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Emprendimientos mentales: cómo el speedcubing se instituyó en Colombia

Wilson Duarte introdujo en el país esta disciplina y el Anzan, dos divertimentos de agilidad mental que comienzan a expandirse en el gusto de los más jóvenes.

Tomada de Pixabay-Referencia

Wilson Duarte agarra el cubo Rubik, y mientras vira la cara para atender a un curioso, pone a girar con los dedos los colores de cada cuadrante. Ocho segundos después, cada cara está uniforme. A su lado hay dos adolescentes que pudieran ser sus hijos. Wilson es joven, pero en el speedcubing es visto como un padre para los praticantes.

“La vedad, es que yo llegué a esto por accidente –comenta–. Realmente lo mío son los cálculos”. Fue en 2008, siendo profesor de matemáticas, que navegando en internet se encuentra con la disciplina que hoy defiende. 

Ese fue el momento en que conectó por redes sociales con dos practicantes más en Bogotá, uno en Cali y otro en Medellín. El núcleo fundador del speedcubing en Colombia como disciplina. “La gracia no está en armar el cubo, sino en armarlo velozmente”, especifica, y la fuerza del adverbio resuena como axioma.

Hacerlo velozmente, aseguran varias webs cuasi-médicas, mejora la circulación, la memoria, los reflejos. 

Hoy en día, aquellos cinco iniciadores son 34 mil, estima Wilson. Aunque reconoce que la “comunidad real”, la que participa en torneos, ronda las 350 personas de todo el país, con un 60% proveniente de la sabana bogotana.

Wilson Duarte. /Foto: Yoe Suárez ​

Cerca de nosotros, el par de adolescentes se enfrenta a un cronometro digital que marca, como brasa hirviente, los microsegudos, hasta detenerlo en 10. 

De las competiciones ha salido el record nacional: 6 segundos. La mundial es 4.62. 

-Pero ustedes están bastante bien.

-No –corta Wilson– un segundo de diferencia acá es un mundo. Esto es comparable con la carrera de los 100 metros. 

Dos segundos es el bronce. O nada, mucho peor, si es que hay algo peor que perder el oro, en las disciplinas que quieren asir al tiempo.

Tal vez fue su activismo el que lo hizo notarse ante los ojos de la World Cube Association, organismo que, al margen de toda sorpresa, designa delegados por el mundo. “Y aquí estoy de delegado –bromea Wilson–, como dice el Chavo: sin querer, queriendo”.

Lo primero que hizo fue crear la Tiende de Cubos. No quería que más nadie interesado en la disciplina pasara lo que él cuando quiso practicar: fue a una tienda de misceláneas y encontró un cubo recio, no profesional, pudiéramos decir. Ahora importa de Asia los que necesite, son de calidad, que bailan en las manos agitadas de sus discípulos.

La otra pasión de Wilson es el cómputo mental. Números y operaciones que excitan su espíritu emprendedor. Así, también creó Anzan Mega Arithmetic. El término, de origen japonés, significa “cálculo con la cabeza”. Es considerado mundialmente un deporte de la mente, y se practica en varios países orientales. 

La web Graó, especializada en pedagogía, describe el Anzan como un juego para aplicar las reglas del Soroban (el milenario ábaco japonés) y que ha despertado gran popularidad en centros docentes de Japón. Consiste, básicamente, en la suma de cifras de diversa longitud que aparecen sucesiva y rápidamente en una pantalla.

Wilson lo descubrió y quiso expandirlo por Colombia, tanto que ha fundado centros de preparación en las localidades de Bogotá, Chía, Cajicá, Zipaquirá, Villavicencio, Florencia y Neiva.

De otro lado de nuestra mesa, una niñita que no debe superar los 12 años fija sus ojos en números que salen cada dos segundos en un computador. En su cabeza proyecta una especie de representación mental del ábaco. Así no pierde la cuenta. Acaba el desfile de cifras y la niña teclea algo con sus manos escuálidas. La pantalla se ilumina, le dice que ha ganado.

Wilson deja de atenderme. Las victorias se comparten, a veces de modos extraños.