'La Corte Constitucional no es consecuente con los animales'

El magistrado Enrique Gil Botero pide a la Corte aclarar por qué avala que se protejan los derechos de los animales que trabajan en los circos y no los de los toros que mueren en las plazas.

Animalistas se reunieron esta semana en la Plaza de Bolívar, en Bogotá, para rechazar el fallo de la Corte Constitucional. / Luis Ángel
Animalistas se reunieron esta semana en la Plaza de Bolívar, en Bogotá, para rechazar el fallo de la Corte Constitucional. / Luis Ángel

Gonzalo Sanz de Santamaría no oculta la alegría que le produce la noticia de que las corridas de toros regresan a Bogotá. El bisnieto de Ignacio Sanz de Santamaría —quien hace 83 años fundó la plaza de toros en el barrio La Macarena— siente que la decisión que acaba de tomar la Corte Constitucional, al defender el toreo como una expresión artística y cultural de arraigo, que tiene que ser respetada en referencia al derecho fundamental de la expresión, es una reivindicación de los derechos de las minorías taurinas.

“Así como las costumbres de las poblaciones afro o los derechos de la comunidad LGBTI merecen ser respetados, nuestro derecho a seguir con esta tradición ahora está siendo reconocido. Los españoles nos trajeron la religión, nos impregnaron su cultura, nos mostraron la tauromaquia. El fallo de la Corte Constitucional es una victoria. La gente a la que no le gustan estos espectáculos puede simplemente no participar”, dice Sanz de Santamaría.

Pero otra cosa piensa el magistrado del Consejo de Estado Enrique Gil Botero, quien estuvo detrás del fallo que obligó a Manuel Elkin Patarroyo a cerrar su centro de investigaciones en el Amazonas hasta que garantizara que los derechos de los micos con los que experimenta no volverían a ser vulnerados.

Para Gil Botero, la decisión de la Corte de obligar a que Bogotá reanude en los próximos meses las corridas va en contravía de otros pronunciamientos que ese tribunal ha hecho frente a la defensa de los derechos de los animales.

“La Corte ha incurrido en una contradicción grande y está enviando un mensaje equívoco al país, porque está desconociendo en este fallo un ámbito de protección a los derechos de los animales que ya es reconocido por la legislación colombiana. Este tribunal no puede estar por encima de la ley”, dice.

No es comprensible, considera Gil Botero, que hace un par de meses la Corte Constitucional haya declarado ajustada a la Constitución la ley que prohíbe la utilización de animales silvestres en los circos y las peleas de perros, defendiendo que tenían derecho a no ser sometidos a malos tratos y sufrimiento, y ahora, cuando se habla de las corridas de toros, los derechos de los animales quedan en el aire.

“A partir de una postura conveniente y bajo un pretexto tan fútil como decir que las corridas son una tradición cultural, se está permitiendo que los toros se vean obligados a protagonizar actos degradantes en los que los humanos disfrutan del sacrificio. ¿Acaso los circos no tienen una amplia tradición cultural que viene de los gitanos? La Corte está en un laberinto sin salida con estos conceptos contradictorios y tendrá que aclarar su postura. Desde el Consejo de Estado hemos insistido en que el país debe transformar su paradigma frente a la relación que tiene con los animales. Eso hablará de nuestra civilidad. Así como fueron reconocidos los derechos de las comunidades negras y de las mujeres, se deben defender los de los animales”, dice el magistrado Gil Botero.

En contravía de lo que expone el Consejo de Estado, los taurinos aseguran que no existe un trato más digno que el que les dan los humanos a los toros de lidia.

“No han querido entender que si se acaban las corridas, los toros bravos también van a desaparecer. Esa raza sigue viva gracias a los criaderos. Durante cuatro años esos animales crecen en las mejores condiciones, conviven con otras especies, se alimentan de la mejor forma y luego se preparan para ir a la plaza, donde luchan y mueren en un ritual en el que se les rinden honores. No los sometemos a tratos degradantes, como ocurre con los cerdos o los pollos que luego nos comemos o las vacas de donde se saca la leche. Cuando sale a pelear, el toro tiene tanta adrenalina encima y está tan embebido en su pelea que no siente las punzadas; genéticamente está preparado para esta pelea”, dice Gonzalo Sanz de Santamaría, líder de la ganadería Mondoñedo.

Estos argumentos son inconcebibles para las decenas de animalistas que esta semana se han tomando la Plaza de Bolívar en Bogotá rechazando el regreso de las corridas a la capital. Algunos creen que es hora de que se realice una consulta popular para que sean los ciudadanos, en las urnas, los que definan si quieren que un espacio público como la Plaza de Santamaría vuelva a ser casa de toreros.

Otros, como el representante por el Partido Liberal Juan Carlos Losada Vargas ya anuncian que llevarán al Congreso un proyecto de ley para prohibir las corridas en todo el país. Una muestra más de que el debate sobre el derecho de los animales continúa abierto.

acuevas@elespectador.com

@angelicamcuevas

Temas relacionados