Pequeños genios hechos a pulso

La educación precoz se ha puesto en la tarea de formar niños genios que sobresalgan por su talento en el arte, las matemáticas, la física y la literatura, entre otras áreas. La enseñanza a temprana edad ha permitido que pequeños de ocho años tengan claro que carrera estudiar para ingresar a la universidad entre los once y los trece y ser profesionales cuando cumplen la mayoría de edad.

Mozart no hubiese sido Mozart si su Papá no hubiera sido el autor de la sinfonía de los juguetes, su mamá escritora de música, su casa el centro de músicos de Viena y él, por su puesto, el producto de maestros de maestros. Mozart fue una persona que se hizo a pulso por la acumulación de conocimientos desde muy temprana edad, a los ocho meses su padre Leopold Mozart lo sentó por primera vez en un piano y años más tarde se convirtió en el pianista, compositor y violinista más afamado de la música clásica.

La educación precoz tiene como objetivo elevar los niveles de desarrollo imponiendo la necesidad de iniciar la estimulación temprana desde el primer momento en que una persona logra la percepción, es por esto que los educadores de enseñanza prematura logran que un niño de dos años lea y poco a poco perfeccione su lectura.

Varios estudios científicos han señalado que hasta los cinco años una persona aprende intensamente lo que le enseñan; con el paso del tiempo el cerebro pierde su elasticidad y el aprendizaje es más lento.

Un pequeño se puede convertir en un genio con experiencias vivenciales en las cuales se comparte un entorno social y comunicacional, por esto la estimulación temprana no es sólo un trabajo de las instituciones educativas; la familia, amigos y en general todo el entorno contribuye para que el cerebro logre evolucionar de una forma diferente a los niños que no tuvieron durante su infancia esta concepción.

Los colegios se encargan de generar procesos y métodos en los cuales se logra entender, por ejemplo, que la lectura es esencial para elevar el coeficiente intelectual y no se toma como una obligación con la que no se puede disfrutar, la educación precoz elimina el estigma de que el estudio es un sacrificio.

Magdalena Granés Morales, abanderada de la educación precoz en Colombia, empezó con esta labor después de confirmar por sí misma la importancia de adquirir un buen sistema de enseñanza desde muy pequeña; cuando cumplió cuatro años ya sabía leer, a los trece se graduó del colegio, a los 18 de la universidad y antes de cumplir 22 ya había hecho algunos posgrados en el exterior.

Como líder de la enseñanza precoz en Colombia hace 30 años, Magdalena ha logrado que actualmente existan veinte colegios de estimulación temprana en el país, pero igualmente piensa que son pocos, “Desafortunadamente no son muchos los niños que tienen este beneficio, este tipo de educación es magnífica en todas las áreas, en la parte física, social, conceptual y neurológica”.

Actualmente, más de mil niños y jóvenes han confirmado los beneficios de este método, un 98 por ciento de ellos ingresan a la universidad antes de cumplir 15 años.

Luigi Melani a los once años empezó sus estudios de química en la Universidad de Los Andes, Julián Estupiñán a los catorce inició la carrera de medicina, Lorena Cantor de la misma edad fue aceptada en la Universidad Nacional de Bogotá para estudiar literatura, Esteban González obtuvo su título como matemático a los 18 e hizo un doctorado en Princeton y Margarita Puentes, a sus 24 años, es la decana de la facultad de ingeniería de la Universidad Católica.

Todos ellos se educaron en el Calatrava, uno de los institutos de enseñanza precoz en el país, Magdalena se siente orgullosa al saber que su técnica ha dado resultados óptimos y que su colegio ha logrado que varios niños se destaquen por haber empezado a aprender desde temprana edad sin haber perdido su infancia.

Se llama educación precoz porque se adquiere antes de lo usual, en el siglo XVIII dedujeron que la mejor edad para aprender a leer eran los siete años y con esta concepción se rige la mayoría de la enseñanza mundial. El siglo XXI se ha enfocado en estudiar el cerebro comprobando que esta parte del cuerpo es voluble cuando se es niño, por lo tanto, se acomoda a procesos generados desde temprana edad haciendo que se presente una mayor evolución del sistema nervioso logrando una diferenciación con los pequeños que no reciben este método.