El imposible viaje a la Luna

Se cumplieron ayer, 20 de julio, los cincuenta años del viaje a la Luna. La primera vez que supe que alguien afirmaba que todo había sido un montaje, tengo que reconocer que me indigné: ¿cómo podía alguien pensar esto? Hoy, un tiempo después, entiendo mejor esa posición.

La humanidad puede lograr todo lo que quiera si supera sus miedos y se entrega en cuerpo y alma a un objetivo valioso.Getty Images

Para quienes sentimos la emoción de ver la transmisión en directo y en blanco y negro, no se trató del triunfo de un país, sino de una hazaña que se sintió completamente propia. Yo era un niño y puede ser que los recuerdos se encuentren un poco distorsionados, pero creo que todos, por unos momentos, nos sentimos como cuando nuestro país gana un gran evento deportivo, solo que en este caso no había ningún perdedor, todos habíamos ganado.

Una imagen imborrable que, solo ahora que lo pienso al escribir este artículo, seguramente afectó mi forma de ver la vida y creo que influyó también en la de muchos otros. ¿De allá vendrá ese optimismo en las posibilidades del género humano? ¿De allí esa confianza en la ciencia y la tecnología? ¿Esa fe en el poder de la educación? No sé si sea un rasgo generacional, pero parece que ese optimismo, confianza y fe no están tan extendidos hoy día, la verdad, para mi sorpresa.

A mi corta edad, no conocía las palabras del presidente Kennedy, aquellas magníficas “elegimos hacerlo no porque sea fácil, sino porque es difícil”. Tampoco sabía que bien visto, el límite de diez años y el reto que puso sobre su gente era inalcanzable. Para su época no existían los métodos, los medios ni los materiales físicos necesarios y no había una razón válida para imaginar que se podrían conseguir. Sencillamente, puso una meta inalcanzable y se comprometió en público con ella.

Pero no se necesitaba mayor imaginación o conocimiento para entender que la Luna quedaba, no digamos lejos, sino “en el espacio”, en otra dimensión, tan distinta que era necesario que sus visitantes guardaran cuarentena, no fuera que alguna enfermedad que trajeran acabara con la humanidad. El riesgo de una desintegración al entrar a altísimas velocidades en la atmósfera me era desconocido, pero para mí sí era muy clara la posibilidad de ver morir a los astronautas a través de un vidrio entre gritos de dolor y solicitud de ayuda sin que nadie permitiera abrir el recinto de cuarentena.

Hasta hace muy poco, viendo uno de los muchos documentales del tema, me enteré de algo obvio: solo había una posibilidad de regresar a la nave nodriza; si el sistema fallaba, si los motores no actuaban de la forma esperada, la nave no habría despegado de la Luna y los dos astronautas habrían quedado atrapados para siempre y sin remisión, a la espera de una muerte por asfixia, conscientes de lo que les esperaba. Tan real y posible, que pude ver el discurso escrito para que leyera el presidente Nixon en donde diría: “Estos valientes hombres, Neil Armstrong y Edwin Aldrin, saben que no hay esperanza de ser rescatados, pero también saben que hay esperanza para la humanidad con su sacrificio”.

Hoy, quizá quienes no vivieron esa experiencia en carne propia, dudan con razón. Es mucho más probable que lo que vimos haya sido un montaje en un estudio de Hollywood dirigido por Stanley Kubrick, de 2001: Odisea del espacio. Hay algo claro: si estaban en la Luna ¿cómo es que no se ven las estrellas? Seamos lógicos, quien esté en la Luna tendrá el cielo más estrellado posible, y si lo que vemos, en cambio, es un fondo negro, ese solo puede ser el fondo oscuro de un estudio de grabación.

¿De dónde sale la anterior certeza? Pues justamente de 2001: Odisea del espacio y de todas las películas similares. ¿Acaso en todas las películas del espacio el cielo no esté estrellado? Surge una duda, claro, ¿por qué Kubrick cuidó tanto que en su película 2001 siempre hubiera estrellas, y se le pasó ese detalle por alto justo en el “momento cumbre” de su carrera? La verdad es que quien esté en la Luna o, en general, en el espacio, verá el cielo estrellado, pero quien tome una foto, debe cuadrar la entrada de luz o para fotografiar las estrellas o para fotografiar el entorno, pero no puede hacer las dos cosas. Es decir, si la filmación del hombre en la Luna tuviera estrellas, ¡sería falsa!

¿Cuántas “certezas” de engaños y desconfianza tendrán esta misma característica? ¿De cuántas cosas dudamos precisamente porque al no ser obvias a nuestro sentido común son justamente reales? Alguna vez quienes ven en todo esto una conspiración ¿se han puesto a considerar que es incluso más fácil ir a la Luna que coordinar a tantos para tantas cosas por tanto tiempo?

Como decía al principio, quienes dudan de la llegada del hombre a la Luna, a pesar de las innumerables pruebas que hay, ya no me generan indignación; al contrario, creo que en realidad hacen un nuevo homenaje a esa hazaña: es tan, pero tan difícil de lograr, que solo podemos creer que no es verdad.

Mi muestra de admiración y agradecimiento a todos los involucrados en la carrera espacial por haberme mostrado desde muy temprano todo lo que la humanidad puede lograr si supera sus miedos y se entrega en cuerpo y alma a un objetivo valioso.

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Ciro Gómez Ardila - Profesor de Inalde Business School

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El imposible viaje a la Luna

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