La espina dorsal femenina es más curvada que la de los hombres

Las mujeres están adaptadas anatómicamente para soportar el peso físico de un embarazo sobre dos pies.

Esto es lo que concluye un estudio de científicos de las universidades estadounidenses de Texas y Harvard, que por primera vez establece las diferencias de género en la columna vertebral.

Los investigadores aseguran que esta transformación y división estructural en la también conocida como raquis, elemento óseo que ayuda al ser humano a poder caminar erguido sobre dos pies, se produjo hace dos millones de años, en los orígenes del “Australopithecus”, los antecesores inmediatos del “Homo Habilis”.
 
Y explican que los chimpancés no presentan esta diferenciación para justificar así que fue el paso de las cuatro a las dos patas y el hecho de tener que soportar erguida una barriga de embarazo el que llevó a la mujer a adoptar unas características diferentes en su espina dorsal.

“La selección natural favoreció esta adaptación porque reduce el estrés añadido en la espina de las mujeres”, comenta la antropóloga Liza Shapiro, de la Universidad de Texas.

“Sin esta adaptación, el embarazo habría supuesto una carga aún más pesada para los músculos de la espalda, causando un daño considerable y cierta fatiga, así como una posible limitación en la capacidad de ellas de buscar comida y escapar de los depredadores”, añade.

El estudio de estos expertos muestra que las diferencias entre las columnas vertebrales de hombres y mujeres se sitúan en la parte baja de la espalda, en la zona lumbar, donde las vértebras describen una curva para amortiguar el peso del cuerpo que camina sobre dos pies.

Esta curva se extiende a lo largo de un mayor número de vértebras en el caso de las mujeres, lo que ayuda a minimizar los daños y molestias que podría acarrear la posición inclinada hacia atrás que debería adoptar la espalda de ellas para contrarrestar el peso del feto.

Las articulaciones de las vértebras lumbares son además más grandes en las mujeres y presentan un ángulo diferente al de las masculinas
“Cualquier madre puede atestiguar la incomodidad de estar de pie y caminar teniendo que contrarrestar el peso de un embarazo en la parte delantera del cuerpo”, incide Shapiro.

“Sin embargo, nuestra investigación muestra que sus espinas dorsales han evolucionado para hacer el embarazo más seguro y menos doloroso de lo que habría sido si estas adaptaciones no se hubieran producido”, añade.

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