A la cama sin remordimientos

La tranquilidad que llega luego de superar el dolor del divorcio y la seguridad que da la experiencia hacen la sexualidad más espontánea y divertida. Testimonio de una madre que volvió a disfrutar del placer.

Ilustración: Heidy Amaya

No entiendo cómo pasa, pero uno se rejuvenece. Es como si el dolor se reflejara en el aspecto físico, y cuando la separación es un hecho y el duelo del divorcio cesa uno luce y se siente distinto, y eso hace que de manera casi natural empieces a levantar...”. Siete años y medio duró el matrimonio de María. Tenía 35 años y dos hijas pequeñas cuando se divorció. Al comienzo no podía siquiera imaginar la posibilidad de estar con otra persona, la idea de saber que regresaba al mundo de la soltería, de volver a ser deseada y querida le causaba angustia. En parte, dice, “porque cuando uno se separa se siente desdibujado ante esa persona que era quien te validaba sexualmente”.

Sin embargo, una vez superado el duelo del divorcio todo cambia. “Antes de casarse de manera inconsciente, tal vez, siempre se estaba evaluando a la gente. Había que encontrar al indicado para formar una familia. Pero como ya se sabe que no todo conduce y termina en el matrimonio, uno está más desprevenido, dispuesto a disfrutar el momento, a pasarla bueno”.

Y, afortunadamente, en esta etapa de la vida el cuerpo deja de cumplir un papel protagónico. Aunque tanto para los hombres como para las mujeres siempre será importante verse bien, la seducción ya no depende de la talla del brassier, de un culo bien puesto, unas piernas firmes, un abdomen plano o una cintura pequeña. Levantarse a alguien deja de estar atado a la apariencia para convertirse en un juego en donde la experiencia y la seguridad que se proyecta son los atractivos. 

“Incluso, cuenta María, salir con tipos o viejas menores deja de importar, al igual que tener que cuidar la imagen de lo que el otro pueda pensar. Vas a la cama sin remordimientos”. De hecho, algunas personas se sienten más atractivas después del divorcio que antes de casarse. La desmitificación del matrimonio que se produce luego de este doloroso proceso puede tener algo que ver, como también el hecho de que otras mujeres y otros hombres de la misma edad luzcan similares. 

El afán de la adolescencia por verse perfecto se ha desdibujado. Las huellas de la maternidad y del paso del tiempo son evidentes, pero a estas alturas eso ya no es lo fundamental. Así como tampoco la preocupación por tener siempre un polvo inolvidable. Se aprende que al igual que el amor, las relaciones sexuales deben construirse todos los días y habrá buenos y malos momentos.

La tranquilidad de saber que con cada salida no se está buscando un marido o una esposa, también se refleja en la espontaneidad de las citas. “Tirar con alguien después del divorcio, confiesa María, genera los mismos nervios y ansiedad que cuando se hace por primera vez en la vida. La diferencia es que no se está esperando un te amo como respuesta o el compromiso de soñar con una vida juntos. Es simplemente un placentero y grato encuentro sexual. Un momento para disfrutar y no necesariamente el comienzo de algo”. 

No hay que olvidar, recuerda Marta Rajtman, se la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, que no es necesario lanzarse al agua en la primera salida. También es divertido disfrutar de la etapa previa, de los coqueteos y las cosquillas que genera un beso o simplemente el sentirse deseado por otro.

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