¿En qué momento hablamos de salud mental?

Más allá de la enfermedad se deben evaluar aspectos como acceso a la educación, trabajo y un entorno saludable que propicie mejor calidad de vida.

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Cuando hablamos de salud mental casi siempre nos enfocamos en las perturbaciones del pensamiento, las emociones o el comportamiento; sin embargo, la salud mental es un término mucho más amplio que la simple ausencia de enfermedad y que cubre distintos aspectos. Se refiere, en realidad, a la salud misma, a sus dificultades, problemas y trastornos, también a la forma de entenderla, afrontarla o atenderla, a los derechos y deberes, y no solo individuales, pues la salud mental es colectiva y muestra características del funcionamiento social, del funcionamiento humano.

Así, cuando hablamos de la salud mental nos referimos a las conductas de todos en la vida diaria, a las maneras como nos relacionamos con los otros, a la posibilidad de convivir, pero no solo porque toleramos a los demás, pues querría decir que solo miramos sus defectos, sino porque intentamos tener una actitud considerada en donde las otras personas pueden ser ellas mismas y aportar desde sus diferencias, poniendo en marcha de nuevo otra característica fundamental de nuestra especie: la individualidad, que a su vez construye sociedad.

La última Encuesta Nacional de Salud Mental (ENSM 2015) del Ministerio de Salud, desarrollada por la Universidad Javeriana, nos pone sobre aviso acerca de ciertas conductas que requieren fortalecerse para mejorar nuestra salud mental, entre estas están la participación social, la confianza en los demás, la solidaridad, las respuestas oportunas de las redes de apoyo y la inclusión. Por eso cuando hablamos de promocionar la salud mental debemos entender que todos somos actores de ese buen ejercicio y en ese sentido es importante reconocer que lo construimos en colectivo, es una tarea de todos y que tiene que ver, por ejemplo, con los aspectos emocionales de la lactancia materna (o lo que la sustituya), cuando no es solo dar de comer, sino que cada uno de esos momentos se convierte en una oportunidad para brindar calor, contacto y afecto, haciendo sentir al bebé que es importante y querido, sentimientos que marcarán su vida para siempre.

También las maneras como se cría a los hijos o, mejor, a que todos cuidamos a los niños de nuestra sociedad, favoreciendo un ambiente de protección, seguridad y afecto que guarda sus derechos, también para los adolescentes y las personas mayores. Entendiendo que el cuidado no es solo responsabilidad de las mujeres, sino una función humana que genera satisfacción a quien lo recibe y a quien lo ofrece. Y que las familias y los hogares sigan siendo cada vez más los espacios en donde nos sentimos amparados y aceptados y no lugares en donde reina el maltrato y la violencia entre sus miembros.

Nuestras sensaciones de bienestar, tranquilidad y felicidad, así como nuestra capacidad de aceptar y superar las situaciones de tensión, estrés y sufrimiento que inevitablemente acompañan la vida. Por eso cuando se nos califica de uno de los países más felices del mundo debemos preguntarnos si no estamos obviando muchas de nuestras dificultades como sociedad: la pobreza, la corrupción y las diferentes formas de violencia. Esto implica las transformaciones que como sociedad debemos lograr en nuestras relaciones, pues en ese sentido la salud mental puede contribuir efectivamente a la construcción de la paz y la reconciliación, nuestro mayor reto hoy.

Otra dimensión es la de los problemas y trastornos mentales, anotando que una vez que los identifiquemos es necesario buscar ayuda, los profesionales de salud mental y los equipos básicos de salud se convierten en un soporte valioso en estas situaciones, lo son además la familia, los vecinos, los amigos y los compañeros. Cuando señalamos, excluimos o maltratamos a las personas con trastorno mental estamos poniendo en evidencia nuestros propios problemas y dificultades mentales.

La Asociación Colombiana de Psiquiatría ha desarrollado la campaña “Yo también voy al psiquiatra” para explicar que consultar o recibir apoyo es algo que debe ser visto como normal. Pero como sociedad tenemos algo más que hacer y es abrirles un espacio a las personas con trastornos mentales, entendiendo que su enfermedad es también inherente a la especie y producto de nuestra evolución,  y además que hoy casi siempre los tratamientos permiten que lleven una vida corriente, aunque guardamos una idea de agresión y de pérdida del control que nos causa temor y rechazo, derivada del estigma que le hemos adjudicado a la “locura”, y se nos olvida que la mayoría de las violencias son causadas por personas “sanas” que no tienen un trastorno mental.

Es importante destacar que Colombia cuenta con una ley de salud mental y que en su cumplimiento se estructuró una Política Nacional de Salud Mental el año pasado, en la cual las personas, las relaciones con sus familias y comunidades son el centro, y determina promover las habilidades psicosociales, la cohesión social y los entornos saludables, resilientes y protectores. Además, con el concurso de otros sectores como educación y trabajo, para implementar programas de prevención de problemas y trastornos mentales, el suicidio, las violencias interpersonales y la epilepsia, articular los servicios institucionales con los comunitarios y fortalecer su capacidad de atención, además de promover para las personas con trastorno mental la rehabilitación basada en comunidad y la inclusión social.

*Médico psiquiatra. Hospital Universitario San Ignacio. Profesor Pontificia Universidad Javeriana.