El papa guarda silencio

Exarzobispo acusa al Papa de encubrir delitos sexuales

Semblanza del italiano Carlo Maria Viganó, quien llegó a ser uno de los más poderosos de la Santa Sede y ahora ataca a Francisco acusándolo de encubrir a pederastas, aunque a él lo han señalado por lo mismo.

Carlo María Viganó, el ex arzobispo italiano que llegó a ser el segundo en el gobierno del Vaticano. No fue cardenal y ahora contraataca. / AP

El ex arzobispo Carlo Maria Viganó, nacido en Varese, Italia, en 1941, y quien fuera secretario general y segundo de la Gobernación del Vaticano representa hoy la cizaña de la que tanto ha hablado el papa Francisco desde que asumió el poder de la iglesia católica desde 2013.

El fin de semana pasado se reveló una carta suya de once páginas en la que acusó al pontífice argentino y a los últimos tres secretarios del Estado Vaticano de encubrir episodios de pederastia, documento al que Francisco no ha querido responder. Viganó llegó a tener mucho poder en la Santa Sede, pues también fue jefe de personal, pero nunca fue elegido cardenal y quienes lo conocen, como el periodista Gianluigi Nuzzi, autor de la investigación Vaticano S. A. (Planeta 2010), es un personaje indignado por no haber llegado a la cúpula católica y capaz de generar el caos en Roma. (Le puede interesar: El papa se negó a comentar).

Tuvo una etapa de eficiencia que le reconoce en propio Nuzzi por haber saneado las finanzas vaticanas hasta 2011, cumpliendo órdenes de Benedicto XVI. Descubrió y denunció sobrecostos en todo el aparato de donaciones de la Iglesia hasta en la jardinería de la Santa Sede. Bajó el presupuesto del pesebre de 550 mil euros a 200 mil. Al final de su gestión se pasó de pérdidas de ocho millones de euros a utilidades de 34 millones.

Eso derivó en la destitución de un arzobispo en Sicilia y que el instituto bancario vaticano IOR (con 33 mil ahorradores y más de 5 mil millones de dólares de depósitos reales) pasara al control ético de la Comunidad Europea en busca de transparencia en todas las operaciones financieras bajo la supervisión de cinco cardenales. Francisco, incluso, ordenó la clausura de 1.200 cuentas de personas sospechosas de aprovecharse de “la acción solidaria de la Santa Sede”. (El banco de Dios en Colombia).

De eso dio cuenta a los dos últimos papas en cartas, que luego se ocupó de que se filtraran a la prensa para mejorar su perfil, pero que le generaron fuertes enemistades entre arzobispos y cardenales que salieron acusados. Ese perfil intrigante fue el que llevó a que no fuera ascendido a purpurado y, por el contrario, alejado del poder romano y enviado como nuncio a los Estados Unidos desde 2011. Allí también se hizo notar señalando a obispos estadounidenses implicados en casos de pederastia y pedofilia, pero sus causas no prosperaron y de eso se vale hoy para acusar incluso al propio Francisco, que debió ser puesto al tanto de sus denuncias a través del actual secretario de Estado, Pietro Parolin. (Vaticano corrige al papa sobre homosexualidad).

Sin embargo, por hechos similares, el New York Times acusó a Viganó del mismo encubrimiento: reprimió una investigación independiente en 2014 sobre la conducta sexual y posiblemente delictiva del arzobispo John C. Nienstedt, de St. Paul y Minneapolis, y ordenó a los funcionarios de la iglesia destruir una carta que le escribieron a él en protesta por la decisión. Esto se supo por una carta de un sacerdote indignado, Dan Griffith, que tenía un puesto alto en la arquidiócesis y era el enlace con los abogados que llevaban a cabo la investigación. Él insistió en que la orden del embajador de suspender la investigación y de destruir la evidencia es el "típico encubrimiento para preservar poder y evitar el escándalo".

Así haya sido llamado al retiro desde 2016, Viganó representa la cizaña a la que el papa se ha enfrentado en busca de una Iglesia más moderna y transparente. El ex arzobispo todavía es influyente porque lo respalda la llamada vieja guardia del Vaticano, representada por cardenales como Bagnasco, Ruini , Scola, Re, quienes han forjado una oposición a Francisco, a su vez respaldado por los llamados modernistas.

El periodista Daniel Verdú informa hoy desde Roma para El País de España: “La guerra sucia vuelve al Vaticano”.  Asegura que “los cuervos vuelan bajo y amenaza tormenta”, a raíz de la carta de Viganó que denuncia el encubrimiento los abusos del cardenal Theodore McCarrick. Según él, “el alcance destructivo de la denuncia todavía no se conoce. Pero su calculada publicación, diseño y necesaria colaboración certifican la reapertura de una guerra que corre el riesgo de organizar definitivamente a los opositores a Francisco, más interesados en el poder extraviado que en la ideología o los abusos que denuncian ahora e ignoraron cuando pudieron actuar”.

Él define a Viganó como “inestable, de carácter complicado, propenso a las intrigas e inclinaciones a la mentira”. Además, los vaticanistas coinciden en que es un garganta profunda todavía muy peligroso por sus antecedemntes: estuvo en el origen de los "Vatileaks”, otro de los episodios de filtraciones sobre corrupción en la Santa Sede, y, según Verdú, “acumuló toneladas de información sensible a su paso por el Governatorato de la Ciudad del Vaticano y la Secretaría de Estado, de modo que no sería extraño que sorprendiese con más documentos”. 

Se le relacionó con el robo de papeles con responsabilidad del mayordomo papal, Paolo Gabriele, el hurto masivo y más grave de documentos que terminaron publicados en un libro titulado Vaticano SPA (Vaticano sociedad por acciones) y una veintena de publicaciones llamadas “Lo que el viento se llevó en el Vaticano”. Y Viganó es apenas uno de los personajes que enfrenta Francisco en su promesa de cumplir la parábola de convertir la cizaña en trigo.