El honor de la escuela pública

Una lluvia de críticas ha caído sobre los príncipes de Noruega por haber tomado la decisión de retirar a sus hijos de una escuela pública y enviarlos a una institución privada.

La princesa Ingrid Alejandra, los príncipes herederos Mette-Marit y Haakon, Marius Hoeiby, y el principe Sverre Magnus de Noruega. / EFE

Una tormenta política desató en Noruega el anuncio de los príncipes herederos del trono, Haakon y Mette-Marit, de cambiar a sus dos hijos de la escuela pública para matricularlos en instituciones privadas. La prensa, los sindicatos y los opositores políticos han dejado claro su malestar por esta decisión que rompe con una tradición cultural en la que los hijos de las principales personalidades del país van a las mismas escuelas que el resto de la población.

Los príncipes, seguramente después de calcular los costos políticos que tendría la decisión, anunciaron que su hija Íngrid Alexandra, de 10 años, estudiará en la Oslo International School, mientras que su hermano, Sverre Magnus, de 8, lo hará en la escuela Montessori. Se trata en ambos casos de centros privados. De acuerdo con los cálculos hechos por los periodistas del diario Aftenposten de este país nórdico, los príncipes tendrán que pagar unas 206.000 coronas noruegas (25.336 euros) anuales. Pero el dinero quizás sea lo menos importante en este debate.

El argumento para justificar el cambio de escuela en el caso de la primogénita es que los padres quieren que reciba “competencias básicas” para hablar y pensar en inglés, según lo expresado por un portavoz de la casa real. Pero si ese era el argumento, parece que sólo sirvió para avivar las llamas de la polémica.

“Los príncipes han mostrado compromiso social y en ese sentido es natural preguntarse si han pensado en la señal que envían, como si las escuelas privadas fueran mejores que las públicas, al decidir ir a una escuela internacional para aprender inglés”, declaró Anders Folkestad, líder de Unio, el segundo sindicato más numeroso del país.

Noruega, de acuerdo con las pruebas Pisa, ocupa el puesto 30 en matemáticas, el 31 en ciencia y el 22 en lectura. Según el informe de la OCDE, esto significa que los niños noruegos tienen una formación cercana al promedio en matemáticas, un poco superior en lectura y están un poco abajo del promedio en ciencias.

Del lado del partido laborista, Martin Kolberg, líder parlamentario adjunto del principal partido de la oposición, calificó la decisión como un paso “muy claro” para distanciarse de los ciudadanos. “Si la casa real no mantiene su carácter popular, eso implica caminar hacia la desmantelación de la monarquía. No hay razón para enviar a tus hijos a una escuela privada en Noruega”, dijo.

Esta tradición, enmarcada en el igualitarismo, que consiste en considerar a cada ser humano como igual sin importar su raza, religión, sexo u orientación sexual, es también una costumbre en la familia real holandesa. Allí, tanto el rey Willem-Alexander como sus hijas Catharina-Amalia, Alexia y Ariane, asistieron a escuelas públicas.

Por eso el diputado de izquierda socialista Torgeir Knag Fylkesnes se encargó de recordarle a la familia real que en Noruega existe una larga tradición según la cual usan la educación y la sanidad públicas.

La primera ministra, la conservadora Erna Solberg, se negó a criticar a los príncipes por su decisión, aunque rechazó hacer algo similar en su familia. “Nunca he pensado en enviar a mis niños a una escuela privada, pero respeto el derecho de todos a tomar sus propias decisiones acerca de sus hijos”, afirmó en una rueda de prensa.

La atención mediática generada en las últimas horas hizo que el propio Haakon, heredero al trono noruego, se refiriera hoy a la cuestión durante un acto público.

En Colombia, claro, el debate ni siquiera se plantea. Aun en el caso del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, un férreo defensor del sistema de educación pública, al punto que ha cuestionado el modelo de los colegios en concesión, dos de sus hijas estudian en el Liceo Francés.