Final feliz para anciano de Costa Rica que se negó a ser salvado de “Otto” sin sus perros

Pese a que su casa quedó totalmente destruída, Antonio Núñez, de 79 años, rechazó ser rescatado si sus cuatro mascotas no iban con él. Animalistas y rescatistas salvaron al anciano y a sus fieles amigos.

Cortesía: Rescate Animal y Fuerza Pública de Costa Rica

En poco más de 24 horas, a Costa Rica lo azotaron temblores, inundaciones y el paso de un huracán. Todos estos eventos naturales dejaron un saldo de nueve muertos. La desolación y destrucción por los daños que dejaron los desastres se hizo evidente cuando las cámaras de televisión costarricenses mostraron a los cuerpos de rescate sacando personas de sus viviendas. De muchas de esas casas apenas eran visibles los techos. Era lo único que, junto a las copas de los árboles, lograba superar el nivel de las aguas. En ese país llamó la atención el caso de un anciano que se negó a ser rescatado pese a que, según él mismo afirmó, solo le había quedado la ropa que tenía puesta.

¿Y por qué Antonio Núñez, de 79 años, no quiso recibir ayuda, pese a que su humilde vivienda se había reducido a trozos de lata, madera, y roídas prendas esparcidas por todo el lodo? La gran motivación de este anciano para “evitar” su rescate, fue que eso implicaría abandonar a sus cuatro perros. Eran sus únicas compañías en el mundo. Sus “hijos”, como decía Núñez.

"Yo me muero con mis perros, no los voy a dejar solos. Así es que, si se van los perros conmigo, yo me voy. Ahorita estoy refugiado en la casa de un muchacho por aquí. Ahí los perros están en el corredor; para mí, es como si fueran mis hijos, no los dejaré botados", dijo el miércoles el anciano al diario La Nación de su país.

La casa de Núñez estaba ubicada en La Luisa, un barrio del apartado distrito Cantón de Matina, de la provincia de Limón. Cuando el paso del huracán Otto rompió el dique de Banasol, y el agua de este empezó a mandar al piso las improvisadas viviendas hechas con paredes de tabla y tejas de lata, todos sus vecinos empezaron a huir y trataron de llevar al anciano consigo. Esa fue la primera negativa de Antonio a dejar su casa. Luego, tras el paso del huracán, con todo un panorama de destrucción a su alrededor, el nuevo ícono de la resistencia costarricense trató de rescatar de los escombros todo lo que medio le servía para abrigarse y evitar que sus mascotas se acostaran en el fango.

La imagen del anciano haciendo todo lo que podía por dar abrigo a sus cuatro perros dio la vuelta a Costa Rica y en pocas horas el equipo de una organización animalista llegó hasta lo que quedó del barrio. Los miembros de “Rescate Animal” encontraron a Núñez y a sus mascotas, lo llevaron a una vivienda que ya tiene pagos los tres primeros meses de alquiler. El milagro de La Luisa se consumó con la intervención de la corporación Grupo Monge, que le obsequió al anciano varios electrodomésticos y enseres necesarios para iniciar su nueva vida.