El mito de los 40

Esta edad los hombres experimentan una sensación de pérdida de poder, la respuesta es más lenta y el deseo puede disminuir, no es cierto que el sexo pase a un segundo plano o se deje de disfrutar.

Cuando los hombres comienzan a acercarse a los 50 deben enfrentar una avalancha de cambios que inevitablemente afectan su estado de ánimo y su sexualidad. Se convierten en abuelos, se pensionan y su rol como jefes de hogar es reemplazado por el liderazgo de los hijos que quieren librarlos de preocupaciones para impulsarlos a disfrutar de una nueva etapa de la vida mucho más reposada y tranquila. Se dice además que después del cuarto piso el deseo sexual disminuye, las erecciones se ralentizan y el rendimiento en la cama ya no es el mismo. Un escenario que suena aterrador, pero alrededor del cual se han tejido muchos mitos.

Efectivamente, como lo decía Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, “una de las tragedias del hombre es que su deseo sexual persiste mucho más allá del momento en que terminan sus erecciones” y esto lo siente con más fuerza el adulto maduro. Además, el cuerpo deja de obedecer con la misma rapidez las órdenes del cerebro, el pene tarda mucho más en ponerse duro (20 segundos aproximadamente) y el período entre una erección y otra aumenta considerablemente. Las faenas de tener tres y hasta cinco polvos seguidos, como en la adolescencia, son cosa del pasado y es común experimentar una sensación de pérdida de poder.

Sexólogos como Mario del Valle y Miguel Ángel Cueto han explicado en varios artículos sobre la crisis de los 40 que el gran problema de esta edad es aceptar que se es demasiado joven para usar Viagra y muy viejo para tener una respuesta eréctil instantánea. Muchos hombres siguen pensando —cuenta Del Valle en la revista Plenitud— que el pene actúa como la mano y en realidad tiene un impulso propio y reacciona a los deseos y no a las órdenes.

La clave, dice, es comprender este nuevo escenario y adaptarse. La actividad sexual no aparece en la adolescencia ni se desvanece con los años. Puede disfrutarse siempre. ¿Cómo? Recurriendo a juguetes o estimulantes como los vibradores, los aceites calientes o el famoso anillo que se pone sobre la base del pene y vibra llevando a la mujer al orgasmo y a experimentar una dosis de placer inolvidable.
Otra opción es concentrar más la atención en el calentamiento, en estimular a la pareja con sexo oral, besos en sus zonas erógenas, caricias, y gozarse el momento sin pensar sólo en el acto de tirar. Buscar escenarios diferentes a la cama, como la tina, el sofá de la sala o el estudio, también contribuye a estimular el deseo y a refrescar la vida sexual.

En caso de que aparezcan señales de disfunción eréctil, recuerde que muchas veces se trata de una señal de enfermedades como diabetes o hipertensión, problemas del corazón o depresión. No hay que autorrecetarse sino consultar a un especialista y recordar que una vida sexual plena no depende de la edad. El placer del sexo puede experimentarse a lo largo de toda la vida.

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