Adiós al padre del éxtasis

Esta semana, a los 88 años, falleció el químico que revolucionó las drogas sintéticas.

Tras padecer un cáncer de hígado, Shulgin falleció el 2 de junio. / AFP

“Todos tenemos que morir de algo”, decía habitualmente el químico y farmacólogo estadounidense Alexander Shulgin. Sasha, para los amigos. A lo largo de su vida, según sus propias cuentas, sintetizó más de 200 nuevas drogas psicodélicas, que experimentó consigo mismo para pegarse unos 4.000 viajes interiores llenos de amor, felicidad y placer artificiales. Apenas tuvo un puñado de malas experiencias y, finalmente, murió el 2 de junio a la edad de 88 años, por un cáncer de hígado.

Para muchos Shulgin merece pasar a la historia de la ciencia. Falleció en su casa laboratorio, situada en una colina cercana a la Bahía de San Francisco y rodeada de cactus alucinógenos. Allí, durante casi medio siglo, sintetizó dos centenares de nuevas drogas de diseño para estimular la mente, las sensaciones amorosas y el sexo. Su legado científico permanece en dos obras monumentales, escritas a medias con Ann, su mujer: Feniletilaminas que he probado y amado: una historia de amor química y Triptaminas que he probado y amado: la continuación. En ambos libros, de un millar de páginas cada uno, los Shulgin narran su peculiar amor químico con un tono metafísico y, además, dan instrucciones para producir las diferentes drogas. Son libros de recetas. “Es ciencia de la buena”, en palabras de Bradley Lenz, historiador de la farmacología de la Universidad de Wisconsin (EE.UU.).

Sin embargo, Shulgin no ha pasado a la historia por ninguna de las sustancias creadas en su laboratorio, sino por redescubrir un fármaco originalmente sintetizado como potencial coagulante de la sangre y patentado en 1912 por la farmacéutica Merck: la 3,4-metilenodioximetanfetamina, hoy conocida en las discotecas de todo el mundo como MDMA o éxtasis.

Libertad para investigar

El MDMA nunca llegó a utilizarse como coagulante. Su patente se perdió en el olvido hasta que en 1976 Shulgin puso sus ojos en la molécula. Por entonces, prácticamente, el químico se dedicaba tiempo completo a buscar drogas de diseño. En 1961, la multinacional para la que trabajaba, Dow Chemical, le había premiado por desarrollar el primer pesticida biodegradable, el zectran, que fue una máquina de ganar dinero. Su recompensa fue la libertad para investigar lo que quisiera. Así empezó a intentar fabricar llaves que abrieran las puertas de la mente, publicando sus resultados incluso en revistas científicas de primer nivel, como Nature.

Sin embargo, a mediados de 1960, la prensa se llenó de noticias sobre el abuso de drogas en las calles y Dow Chemical empezó a temer que trascendieran las investigaciones de Shulgin en sus laboratorios, así que el químico fue empujado a abandonar la compañía. Pero continuó buscando drogas del amor en su casa de San Francisco, ganándose la vida como asesor y profesor en las universidades locales. Así, en 1976, leyendo un trabajo de una estudiante de química medicinal de la Universidad Estatal de San Francisco, observó el potencial del MDMA. Hoy, la sustancia es consumida por entre 10 y 28 millones de personas cada año, según el Informe Mundial sobre Drogas de Naciones Unidas.

Los efectos del MDMA los resumía la farmacóloga María Isabel Colado, de la Universidad Complutense de Madrid, en un artículo de 2008. “Aumenta la empatía, produce apertura emocional, reduce los pensamientos negativos, disminuye las inhibiciones, incrementa la actividad psicomotora, produce logorrea (un aumento de la locuacidad), facilita la comunicación, genera insomnio y aumenta el estado de alerta”.

Sin financiación

Investigadores de todo el mundo creen que las virtudes del MDMA podrían tener un potencial terapéutico. Algunos se agrupan en torno a la Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos (MAPS), una organización sin ánimo de lucro que financia investigaciones científicas sobre los posibles usos médicos de las drogas psicodélicas y la marihuana. Creen, como postuló el psiquiatra Stanislav Grof, que el MDMA y el LSD “podrían significar para la psiquiatría y la psicología lo mismo que el microscopio para la biología”.

La asociación presentó el año pasado los resultados de un estudio sobre el uso del MDMA para paliar los síntomas del trastorno por estrés postraumático, el trastorno que sufren muchos veteranos de guerra, supervivientes de grandes catástrofes naturales o testigos de la muerte violenta de algún familiar. El estudio, elaborado con 16 afectados para los que no funcionaban los tratamientos habituales, mostró “beneficios significativos en el alivio de los síntomas” tras más de un año y medio de tratamiento con éxtasis. 

Problemas en ratas y monos

Sin embargo, no todo es amor en el mundo del MDMA. “El consumo humano de este compuesto es preocupante, debido a que estudios procedentes de diversos laboratorios han demostrado que es tóxico para el sistema nervioso central de diversas especies animales”, explica Colado en su artículo, publicado en la revista Trastornos Adictivos. La farmacóloga recuerda que se ha detectado, en cerebros de ratas y monos, una degeneración de las neuronas que producen serotonina, una sustancia química implicada en la regulación del deseo sexual, la ansiedad, la agresividad y la depresión. Para Colado, este daño neuronal podría contribuir a la pérdida de memoria observada en los consumidores habituales de MDMA, así como a la disminución de su capacidad de aprendizaje.

Este debate recuerda un poco las palabras del propio Sasha Shulgin en su libro Feniletilaminas que he probado y amado: “Utilízalas con cuidado y con respeto a las transformaciones que pueden lograr y tendrás una extraordinaria herramienta de investigación. Vete a darlo todo un sábado por la noche con una droga psicodélica y puedes acabar en muy mal lugar, psicológicamente hablando. Conoce lo que tomas, decide por qué lo tomas y podrás vivir una experiencia enriquecedora. No son adictivas y tampoco sirven para escapar, pero son herramientas extraordinariamente valiosas para la comprensión de la mente humana y cómo funciona”.

 

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