Bienestar físico y mental para niños

La primera infancia es una etapa crucial para el desarrollo físico y mental de las personas. Los estímulos que recibe de su entorno social y familiar, así como la alimentación que le brinden desde el período prenatal, van a definir en gran medida las capacidades de aprendizaje que tendrá por el resto de su vida.

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En su artículo titulado “Diez datos acerca del desarrollo en la primera infancia como determinante social de la salud”, la Organización Mundial de la Salud (OMS) menciona que “el desarrollo en la primera infancia es un determinante de la salud, el bienestar y la capacidad de aprendizaje durante toda la vida. La conjunción de estos datos señala al desarrollo en la primera infancia como un determinante social de la salud”.

Parte de este bienestar, basado en el equilibrio y la promoción de la salud física y mental, puede recaer en la conexión que haya entre la mente y el cuerpo. El autoconocimiento es fundamental para afrontar situaciones que llegan a desestabilizar a una persona, así como a conocer los límites físicos, grados de estrés o cansancio que pueda presentar.

Una práctica milenaria a la que se recurre para lograr estos objetivos es el yoga. Se trata de una tradición milenaria, cuyo origen se remonta al continente asiático, más específicamente al espacio territorial que hoy ocupa India. Sus resultados, físicos y mentales, han generado una expansión global, llevando sus ejercicios, posturas y enseñanzas a todos los continentes.

Instructores y practicantes de esta disciplina aseguran que su aplicación, desde una temprana edad, fomenta una serie de beneficios que se traducen en bienestar físico y emocional. “Para los niños, el yoga es una práctica divertida que les ayuda a crear salud y bienestar. Adquieren conciencia de su cuerpo, mejoran la fuerza y la flexibilidad mental y física, fortalecen su interior, mejoran la comunicación con ellos mismos y con quienes los rodean”, asegura María Figueroa, profesora de yoga para niños.

Los beneficios son internos y externos. La profesora cuenta que los niños que practican yoga aprenden a pensar antes de hablar y toman conciencia de sus actos; es decir, controlan sus reacciones. De igual forma, promueve que sean compasivos y puedan concentrarse en sus actividades cotidianas, reduciendo el estrés que puede producir la carga escolar.

La concentración de los niños es una de las grandes preocupaciones de los padres y el yoga es una herramienta que puede fomentarla. Sus atributos se ven reflejados en todas las etapas de la vida y para su práctica no se necesitan mayores herramientas. Un instructor y la disposición son suficientes para realizarla.

“En adolescentes son los mismos beneficios, pero fomenta el respeto y la igualdad, el amor y el respeto por el cuerpo, porque este es un momento difícil donde hay mucha autocrítica frente al cuerpo, entonces también ayuda a mejorar la autoestima”, concluye Figueroa.

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Redacción Especiales

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