Carta de un activista gay a la Universidad de La Sabana

Andrés De La Cuadra, expresa sus sentimientos ante el concepto enviado por la universidad a la Corte Constitucional sobre la adopción por parte de parejas del mismo sexo.

He leído sus dos informes – comunicados al respecto de la adopción de niños por parejas del mismo sexo en Colombia, conocida como Adopción Igualitaria. Al respecto quiero decirle lo siguiente.

Soy Andrés De La Cuadra, hombre gay próximo a cumplir los 30 años. A lo largo de mi vida como hombre homosexual he tenido relaciones con egresados, profesores y estudiantes de su universidad, sí, relaciones homosexuales. En varias ocasiones me vi con algunos de ellos en las instalaciones de su campus, nos acariciamos y besamos. Conozco hombres gays y mujeres lesbianas que están vinculados a su universidad y le puedo asegurar que hacen un valioso y significativo aporte a su plantel.

Salir a contar y hacer pública la vida íntima de uno no es tan placentero, pero su posición y comunicados me han indignado de tal forma, que me han impulsado a contarla, aparte, afortunadamente no me arrepiento de nada vivido y uno de los grandes aprendizajes que me ha dado la vida es perderle el miedo al ridículo y a ese “qué dirán”. Por eso, hoy con la frente en alto puedo escribirle esta carta.

Porque aparte pienso en los estudiantes LGBTI que llenan sus aulas y que le pagan millones de pesos cada semestre, dinero con el que usted mantiene un imperio de discriminación. Trato tan solo de imaginar cómo se sienten ellas y ellos en un ambiente de rechazo y violencia, porque sí, afirmar que ser homosexual es una enfermedad, es una forma de violencia.

Me pregunto ¿Y si las parejas LGBTI que hay en su universidad se quieren acariciar, se quieren besar, se quieren expresar su amor? No me imagino haber estudiado por 5 años en un lugar donde se me considera y señala como enfermo por amar y desear a alguien de mi misma identidad sexual. ¡Qué infierno! Y aparte, ¿no es acaso en las universidades en donde formamos ciudadanos capaces de transformar las realidades más graves del país como la discriminación y la homofobia, que han costado miles de vidas?

¿No le parece que ya es suficiente con que tengamos que escondernos, protegernos y huir de los grupos armados, de la Iglesia Católica, de cuanto centro cristiano se funda y de instituciones del Estado como la Procuraduría, como para que ahora tengamos que escondernos en nuestras universidades?

“Apreciada” Universidad de La Sabana, usted podrá emitir cuanto informe y comunicado se le venga en gana, podrá rasgarse sus hábitos, revolcarse en sus Sabanas, pero no podrá parar la igualdad, porque ¡La igualdad es imparable! Le aseguro que seguirá teniendo parejas de hombre con hombre y mujer con mujer en su campus, y le aseguro que muchos de sus estudiantes, profesores y personal administrativo (y hasta uno que otro cura) se seguirán “abriendo” a la diversidad.

Si no, la invito y reto a que excomulgue y suspenda a todas las personas LGBTI de su universidad a ver en qué queda y a qué se reduce. Podrá tener mucho contacto con su Dios milagroso, pero no podrá tapar el sol con un dedo ni mucho menos con un comunicado.

“Apreciada” Universidad de La Sabana, estoy muy, muy molesto con usted…

 

Nota del Editor: El autor de esta carta enviada a El Espectador, aclaró posteriormente que aunque ha tenido relación con alumnos y profesores de la Universidad de La Sabana, no fue alumno de ésta.