Bogotá, orgullosa por un día

<p>Después de ver pasar cientos de personas que reclaman inclusión social, en la boca queda cierto sabor de duda por lo que realmente tiene cabida en lo 'normal': seis colores, que aunque diferentes, tienen su espacio reservado en una misma bandera. </p>

El día empezó bañado delicadamente por una llovizna casi imperceptible, como diminutas serpentinas cayendo sobre la ciudad a manera de presagio de tamaña fiesta que vendría después, vestidos de lentejuelas a plena luz del día, maquillajes recargados, camisetas de colores, música para brincar y bombas de helio por doquier; la comunidad gay bogotana se preparaba para salir gritando lo poco que le importa que le guste lo que al resto no.

Las más vistosas eran las princesas, enfermeras, amas de casa, momposinas y mariposas a las que la naturaleza alguna vez les dio facultades masculinas. Los disfraces que no les dejaron usar en la infancia, se llenan de colores, brillos y extremos escotes que dejan entrever sus rasgos menos viriles. Su belleza radica en ese punto medio en el que se encuentran, en su pelea eterna con la vida misma, que las obliga a ser unas de día y otras en la noche: cuerpos que generan una envidia que carcome.

Después estaban los hombres, sueño de muchas mujeres con sus barbas tupidas, músculos demarcados, piernas firmes y amplias, tomados de la mano de otros aún más deliciosos especímenes, besando eventualmente su derecho a amarse y mirando por el rabillo del ojo a los que no tenían vergüenza de hacer striptease sobre plena séptima.

He aquí un recuento fotográfico para los que veían desde el andén del closet y los que tuvieron miedo de mostrar su Orgullo Gay.

Temas relacionados