Cinco casos de inclusión laboral en Colombia

Empresas humanas y exitosas

Lejos de la caridad, estas compañías entendieron que empresas más diversas e incluyentes serán negocios más competitivos y sostenibles. Hoy la multiculturalidad sobresale en sus equipos de trabajo.

Trabajador beneficiario en Bogotá. / Cortesía

De inclusión se habla tanto y tan poco que, pese a que hay mensajes en los noticieros, en los buses, en las calles, en YouTube, todavía es grueso el número de personas que no saben en qué consiste. Y no se trata de que no entiendan este término, sino que no lo ven reflejado en la cotidianidad.

De modo general, la inclusión se puede definir como la implementación de los principios constitucionales: no discriminación, igualdad de acceso a hombres y mujeres y respeto para todas las personas, independientemente de cuestiones como la edad, pertenencia étnica, preferencia sexual y de género, entre otras cosas.

Sin embargo, tristemente, en Colombia una parte importante de la población que, por todo un conjunto de falta de oportunidades y violación de derechos, no han podido ser incluidos en el mercado laboral y accecer a un empleo formal.

Un panorama que solo cambiará con el tiempo y con las acciones diarias y constantes de distintos actores de la sociedad como las empresas. “Inclusión laboral no debe ser visto como la caridad que hacen las compañías. Por fortuna, nos hemos encontrado con compañías que entienden que la inclusión hace parte de sus negocios, porque la población que había sido excluida del mercado laboral como mujeres, jóvenes, y víctimas del conflicto pueden realizar grandes contribuciones a su sostenibilidad, generando la rentabilidad tan anhelada”, cuenta Alejandro Matos, Director de Cuso International en Colombia.

Esta organización, con el apoyo del Gobierno de Canadá, está trabajando para que los grupos sociales menos favorecidos tengan un empleo decente. “Colombia tiene el reto de generar mayores oportunidades laborales para la población en situación de vulnerabilidad. No basta con que tengan un trabajo y un salario, sino que todos y todas tienen el derecho a acceder a condiciones laborales verdaderamente dignas”, dice el directivo.

Los siguientes son cinco casos de compañías que desde hace algunos años han empezado a generar un cambio de paradigma en la sociedad desde la implementación de pequeñas a grandes acciones dentro de las empresas. Estas mismas fueron reconocidas por Cuso International, con el apoyo del Gobierno de Canadá, porque son conscientes de que empresas más diversas e incluyentes serán negocios más competitivos y sostenibles.

MESOFOODS
Para la compañía dueña de Presto y Oma, un motor de innovación y transformación surge desde la diversidad. Por eso su propuesta y, más que eso, la práctica de Mesofoods es ser una empresa de puertas abiertas en donde todas las personas tengan una oportunidad de empleo y desarrollo laboral. 

Promover una cultura diversa e incluyente va más allá de la responsabilidad que como organización tenemos con la sociedad; es la oportunidad de contar con capital humano integrado por personas diversas que enriquecen y contribuyen al crecimiento y al propósito de la compañía”, cuenta Patricia Uribe, Vicepresidente de Talento y Sostenibilidad.

Y agrega que el resultado de este propósito es ir transformando la organización a una cultura con mayor consciencia y más sensible, en la que se han ido modificando los paradigmas que en términos de vulnerabilidad, diversidad e inclusión aún existen en la sociedad colombiana. 

Este es el mensaje que Mesofoods comparte con las empresas que aún son ajenas al tema de inclusión: es importante comprender que la inclusión no es un tema de filantropía; es adoptar prácticas socialmente responsables que contribuyan a la calidad de vida de las personas y multipliquen los beneficios.

SAUCOS
Desde su inicio, en 1986, la compañía ha contratado a personas en situación de desplazamiento que vienen de entornos rurales y llegan a las ciudades en busca de una oportunidad. Para la empresa, contratar a personas que tienen conocimiento de la tierra y cómo trabajarla se convirtió en el semillero ideal de talentos. 

De acuerdo con Carolina Luque, Coordinadora de Proyectos, “realizar prácticas de inclusión social era parte de la manera natural de hacer las cosas. Luego nos dimos cuenta de que valía la pena hacerlo visible, puesto que la forma de hacer negocios está cambiando. Así que a partir de este año quisimos involucrarnos en el proceso de certificación como Empresa B de triple impacto positivo. Para lograrlo fue importante recibir la asesoría técnica en inclusión social y equidad de género del Gobierno de Canadá y Cuso International”.

“Hemos aprendido sobre lenguaje inclusivo y lo hemos implementado en nuestro día a día. Así como la importancia de contar con prácticas laborales que se ajusten a los colaboradores. Nos queremos convertir en una mejor empresa para las personas y para el planeta”, añadió Luque.

SODIMAC COLOMBIA  
La convicción y apuesta de construir una sociedad justa, incluyente y con igualdad de oportunidades para todas las personas, donde se reconozca que todas tienen el mismo valor solo por la condición de ser humanos, impulsó a la compañía a crear el programa de inclusión laboral ‘Manos Capacitadas’ en 2007. 

“En Sodimac Colombia tenemos como objetivo promover la inclusión y el trabajo digno de personas en condición de discapacidad física, cognitiva o sensorial, según sus habilidades frente a las necesidades del negocio. Con este programa, hemos establecido como meta lograr la contratación de 130 personas”, cuenta Karym Grijalba, gerente de gestión humana.

Pero no es el único; en 2013, con el fin de fortalecer el programa, la compañía amplió la oferta hacia temas de inclusión de personas en condición de vulnerabilidad socioeconómica. Una población que se caracteriza por estar en un contexto que les ha imposibilitado acceder a opciones laborales formales y dignas.  

Los resultados obtenidos han sido maravillosos, agrega Grijalba, “no solo por el impacto en el mejoramiento de la calidad de vida de cerca de 400 personas, sino por la construcción de tejido que hemos logrado dentro de la compañía”.  

SODEXO 
Desde su fundación, la multinacional francesa Sodexo ha llevado en su ADN a los temas de diversidad e inclusión. En Colombia están presentes desde hace 25 años y hace tres empezaron a trabajar fuertemente en estos ámbitos por medio de cinco programas. 

El primero de ellos es ‘Generaciones’, que consiste en brindarles la oportunidad a personas de distintas edades, incluidos jóvenes recién graduados, para que crezcan con la compañía. El segundo es LGBTI, donde se diferencian de otras organizaciones porque aquí ellos pueden desarrollar su personalidad libremente. 

El tercero está dirigido a las personas en condición de discapacidad y el cuarto es ‘Cultura y orígenes’, “por ejemplo, Sodexo en el 2006 fue la primera empresa que contrató personas desmovilizadas”, cuenta Juan Pablo Castillo, director de asuntos corporativos. 

El quinto programa busca impactar asuntos de género y tiene que ver con estrategias para que las mujeres sientan un espacio mayor dentro de la organización, que puedan contar con importantes cargos, sin tener que renunciar a sus labores de mamá o esposa y mucho menos a su feminidad. 
“Nosotros hemos visto que la compañía mejora la productividad cuando tenemos equipos interdisciplinarios, esto al final repercute en mayor productividad para la empresa”, enfatiza Castillo.  

SERVIOPTICA 
La historia de inclusión social de Essilor Colombia, empresa dueña de Servióptica, empezó hace diez años con la contratación de personas sordas. Actualmente son 26 personas vinculadas con discapacidad (auditiva y psicosocial). 

“Antes de la discapacidad, ya teníamos una sensibilidad por tratar de ayudar a madres cabeza de familia, por darles a las mujeres roles directivos. Entendimos que el género y la discapacidad no son cuestiones para relegar a las personas, en cambio si creemos que les podemos dar mejores oportunidades laborales y calidad de vida”, cuenta Felipe Chajin, director general de Essilor Colombia. 

Mientras agrega que “esto va mucho más allá de ser algo filantrópico. Las empresas privadas somos agentes de cambio social. El año pasado nos comprometimos como Empresa B y lo hicimos pensando en las generaciones futuras,  entonces no medimos el éxito solo en pérdidas y ganancias, sino que miramos cómo impactamos el medio ambiente, la vida de las personas que trabajan con nosotros y la comunidad en general y las formas de gobernanza de la compañía”. 

Esta iniciativa le ha enseñado a la compañía que la discapacidad no es una limitante sino una diferencia, y que las personas que no han tenido tantas oportunidades son más responsables, comprometidas y exitosas. También, que podemos aprender de todas las personas.