Caso de violación de adolescentes en la India es aprovechado por políticos

En una hora pueden llegar a acudir a la casa de los familiares de las víctimas tres políticos con sus respectivas comitivas.

La casa de las dos adolescentes a las que violaron la semana pasada en un pueblo del norte de la India, y el árbol de mango del que las ahorcaron se han convertido en un decorado mediático con el desfile de políticos incluido. EFE

 La casa de las dos adolescentes a las que violaron la semana pasada en un pueblo del norte de la India, y el árbol de mango del que las ahorcaron se han convertido en un decorado mediático con el desfile de políticos incluido.

El patio de la humilde vivienda, protegido del exterior por un muro prominente, es escenario durante los últimos días de un goteo constante de políticos que acuden a dar el pésame a la familia y a los que reciben los padres de las víctimas.

Los progenitores saludan tocando los pies de los forasteros en señal de respeto, acompañándolo en ocasiones de lágrimas y un abrazo, para después facilitarles una silla mientras los varones de la casa adoptan la común postura de cuclillas india.

"Tanto yo como mi partido estamos con vosotros. Lo que pasa con esta casta en el poder -Yadav, la misma que los violadores- es increíble. Primero somos gente de familia, luego políticos. Es muy importante vuestra seguridad", afirma uno de los visitantes.

A continuación, el político pide a uno de sus numerosos subalternos que le entregue una libreta, en la que anota un nombre y un número de teléfono, al tiempo que asegura: "Nos podéis llamar a cualquier hora, siempre estaremos disponibles para vosotros".

Las mujeres de la familia atienden desde la distancia, pocas veces intervienen, con sus rostros semicubiertos por los saris y con el llanto intermitente de la abuela de las dos jóvenes de 12 y 14 años, la cual, desde la tragedia, "se ha vuelto un poco loca".

"Estamos recibiendo muchas amenazas. A una de las mujeres de la familia, cuando regresaba a casa, le dijeron muchas cosas", asegura a los ilustres visitantes el padre de una de las adolescentes y cabeza de familia, a quienes escoltan día y noche varios policías.

"Nos dicen que nos preparemos, que los medios de comunicación y los políticos no van a estar aquí siempre y que cuando se vayan va a haber otro Mahabharata" (texto religioso hindú repleto de batallas y sangre), concluye el progenitor entre lágrimas.

En una hora acuden a la casa tres políticos con sus respectivas comitivas, un ritmo agotador para los que guardan luto, pero que sin embargo ellos agradecen con sinceridad, convencidos de que su presencia, así como la de los medios, es su única protección.

"Los políticos nos hacen muchas promesas y eso nos ayuda. (...) Pero la gente nos dice que cuando se vayan la Policía y los medios nos enterrarán. Puede que tengamos que dejar este lugar y vivir en otro lado", explica a Efe Babu, tío de las niñas. Babu, de 25 años, fue el primero que dio la voz de alarma.

Regresaba de trabajar del campo, ya de noche, cuando escuchó los gritos de sus sobrinas. Se acercó corriendo y vio con la ayuda de una linterna cómo uno de los vecinos del pueblo, Pappu Yadav, las cogía de los pelos y las arrastraba. Babu se enfrentó a él, pero como sacó una pistola huyó y se fue a pedir ayuda a sus hermanos.

Cuando regresaron ya no estaban, por lo que decidieron ir a la comisaría, donde padecieron los insultos, el desprecio y la indiferencia de los agentes, que pertenecían a la misma comunidad que el agresor.

Después de mucho insistir arrestaron a Pappu, que confesó el crimen, y más tarde a dos de sus hermanos, que también participaron en la violación, pero ya era demasiado tarde.

"(El policía) nos dijo que fuéramos a buscarlas, que estaban colgadas de un árbol. No le creímos y nos fuimos a la comisaría del distrito, pero cuando estábamos de camino nos llamaron: las habían encontrado ahorcadas", narra el tío con la voz entrecortada.

El árbol de mango del que fueron colgadas las dos primas está situado en una pequeña arboleda, aislada en medio de la llanura, a unos trescientos metros del pueblo.

A medio camino entre la arboleda y la residencia de las víctimas está la zona de cultivo a la que habían acudido las dos primas a orinar, al carecer de servicio en casa, la noche que las capturaron.

El transitar de gente hacia el árbol de mango, como si de una peregrinación se tratase, es constante, y en ocasiones, la llegada de poderosos todoterrenos, irrumpe en el lugar como una tormenta, levantando grandes nubes de polvo y arena a su paso.

Ya en la arboleda, protegidos bajo la sombra del ardiente sol, vecinos y visitantes asisten, con cierto espíritu de feria, al paseo de políticos y a los directos televisivos, con la presencia incluida de familiares de las víctimas, de las principales cadenas indias. Hema Badhwar Mehra, activista y política, se muestra indignada.

"Cada vez que sucesos como este pasan se convierte en un circo mediático. La atención se mantendrá quizá por los próximos diez días y después todo el mundo se moverá hacia algo nuevo. No sé qué va a ser de esta familia cuando todos se vayan", concluye Mehra.

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