Ángela Buitrago

Más que una respetada fiscal o abogada, Ángela María Buitrago es una profesora jovial que tiene la respuesta que el alumno o su interlocutor necesita, incluso anticipándose a la próxima pregunta.

También es una mujer que asume con decisión y compromiso el papel que acepta desempeñar ya sea representando a la justicia, a un acusado, o en el aula de clases con sus estudiantes de derecho penal de la Universidad Externado de Colombia. Declara abiertamente su amor por el trabajo, por su familia y por su único hijo, y aunque por su talante y firmeza, heredados de su ancestro santandereano, atrae la mirada de la opinión pública como funcionaria judicial, prefiere la privacidad.

Sin embargo, sus amigos dicen que le apasiona tomar la guitarra y cantar boleros y rancheras. Reconoce su amor por los animales y sabe que en su oficina, para escapar un poco de la tensión, siempre habrá música clásica. Cuando tiene tiempo libre le gusta salir de la ciudad y sumergirse en la naturaleza o reposar en compañía de su familia. Aunque es optimista del futuro del país y dice que no pierde la esperanza pese a lo que ocurre en Colombia , asegura que a veces se desilusiona cuando ve que la corrupción continúa, cuando se ferian y reparten los contratos con los que se deberían construir carreteras u hospitales, con los que se tendría que garantizar la alimentación de los niños, o cuando los fenómenos mafiosos se reproducen y vuelven a infiltrar al Estado. Es escéptica del sistema carcelario y sus posibilidades de resocialización y más cuando ha escuchado de los presos una frase que parece una letanía: “Entré con un delito y salí con un máster”.

Pero cree que el futuro será mejor con la juventud que tiene el ideal de creer en las instituciones, de hacer patria y que quiere que Colombia salga adelante, aunque ella es consciente que hay otros que no les importa lo que suceda. Como abogada o como fiscal Ángela María Buitrago tiene una visión multidisciplinaria del delito que parte del derecho, pasa por la sociología y va hasta la historia. Cree que para que algo sea sano debe ser justo y equitativo. Más que provocar temor entre sus contradictores infunde respeto, porque cuando toma decisiones lo hace después de esculcar y hacer un estudio concienzudo de las posibilidades más recónditas de la prueba. Incluso su obsesión por el conocimiento llega a que ella misma continúe siendo estudiante. En la actualidad prepara una tesis para doctorado con la asesoría de dos profesores italianos. Como mujer, en un medio masculino como es el derecho penal, no se ha sentido rechazada o excluida, pero reconoce que sí ha percibido en algunas ocasiones hostilidad y discriminación. Sin titubeos advierte que con igual esfuerzo el hombre obtiene reconocimiento inmediato y por eso la mujer siempre tiene que generar un mayor desempeño.

En los casi cuatro años que lleva en la Fiscalía desenterró el caso del Palacio de Justicia, que aún se mantiene con las heridas abiertas en la conciencia nacional, llevando a la cárcel a los generales en retiro Jesús Armando Arias Cabrales e Iván Ramírez, y al coronel Alfonso Plazas Vega. Logró la condena del ex gobernador del Meta Edilberto Castro a 40 años de cárcel por el asesinato de tres dirigentes políticos, al igual que del ex gobernador del Casanare Miguel Ángel Pérez por enriquecimiento ilícito. Acusó al ex senador Ciro Ramírez por presuntas relaciones con los paramilitares y llevó a juicio a su ex compañero de labores Guillermo León Valencia Cossio por supuestos nexos con la organización del señalado nacotraficante Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario. Además debe reencausar el caso del director de DAS, Jorge Noguera, quien salió de la cárcel.

Pese a las tensiones y las peleas que tiene que enfrentar casi a diario como fiscal, no se ata al pasado y una noche de buen descanso es suficiente para recuperar energías y volver con todos los bríos a la mañana siguiente. Aunque no reniega del culto a la belleza, dice que cuando es verdadera no es externa sino interna, porque lo bello son los sentimientos y la bondad del ser humano. En 10 años se ve dictando clase a sus alumnos de derecho penal y pasando de nuevo a la otra orilla. Es decir, defendiendo a quienes hoy se dedica a acusar. Pese a los riesgos que corre, dice que su único temor es no hacer lo que tiene que hacer o ejecutar algo contrario a lo que le dicta su conciencia.

Una fiscal con carácter y determinación

Desde que era estudiante de Derecho en la Universidad Externado de Colombia, sus profesores notaron las condiciones como litigante de Ángela María Buitrago. Por eso cuando terminó esa etapa ya tenía un puesto asegurado en un prestigioso bufet de abogados. Después de 19 años como defensora y 18 como profesora, decidió que era tiempo de pasar al otro lado de la barrera y convertirse en una fiscal emblemática, aunque en sus inicios también hizo sustanciación, notificación y hasta levantó muertos. Una de sus frases de batalla es: “Tengo la prueba o no tengo nada”. Es profundamente espiritual y dice que Dios gobierna sus actos, pero  guarda distancia con la iglesia. Recalca frente a los procesos que adelanta que investiga para saber lo que ocurrió sin apasionamientos y mucho menos por motivos personales. Se declara profundamente respetuosa de las decisiones de los jueces o de sus superiores , pese a que  en  algún momento puedan contravenir el deseo de la opinión pública.

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