Brasil aumenta áreas protegidas, pero tiene retrocesos ambientales

<p>Brasil elevó a un 8,3 por ciento de su territorio el porcentaje de áreas ambientales protegidas y avanzó en el uso de energías renovables y en la reducción de sustancias que destruyen la capa de ozono, pero aún tiene &quot;retrocesos ambientales importantes&quot;, dice un informe divulgado este miércoles por el Gobierno.</p>

El informe Indicadores de Desarrollo Sustentable 2008, presentado por el estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE), hace un extenso balance de los avances logrados en la protección del medio ambiente, pero también de los retrocesos en el objetivo de garantizar que el desarrollo sea sustentable.

Según el estudio, Brasil, el país con mayor biodiversidad del planeta, tenía hasta el año pasado 299 reservas ambientales federales con cerca de 712.660 kilómetros cuadrados, lo que equivale al 8,3 por ciento de todo su territorio, en su mayoría en la Amazonía.

Se trata de un importante avance con respecto a las 251 reservas ambientales que existían en 2003, con 552.713 kilómetros cuadrados y que ocupaban el 6,5 por ciento del territorio nacional.

Esos números no incluyen los cerca de 402.000 kilómetros cuadrados en parques y reservas ambientales protegidas por Gobiernos regionales y municipales, ni las reservas particulares que saltaron de 366 en 2003 a 429 el año pasado y ocupan 4.119 kilómetros cuadrados.

El estudio también reveló que el número de focos de calor en áreas forestales, posibles incendios para desforestar la Amazonía, cayó un 50 por ciento, desde 236.014 en 2004 a 117.453 en 2006.

Brasil también aumentó la participación de las fuentes renovables en su matriz energética desde el 41 por ciento en 2002 al 45,1 por ciento en 2006.

De la misma forma, el consumo de sustancias que destruyen la capa de ozono se redujo en un 87 por ciento, desde 11.198 toneladas anuales en 1992 a 1.431 toneladas en 2006, lo que le permitió a Brasil alcanzar anticipadamente sus compromisos internacionales.

El análisis, que cruzó informaciones de 60 diferentes estudios realizados en los últimos años, concluye que el país ha logrado avances en las áreas económica y social, pero aún tiene "grandes pasivos a ser sanados" en el área ambiental.

"Aún hay un largo camino para que Brasil alcance el ideal previsto en 1987 por la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo: un desarrollo que atienda las necesidades del presente sin comprometer la posibilidad para que las futuras generaciones atiendan sus propias necesidades", según el Instituto.

El informe contiene 23 indicadores diferentes sobre asuntos como atmósfera, tierra, agua dulce, océanos, litoral, biodiversidad, emisiones de gases y saneamiento.

Entre los indicadores positivos destaca la reducción de la contaminación atmosférica en las grandes ciudades, pero dice que la contaminación de los ríos que atraviesan las grandes urbes y las playas continúa en niveles elevados, que crece el número de animales silvestres comercializados ilegalmente y que el uso de fertilizantes y agrotóxicos ha aumentado.

El estudio muestra que el consumo de energía volvió a crecer, que el país aún no cuenta con locales adecuados para depositar sus residuos nucleares y que el aumento del reciclaje no es consecuencia de la concienciación ambiental sino de la renta que ese proceso genera para miles de personas.

Según el texto, el volumen de fertilizantes usados en Brasil dobló en catorce años, al saltar de 69,44 kilos por hectárea en 1992 a 141,41 kilos por hectárea en 2006.

El uso de agrotóxicos también ha aumentado, desde 3,19 kilos por hectárea en 2000 a 3,23 kilos por hectárea en 2005.

De acuerdo con el estudio, el número de animales aprehendidos cuando eran comercializados ilegalmente cayó de 44.719 en 2000 a 37.742 en 2005, lo que no impidió que Brasil siga siendo uno de los principales abastecedores, con el 10 por ciento, de especies silvestres de contrabando, un mercado que mueve 10.000 millones de dólares al año.

Sobresalen algunos indicadores sociales que todavía tienen "grandes carencias", reducen la calidad de vida de los brasileños y la posibilidad del desarrollo sustentable, entre ellos el aumento del número de muertes por causas violentas, la falta de saneamiento y el crecimiento de las hospitalizaciones por problemas de sanidad.
Apenas un 54 por ciento de los domicilios brasileños son adecuados por contar con abastecimiento de agua y saneamiento básico, concluye el informe.

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