo, la Aeronáutica Civil reveló el que podría ser uno de los detalles más importantes. A pesar de tener información de falta de combustible, el piloto sólo hizo los reportes dos minutos del impacto.

“Como familia no nos queda espacio para echarle la culpa a nadie. Tenemos una idea clara de lo que pasó, pero no estamos por encima de Dios: solo somos pequeños mortales que no tienen derecho de buscar culpables o lanzar juicios. ¿De qué valdría? Pasó”, cuenta Jorge Arias.

“La aeronave tiene un sistema de alarma audible y visual que se activa y le notifica que está con poco combustible. Según el manual de la aeronave, cuando la alarma se activa es porque queda un promedio de 20 minutos de vuelo pero el reporte no se hizo”, dijo el coronel Bonilla.

¿Qué pasó en esos 20 minutos? ¿Qué habría pensado Sisy mientras estaba parada al borde de la última ceja del abismo? Nada. No hay nada.

Lo único que queda es el Facebook de Jorge, su papá, lleno de fotos de ella. Canciones de amor, mensajes de tristeza. Entonces no queda mucho. “Cómo no extrañarte... cómo no seguir esperándote. Te amo, mi reinita. Estás más allá del dolor”.