Del chikungunya a las universidades de garaje

Entre los retos que le esperan al país este 2015 se encuentra el trabajo conjunto de los actores de la salud para mejorar el sistema.

El déficit de lluvias que les esperan a las regiones Andina y Caribe, durante los próximos dos meses, será uno de los primeros desafíos para el sector ambiental. / El Espectador

El clima, tarea conjunta

A principios de abril de 2014, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) presentó un documento en el que le señalaba al Gobierno cuáles eran los puntos que debía mejorar si quería formar parte del llamado club de “los países ricos”. Entre las recomendaciones el comité señalaba que había poco control sobre las Corporaciones Autónomas Regionales, un exceso tremendo de minería ilegal, altas cifras de deforestación y contaminación de las cuencas hídricas.

Y esos, justamente, siguen siendo algunos de los desafíos ambientales que habrá que cumplir este año, y como asegura Manuel Rodríguez, exministro de esa cartera, lo que resume es un cambio en la política ambiental que incluye una modificación del Código Minero y un mayor esfuerzo para evitar los conflictos socioambientales. Eso incluye, como lo reconoce Gabriel Vallejo, ministro actual, más educación ambiental. “Crear esa cultura será esencial este año”, dice.

Pero esa tarea tiene un punto esencial que agrupa el trabajo de muchos sectores: hacerle frente al cambio climático y desarrollar mejores mecanismos de prevención. De hecho, el capítulo del calentamiento global ya arrancó con la inevitable presencia del fenómeno de El Niño. Afrontarlo no sólo es un objetivo del Ministerio y el Ideam, sino de la correcta planeación de los sectores productivos y las autoridades locales. Hay una responsabilidad empresarial, pero también individual: el ahorro de agua y energía resultará esencial a la hora de sobrellevar la seguía en las regiones Andina y Caribe.

Sin embargo, no sólo se trata de esa variable. También habrá que apuntarle a reducir la emisión de gases de efecto invernadero, ya que en París se espera llegar a un acuerdo que reemplace el Tratado de Kioto. Para ello será clave incrementar los trabajos para reducir la deforestación, calculada en 2014 en 120.933 hectáreas.
Entre otros puntos claves también está la delimitación de los páramos colombianos, asunto que ya empezó con el de Santurbán, y la mejoría del río Bogotá, tareas que Vallejo espera resolver en los próximos 12 meses.

Educación, la promesa pendiente

El crecimiento económico que ha experimentado Colombia en los últimos años, pero también Brasil, Chile, México y otros países en la región, ha venido de la mano de una demanda social urgente: mejor educación para todos.

Esa exigencia, hecha a través de movimientos ciudadanos, marchas pacíficas y diversas organizaciones políticas, marcó el regreso de Michelle Bachelet en Chile, la reelección de Dilma Rousseff en Brasil y la de Juan Manuel Santos en Colombia. Los tres mandatarios se comprometieron durante sus campañas políticas de 2014 a ofrecer una mejor educación. Colombia, no está mal recordarlo, empieza desde el fondo de la tabla según las pruebas Pisa. A partir de este año veremos quién cumple sus promesas, aunque los resultados son difíciles de medir.

En materia de educación superior, el gobierno Santos tiene en sus manos el Acuerdo por lo Superior 2034, que le entregó el año pasado el Consejo Nacional de Educación Superior (Cesu). Allí están planteadas las diez prioridades del sistema universitario y 136 lineamientos que deberían orientar la política pública educativa del país en las próximas dos décadas.

La ministra de Educación Gina Parody ha dado señales de estar dispuesta a promover cambios en el sistema universitario. Al poner orden en la Universidad San Martín demostró durante sus primeras semanas frente al Ministerio que no se juega con la calidad y los recursos del sector. Además, a pocas semanas de concluir 2014, Parody logró que el Congreso de la República aprobara una ley que fortalece las facultades de inspección y vigilancia del Ministerio de Educación. ¿Veremos en 2015 el fin de las universidades de garaje?

Pero la educación superior es apenas el último eslabón del sistema educativo. Tal vez el que más atención acapara, pero no el más importante. Los verdaderos problemas del sistema comienzan en la primera infancia y en la formación de maestros. Por esto será interesante ver en 2015 cómo logran el Ministerio de Educación y las secretarías convertir en realidad la hoja de ruta trazada por el movimiento Todos por la Educación.

Son siete objetivos producto de un consenso entre expertos, empresarios, maestros, estudiantes, sociedad civil. Hasta ahora al gobierno Santos no le ha resultado fácil trabajar de cerca con estos movimientos civiles. Ha tomado nota del mensaje, pero ha mirado con distancia y sospecha a sus promotores.

1. Consolidar un sistema articulado entre los diferentes ciclos vitales.
2. Garantizar el desarrollo integral para el 100% de la primera infancia.
3. Universalizar la jornada única.
4. Garantizar el derecho a la educación superior, así como la formación para el trabajo y el desarrollo humano.
5. Elevar el estatus profesional de docentes y directivos.
6. Vincular activamente a todos los sectores sociales, políticos y económicos en torno a la calidad educativa.
7. Aumentar los recursos del sector educativo.

Salud: todos ponen


En una de las entradas que escribió para su blog en 2014, el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, recordaba lo dicho por el médico y filósofo estadounidense Ezekiel J. Emmanuel: la complejidad de un sistema de salud implica que no existe un sistema ideal. Tampoco existe una reforma definitiva. Una vez un problema es resuelto, otros problemas, fallas y desafíos se harán evidentes.

En 2014, el Gobierno vio cómo naufragaba su reforma al sistema de salud en las siempre turbias aguas del Congreso. En respuesta a esa falta de consenso político, el ministro Gaviria entendió y apostó por minirreformas a punta de decretos, demostrando que con las herramientas jurídicas y administrativas actuales se puede hacer mucho: logró un control de precios de los medicamentos y medidas para que médicos y laboratorios hagan públicas sus relaciones comerciales, saneó la cartera de hospitales públicos, ha intentado fortalecer los servicios de información y continuó el proceso para igualar el régimen contributivo y el subsidiado, entre otras medidas.

Pero como lo apuntó en su blog, todos los elementos del sistema están interconectados y éste sólo funcionará si cada cual hace bien su trabajo. Mientras se logra el ambiente político para ajustar las tuercas grandes del sistema (por ejemplo, definir mejor el papel de las EPS dentro del sistema), son muchos los aspectos que se pueden seguir corrigiendo si todos los actores trabajan juntos y abandonan la política de culparse mutuamente.

Las asociaciones de pacientes deben seguir fortaleciéndose, cumpliendo con el papel de vigías del sistema, pero desmarcándose de las influencias de las farmacéuticas. Cada colombiano tiene el deber del autocuidado. La epidemia del chikungunya es un buen ejemplo de la necesidad del cambio de mentalidad. Mientras todos preguntan dónde está el Estado para que evite la expansión de esta enfermedad, casi nadie se agacha a recoger las llantas o envases con agua represada frente a su propia casa, donde se reproduce el mosquito.

Los gremios médicos y las sociedades científicas, además de incentivar nuevos liderazgos dentro de sus propias organizaciones, seguirán teniendo un papel crítico en la sostenibilidad financiera del sistema y deberían buscar mecanismos para apoyar esta tarea. Lo que hagan y dejen de hacer impacta profundamente la contabilidad general.

A nivel municipal y departamental, las autoridades locales tienen una gran tarea en el control de los recursos y la calidad del servicio. También, como lo ha señalado Gaviria, en ejecutar acciones de salud pública más efectivas. Su papel es clave en el funcionamiento de hospitales.

El Ministerio de Salud sabe que hay unos retos que se repiten año tras año: lograr mayor estabilidad financiera y cerrar brechas en indicadores de salud básicos entre las ciudades y las zonas rurales, así como adecuar el sistema a nuevas realidades demográficas y tecnológicas.

Por último, es posible que se firme un acuerdo de paz en La Habana, y sin embargo los directivos de las EPS no han logrado hacer las paces con sus principales contradictores, los directivos de las clínicas y hospitales. Este año podrían avanzar en destruir la desconfianza.

El año 2015 podría ser bueno para entender de una vez por todas que el sistema de salud depende de reclamar derechos, pero también de cumplir con los deberes de cada uno. Y en ese esfuerzo de entender que el sistema sólo funciona si todos ponen de su parte, los jueces deben seguir definiendo su papel de influencia sobre las decisiones médicas para garantizar la defensa de los derechos de los pacientes sin olvidar el bien colectivo.