La mala educación

<p>Expertos coinciden en que la educación sexual ha fracasado. Algunos van más allá: ha empeorado el problema. En medio de este panorama, Profamilia propone implantar anticonceptivos bajo la piel de las adolescentes.</p>

En colegios de Engativá y Suba, dos localidades de Bogotá, ya está en marcha un proyecto que ofrece gratuitamente a las adolescentes la implantación de anticonceptivos subdérmicos. Compuestos por dos pequeñas cápsulas, fabricadas en material plástico que contienen una hormona llamada levonorgestrel, estos anticonceptivos, con un 98% de efectividad, impiden la ovulación por cinco años luego de insertarse en la cara interna, debajo de la piel, de un brazo.

La propuesta de Profamilia, que en principio pretendía extenderse a las 20 localidades de la ciudad, y avalada por la Secretaría de Salud, tiene con los nervios de punta a muchos padres de familia, así como a docentes y expertos en educación sexual y reproductiva.  Para ellos, una vez más el ‘remedio podría resultar peor que la enfermedad’.

¿Fracaso?

Una simple mirada a las frías estadísticas sobre la salud sexual de los adolescentes, es suficiente para descubrir que el problema se sigue calentando: cada 31 segundos una adolescente en el mundo queda en embarazo; cada dos minutos una de ellas da a luz; cada año, entre 2 y 4 millones de jóvenes recurren a prácticas riesgosas de aborto; el 50% de las infecciones por VIH ocurren en menores de 25 años; y siete de cada diez casos nuevos de enfermedades de transmisión sexual se presentan en jóvenes.

Para hablar sólo de Colombia, en los últimos diez años el embarazo adolescente escaló desde el 17% en 1995 hasta un 21% en 2005. Una cifra paradójica si se tiene en cuenta que en 1993 se implementó el Plan Nacional para la Educación Sexual. Mientras Profamilia defiende su propuesta, la pregunta inevitable, que inquieta y trasnocha a educadores, psicólogos e investigadores, es sencilla: ¿Fracasó la educación sexual?

La tesis de un grupo cada vez más numeroso de expertos es que los programas de educación sexual han sido un descalabro no sólo en el país sino en el mundo entero. Agustín Conde, ginecólogo colombiano y consultor de la Organización Panamericana de la Salud, presentó la semana pasada en Cali, durante el Primer Congreso de Salud Pública Comfenalco-Valle, un estudio que dejó pasmados a sus colegas.

“Lo que se descubrió es que casi ningún programa de educación sexual y reproductiva ha logrado que los jóvenes aplacen el inicio de las relaciones, tampoco han contribuido a frenar el embarazo adolescente, no han despertado un comportamiento sexual responsable y tampoco estimulan el uso de métodos anticonceptivos”, explicó Conde al referirse a la más reciente investigación de la Colaboración Cochrane, una organización que se dedica a reunir los estudios más completos en torno a un tema.

Conde advierte que no se trata de moralismos. La urgencia en atender este problema es porque el embarazo adolescente causa traumatismos físicos y psicológicos. Las jóvenes que son madres a temprana edad, menores de 16 años, tienen cuatro veces más riesgo de morir durante el embarazo, se presentan más partos prematuros, los bebés nacen con bajo peso, expuestos a mayores complicaciones de salud, y por supuesto, desbarajusta proyectos de vida de estos adolescentes.

Peor el remedio

Colombia no es ajena a esa tendencia. Sin embargo, el caso colombiano parece contar con un peligroso y delicado elemento extra. Según la psicóloga Elvia Vargas, directora del grupo de investigación “Familia y Sexualidad” de la Universidad de los Andes,  “en el país no sólo ha fracasado la educación sexual sino que los programas sobre esta materia que se


implementaron desde 1993 han mostrado un efecto contraproducente”. En otras palabras, la información sexual que reciben los jóvenes colombianos por parte de sus educadores en vez de orientarlos, está aumentando de manera significativa la probabilidad de un embarazo adolescente.

La conclusión surgió de un estudio sobre fecundidad adolescente llevado a cabo por este grupo y en el que se analizó la información de 55 investigaciones realizadas desde 1997. Además de una serie de evaluaciones cuantitativas y encuestas puntuales.

En medio de este panorama, donde aún no existe una fórmula cierta con respecto a la educación en sexualidad, la propuesta de Profamilia de implantar anticonceptivos subdérmicos en adolescentes resulta espinosa.

La mayoría de expertos consultados coinciden en que se corre el riesgo de provocar un incremento en las enfermedades de transmisión sexual, pues las adolescentes, al sentirse protegidas de un embarazo, prescindirán del uso del condón. Por otra parte, creen que la promoción de métodos anticonceptivos sin un proyecto educativo  serio no tiene sentido. Cerca de un 40% del embarazo adolescente en Colombia es deseado. “En lo que debemos hacer énfasis es en la construcción de proyectos de vida”, insiste Elvia Vargas.

Para la viceministra de Educación Preescolar, Básica y Media , Isabel Segovia, “como respuesta inmediata a un problema puede funcionar la estrategia de Profamilia, pero no soluciona la necesidad de educación en sexualidad”.

Susana Moya, coordinadora nacional de Profamilia Joven, defiende la estrategia. “No se trata sólo de llegar con anticonceptivos a los jóvenes. La propuesta está enmarcada en un esfuerzo de los planteles que involucra a los padres de familia y a los docentes”.

Explica además que los adolescentes pasan por una serie de filtros antes de tomar la decisión de implantarse el anticonceptivo: asesoría grupal e individual, asesoría médica y finalmente una cuarta evaluación de enfermedades de transmisión sexual y asesoría en prevención de éstas.

“Nuestro papel es acompañar a las instituciones educativas en sus proyectos de educación sexual, defendiendo los derechos de los jóvenes y brindando asesoría técnica”, comenta Susana Moya, “estamos convencidos de que el verdadero factor protector es el desarrollo del afecto en nuestros jóvenes, pero esa no es nuestra tarea. La terroterapia no ha funcionado hasta ahora y la educación sexual debe ser en familia”.

El Ministerio de Educación, preocupado por el dilema, intenta actualmente expandir a nuevos departamentos un proyecto piloto de educación en sexualidad que ya puso en marcha en siete secretarías. Se trata de un proyecto que corrige errores de los anteriores y sigue las recomendaciones de experiencias exitosas. Hasta ahora, 60.000 estudiantes, 2.000 maestros y 87.000 familias han participado.

La próxima Encuesta Nacional de Salud Sexual dirá quién tiene la razón.

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