"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 2 horas

Cada vez más cerca de la huella del Big Bang

Desde que en mayo de 2009 la Agencia Espacial Europea (ESA) lanzó el satélite Planck, astrofísicos de todo el mundo han estado esperando obtener un resultado que les permita entender mejor cómo nació el universo.

Algunos de esos hallazgos se han publicado a lo largo de este año y cada uno de ellos parece ser la pieza vital de un rompecabezas que aún no se ha armado.

Esta semana, una de esas fichas claves salió a la luz pública en una reunión en la que participan alrededor de cien científicos en el Palacio Costabili de la ciudad de Ferrara, Italia. Allí se presentó la imagen más detallada que hasta ahora ha conocido la humanidad del campo magnético de la galaxia. Y eso, palabras más palabras menos, ayudaría a entender mejor qué es lo que separa a la Tierra del origen de todo, de la explosión conocida como el Big Bang.

La imagen, que parece unos brochazos azules y naranjas desordenados, muestra en detalle que la Vía Láctea está repleta de incontables partículas microscópicas llamadas polvo interestelar, las cuales pudieron haberse atravesado en la medición que hizo el grupo del telescopio Bicep2 a principios de 2014, que les permitió anunciar lo que entonces llamaron uno de los grandes descubrimientos del siglo: las ondas gravitacionales, la evidencia de lo sucedido justo después de la gran explosión.

En palabras más crudas: esa fotografía podría ser la evidencia de que los científicos del Bicep2 se equivocaron. ¿Por qué? Porque sólo midieron una fracción pequeña del cielo (el satélite Planck lo mide todo) y porque, como explica el astrofísico Juan Diego Soler, investigador del Instituto de Astrofísica Espacial y quien está en el Palacio Costabili, esos colores muestran la cantidad de polvo interestelar. El azul indica cantidades más pequeñas y el naranja cantidades más grandes. Las arrugas no son otra cosa que la reiteración de que hay un campo magnético a nuestro alrededor.

Y esas partículas diminutas, similares a las del humo de un cigarrillo y vistas así, a una resolución jamás conocida, fue lo que no tuvo en cuenta el grupo de Bicep2. Es decir, para tomarle una verdadera foto al Big Bang hay que atravesar muchos más vidrios de lo que imaginaban.

Ahora, esta imagen es sólo una pista más de lo que los científicos presentarán en veinte días. Como dice Soler, es una muy buena muestra de lo que se va a revelar.