“Alguien que abuse de otro no es ejemplo de sanidad mental”

El psiquiatra Carlos Gómez Restrepo explica en qué consisten los desórdenes emocionales del abusador sexual, de la persona abusada y del acosador laboral.

El psiquiatra especialista en psicoanálisis Carlos Gómez Restrepo, profesor titular y director de un departamento de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana, explica en qué consisten los desórdenes emocionales del abusador sexual, de la persona abusada y del acosador laboral. “La necesidad de tener o de demostrar poder sobre los otros, en general sobre las mujeres”, es una de las características más comunes de los victimarios, asegura.

El individuo a quien se define como abusador, ¿padece alguna anormalidad de personalidad o simplemente es alguien con “carácter exigente”?

En principio es difícil pensar, a partir de la psiquiatría, la psicología y el psicoanálisis, que alguien que abuse de otro sea un ejemplo de sanidad mental. La mayoría de las personas con conductas de abuso presentan trastornos mentales subyacentes o, por lo menos, problemas emocionales que ameritarían ciertas intervenciones de los especialistas. Ahora, respecto de los abusadores sexuales, no se ha descrito un cuadro psicopatológico totalmente definido, si bien en muchos se evidencian alteraciones graves de personalidad. Asimismo, unos estudios referencian ciertas características en ellos: falta de empatía, hostilidad, impulsividad, suspicacia, celotipia, variaciones rápidas del afecto, tendencia a la dominación, al control, a la manipulación, dificultades para expresar emociones y necesidad de tener o de mostrar poder sobre los otros, en general sobre las mujeres.

Exactamente, ¿a qué llaman ustedes, los especialistas, “abuso sexual”, “abusador” y “abusado”?

Denominamos abuso a cualquier tipo de actividad sexual entre dos o más personas sin el consentimiento de una de ellas. El abusador es aquel que se aprovecha de otra persona, que llamaríamos abusada, la cual, habitualmente, es amenazada, se encuentra en posición de indefensión o de inferioridad, no comprende el acto sexual o presenta un trastorno de conciencia al estar bajo los efectos de alguna sustancia alcohólica o psicoactiva.

Cuando usted dice: “sin el consentimiento de alguna de ellas”, esta afirmación parece clara, pero tiene matices. Por ejemplo, ¿si una de las dos personas involucradas en el acto sexual “consiente” por temor, por ejemplo, de que le quiten el empleo en caso de no acceder, se considera abusada o no, siendo que “aceptó”, así fuera bajo coacción?

La aceptación por temor a perder algo indica coacción, como usted dice. En este sentido, es abuso, a pesar de que parezca que hay consentimiento. En las relaciones sexuales no deben existir conductas que vayan en contra de los principios y deseos de uno de los involucrados.

Entiendo, pero si no hay rechazo total inicial, ¿por qué las víctimas se sienten abusadas?

Porque han sido violentadas, intimidadas y llevadas por un miedo que les impide resistirse. En este caso, es totalmente comprensible que se sientan abusadas. En otros casos, pueden tener intereses que les impidan también resistirse, como amenazas, ascensos laborales, logros en el campo profesional, sensación de poder, etc.

¿Cuáles son las diferencias y similitudes entre los conceptos y los efectos del acoso y del abuso?

Existen algunas diferencias técnicas desde la perspectiva médica psiquiátrica, de un lado, y desde la óptica legal, del otro. En general, el acoso sexual se relaciona con una serie de conductas repetidas y habitualmente caracterizadas por insinuaciones, solicitud de favores sexuales, conductas verbales o preverbales (como gestos obscenos e insinuaciones mediante lenguaje gestual), dirigidas a una persona sin su consentimiento. El abuso sexual se refiere no sólo a insinuaciones sino a actividades explicitadas. Suele haber una línea continua entre uno y otro fenómeno, a veces difícil de delimitar.

La tendencia a abusar de las demás personas en cualquier área de las relaciones humanas, ¿nace con quien la practica o se aprende en el entorno familiar y social?

En las teorías que existen sobre los abusadores se contemplan diversas etiologías o causas. Algunas de ellas se refieren a factores genéticos; otras enfatizan en elementos asociados a la crianza y vivencias durante la primera infancia; unas más se apoyan en el entorno familiar o social, en teorías de poder o en la presencia de diversos factores simultáneamente, es decir, una multicausalidad. La comprensión de estos fenómenos nos permite investigar, en psiquiatría, las estrategias para intervenir a este tipo de personas.

Precisamente quería preguntar si existe tratamiento psiquiátrico o psicológico útil para que los abusadores dejen de serlo. ¿O ese desorden de comportamiento es perenne?

Hay psicoterapias de diverso tipo y muchas veces se podría solucionar el problema. No obstante, existen trastornos de personalidad de mayor gravedad y difícil tratamiento. En estos casos serían recomendables unas terapias psicoanalíticas que enfoquen la problemática con mayor profundidad.

¿Es cierto que un abusador sexual es incapaz de entablar relaciones afectivas reales y estables y que las supuestas parejas que parece encontrar sólo llenan necesidades momentáneas suyas?

Desde una perspectiva más psicoanalítica, podríamos pensar que sería difícil para un abusador entablar relaciones reales o estables pues parte de una necesidad motivada en falencias o vacíos personales y no en deseos genuinos de interactuar con el otro como ser integral o de tener relaciones de pareja en las que ambos se respeten, se tengan en cuenta, se pongan el uno en el lugar del otro, y en que, genuinamente, se consideren las opiniones, los afectos e intereses de la otra persona.

¿Qué demuestra la experiencia clínica y estadística en cuanto a la estabilidad y permanencia de las relaciones afectivas, así no sean sexuales, que entablan los abusadores?

Son muy inestables, poco profundas y no hay igualdad. Se trata de relaciones de poder en las cuales una persona predomina ostensiblemente sobre la otra, sin equilibrio.

En cuanto al abusado, ¿se trata también de un paciente que sufre desórdenes afectivos? ¿En qué consisten?

El abusado puede o no presentar trastornos mentales previos al abuso. De hecho, el último Estudio nacional de salud mental 2015, que coordinamos desde la Universidad Javeriana, indica que un porcentaje importante de la población colombiana tiene trastornos mentales de personalidad, depresión, ansiedad, estrés postraumático, consumo de alcohol o sustancias psicotrópicas. Si bien es claro que algunas personas abusadas podrían tener características de dependencia, ser ansiosas, depresivas y tener antecedentes de abuso en la infancia, también es cierto que ello no justifica, ni mucho menos debe motivar, la forma violenta o manipuladora en que la persona abusadora plantea las relaciones con ellas.

¿Cuáles sentimientos se generan en las víctimas de abuso sexual al haber pasado por una experiencia traumática como esa?

Ese tipo de relación lleva en la persona abusada a desenlaces emocionales no deseables, como miedos de diverso orden, ansiedad, sentimientos de culpa y de humillación, recuerdos traumáticos de lo vivido, dificultades en la atención y la concentración, pérdida de control, cuestionamientos sobre sí mismo, sensación de fragilidad, debilidad, impotencia, incapacidad de mantener relaciones afectivas, trastornos del sueño, entre otras.

¿En qué momento se puede desatar la rebeldía de un abusado? Me refiero a la víctima de abuso que, de pronto, se atreve a denunciar a su abusador después de soportarlo durante un tiempo más o menos largo.

Muchas veces ocurre cuando las personas abusadas sienten mayor apoyo externo, apoyo que repercute en el entorno interno. Esa reacción puede suceder, también, en la medida en que va disminuyendo el miedo y cuando aparecen alternativas económicas, laborales o afectivas a aquellas a las que forzaron a sostener esa relación.

La frase “le gusta que el marido la golpee”, ¿responde a una realidad o a una percepción social errada?

“Le gusta que el marido la golpee” es, más bien, una expresión sociocultural que tiñe de machismo y de poder las relaciones de pareja. En otro sentido, se podría hablar de perversiones sexuales como el sadismo y el masoquismo, en que las personas pueden disfrutar produciendo o sintiendo dolor. En el terreno del abuso sexual, haría falta precisar los escenarios de que se habla por parte de un médico psiquiatra o profesional del área.

En una pareja estable, ¿puede haber abuso o violación sexual cuando uno de los dos fuerza al otro a sostener una relación sexual en un momento en que éste no lo desea?

En caso de que una de las dos personas que conforman la pareja sea obligada a tener relaciones sexuales contra su voluntad, ese acto equivale a un abuso. La violación sexual puede darse en los matrimonios o parejas estables.

¿A qué se debe que los abusadores sean casi siempre hombres y que las abusadas sean, en su gran mayoría, mujeres?

Las características del desarrollo psicosexual de los hombres, aspectos biológicos y tendencia a la agresión, conllevan a que el abuso sea más frecuentemente perpetrado por los hombres. Esta proporción es universal.

Y las mujeres que son abusadoras e incluso acosadoras sexuales, ¿tienen las mismas características de los hombres abusadores o son diferentes por su género?

En las mujeres es más frecuente el abuso laboral que el sexual. En algunos de estos casos se observa, entre otros fenómenos, la necesidad de reivindicarse, llenar vacíos afectivos y mostrar poderío.

¿Por qué Colombia es tan tolerante y hasta solidaria con los abusadores y tan crítica con las abusadas?

En parte por una sociedad machista que consideraba que toda mujer violada había seducido al hombre. Algo así como “se lo merece por seductora”. Sin embargo, hoy esto no es aceptado por muchos, máxime cuando hay aprovechamiento de situaciones de poder, éticamente, un aspecto de los más cuestionables y reprochables.

Las características de los abusadores en el campo laboral, ¿son similares a las de los abusadores sexuales?

Entre unos y otros hay varias características similares, como hostilidad, impulsividad, tendencia a la dominación y necesidad de mostrar poder sobre otros, pero las consecuencias de su conducta tienen una dimensión diferente.

¿El abusador laboral siempre es un abusador sexual o son fenómenos independientes y autónomos?

Pueden ser autónomos. De hecho, es más frecuente el acoso laboral que el sexual o, por lo menos, bastante más reportado. El problema con este tipo de conductas es que sólo hasta hace poco tiempo se reglamentaron, más claramente, en las leyes, y con ello se ha incrementado el reporte. Tenga en cuenta que, posiblemente, es más fácil y menos vergonzoso el reporte de un acoso laboral que uno sexual.

El jefe que maltrata a sus subalternos en el trabajo de manera consuetudinaria, ¿suele ser también un maltratador en sus relaciones privadas o puede ser un acosador laboral y, al mismo tiempo, un esposo y padre tolerante?

Claramente, si se es abusador en el trabajo, su comportamiento en casa puede mostrar las mismas características, siendo, por ejemplo, agresivo y maltratador. Pero se presentan diversos casos: hay personas en quienes existe una gran disociación entre la conducta que demuestran en casa y la que tienen en el sitio de trabajo. Otras pueden parecer correctas o aparentar normalidad por la necesidad de ser socialmente aceptadas. Y también las hay con conductas concordantes en los dos escenarios, el familiar y el laboral.

Tenemos ejemplos de que los acosadores laborales y maltratadores familiares pueden simular, con éxito, que son encantadores en la vida social. ¿Esta especie de doble personalidad existe o es fingida?

De alguna manera, la cara aparentemente amable de estas personas les permite conseguir los objetivos que persiguen. Los comportamientos encantadores, que podríamos llamar de seducción, logran persuadir, engañar y cautivar con argucias y halagos a otro, con el objetivo de convencerlo de que modifique su actitud, su opinión, o acepte determinadas propuestas.

Pero ¿esa cara seductora es real o simplemente una careta para engañar?

Aunque no es posible hacer generalizaciones, suele ser una careta o simulación para ocultar sus tendencias habituales. Como le digo, es muy seductor y muy halagador, pero en otros momentos puede quitarse las formas de ocultamiento que se impone.

El escándalo que tumbó a Otálora

La agenda informativa de esta semana estuvo casi totalmente copada por el escándalo sobre el denunciado abuso sexual del defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, a su secretaria privada, Astrid Helena Cristancho, revelado el pasado domingo por esta misma al columnista de la revista Semana Daniel Coronell, quien hace mes y medio había descubierto, también en público, lo que ya se comentaba en círculos semiprivados: los maltratos laborales de Otálora a sus subalternos. El exdefensor había logrado salir relativamente bien librado de los primeros señalamientos puesto que logró sostenerse en su cargo, tal vez, porque mediaron las vacaciones de fin de año. Pero las fotografías explícitas y los mensajes sugerentes que mostró Coronell en su segunda columna eran demoledores, no sólo por sus características sino por el tipo de trabajo que debía desarrollar Otálora en ese organismo, uno de los de la cúpula del Estado: la defensa de los derechos humanos, en tanto que su conducta personal indicaba que los violaba. A pesar de que Otálora intentó desvirtuar las acusaciones con el argumento de que las relaciones con Cristancho estaban enmarcadas en un noviazgo formal, nada sirvió, en esta ocasión, para sostenerse. Perdió el apoyo hasta de su propio partido, el Liberal, y tuvo que renunciar.

Ola de indignación

Pocas veces los colombianos reaccionan y, menos aún, se movilizan por indignación. Gravísimos escándalos de corrupción, tanto en el sector público como privado, en las altas y bajas esferas del Estado, y en los círculos centrales y regionales del poder, se destapan sin que nadie parezca conmoverse. En esta ocasión fue diferente. La denuncia de la abogada Cristancho por acoso laboral y abuso sexual contra su exjefe Jorge Armando Otálora, despertó una fibra colectiva que antes no había aparecido. Probablemente, la defensa de Otálora, en el sentido de que él no abusaba de Cristancho sino que sostenía con ella una relación amorosa formal, en lugar de aplacar la ira femenina la levantó más hasta convertirla en un movimiento de rechazo nacional. Varias asociaciones de mujeres se unieron a la “causa” Cristancho, le ofrecieron su compañía y apoyo legal y, a la par, los partidos se vieron obligados a quitarle el respaldo a Otálora y pedirle que declinara. Por su parte, la Procuraduría lo suspendió, con efectos inmediatos, mientras abría investigación disciplinaria, y la Fiscalía le inició un proceso penal formal. Las dos causas pueden concluir en inhabilidad de 10 o más años para ejercer cargos públicos y en condena de tres años por esos dos delitos.

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