“Se hace camino al volver a mirar”

Dos décadas de acción en favor de la infancia

El programa “Pisotón”, de la Universidad del Norte de Barranquilla, lleva 20 años logrando que niños y niñas se reconozcan como seres trascendentes.

Ana Rita Russo de Sánchez.Cortesía

Hace dos décadas, con el propósito de promover un programa de apoyo psicológico y social a los menores de entre dos y nueve años, que además tuviera rigor científico, nació el programa de desarrollo psicoafectivo y educación emocional “Pisotón”, de la Universidad del Norte, en Barranquilla. Hoy, además de un diplomado para agentes educativos, docentes y facilitadores, la iniciativa tiene cobertura nacional e internacional, con más de cinco millones de niños beneficiados.

Inicialmente, el programa tuvo sus primeras aplicaciones en Cartagena, Sincelejo y Santa Marta, pero fue tal su éxito, que pronto trascendió la región Caribe. En un país como Colombia, con sus dificultades naturales y sociales, eran muchos los escenarios donde podía crecer. Tras el terremoto del Eje Cafetero en 1999 fueron capacitados 400 docentes. Después vinieron diversos convenios con los sectores público y privado, y la atención se fue extendiendo a más de 4.000 familias.

En la actualidad, el programa “Pisotón” no solo hace presencia activa en los siete departamentos del Caribe, sino que se desarrolla en Bolivia, México y Ecuador, en alianza con Unicef, las fundaciones Bancolombia y Mario Santo Domingo y con el auspicio de incontables entidades no gubernamentales y organismos internacionales que han verificado su efectividad. Hace un lustro, “Pisotón” fue reconocido como uno de los mejores programas en educación para la primera infancia.

Su directora es la psicóloga Ana Rita Russo de Sánchez, quien tiene clara una convicción: si bien es cierto que por ahora no se pueden evitar las situaciones adversas que viven nuestros niños y niñas, “sí es posible minimizar sus efectos negativos y transformarlos”. Exaltada en 2013 por la Fundación Mujeres de Éxito, esta profesional lidera un modelo de aprendizaje lúdico-familiar, que a través de cuentos, psicodramas, juegos y relatos vivenciales blinda el entorno de los infantes.

El protagonista del programa es un amistoso hipopótamo (Pisotón), que se involucra en cada paso del proyecto. Primero a través de los cuentos que inducen a que los niños expresen sus emociones. Después con psicodramas para sacar de su encierro temores o sentimientos encontrados. Y luego entran los juegos, replicados en los hogares, de tal manera que las diversas expresiones emocionales de los padres se puedan convertir en seguridad para los niños.

Con el objetivo de mostrar que “Pisotón” es “saber investigativo que trasciende el universo académico”, la Universidad del Norte recopiló la experiencia en el libro Pisotón 20 años, se hace camino al volver a mirar. Un texto que no solo explica las bases conceptuales del programa, sino que, de manera creativa, recoge vivencias de los educadores y los niños, además del aporte personal de quienes han sido los grandes soportes del proyecto.

En criterio del pediatra y docente del diplomado Luis Sánchez del Villar, “los primeros mil días de vida, que comprenden los 270 de gestación, los 365 del primer año y los 361 del segundo, constituyen un período de oportunidades para la organización del desarrollo y la salud del ser humano, pero también de alta vulnerabilidad en temas como nutrición, salud, estimulación y seguridad afectiva”. Esta precisión conceptual demuestra el rigor de “Pisotón”.

Por eso, cada etapa del programa tiene su razón de ser. En los cuentos, por ejemplo, Pisotón va al colegio trabaja la ansiedad de separación y el abandono. Mío, mío, mío se enfoca en la autonomía y la disciplina para compartir y resolver conflictos con pares. Quitémosle el disfraz al monstruo aborda las relaciones con la autoridad. Bambú, la jirafa alude a la autoestima, reconociendo que la felicidad no está en ser como todos, sino en exaltar lo que en cada uno es irrepetible.

La pedagoga y profesora del Departamento de Educación de la Universidad de Barcelona Anna Forés Miravalles refiere que los 20 años de “Pisotón” merecen 20 excusas para hablar de resiliencia y, a través de los testimonios de niños beneficiarios, lo resume en valores como admirar la belleza, sentir compasión, entender la riqueza de la diversidad, descubrir posibilidades, asumir que la vida no es cuestión de suerte sino de trabajo y creer en el amor, el silencio y el humor.

En el libro Pisotón se vuelve reportero para saber cuál era el juguete favorito o el mejor recuerdo de niños, de personajes como el presidente de la Fundación Pablo Gabriel Obregón; el presidente del Consejo de Estado, Germán Bula; la vicerrectora de la Universidad del Norte, Alma Lucía Díaz Granados; el expresidente de Bancolombia Carlos Raúl Yepes, y la exdirectora del ICBF Karen Abudinen. Todos coinciden en el soporte de la familia como la clave de sus vidas.

Los niños del programa lo ratifican. Jesús Ernesto Castro, de Puerto Colombia (Atlántico), dice “que ante todo lo hace feliz su familia, aunque Pisotón le enseñó a hacer buenos amigos”. Juan José Cataño, de Medellín, agrega “que lo pone feliz visitar a Pisotón, porque es como su primo”. María Camila Palacios, de Barranquilla, recalca que “el programa le enseñó a ser grande y fuerte”. Una madre de Yopal sintetiza así su experiencia: “Los juegos nos han integrado a la familia”.

“Pisotón es investigación permanente transformada en acción”, recalca Ana Rita Russo, quien pretende ahora que el programa tenga muchos aliados en el periodismo. El rector de la Universidad del Norte, Jesús Ferro Bayona, agrega “que se debe seguir trabajando en los actores de la sociedad del futuro”. Pisotón concluye que su objetivo es replicar su mensaje de ayuda a los niños, “para que recorran los laberintos de la vida, convirtiendo su día a día en el más hermoso crecimiento, el de su ser”.

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