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Financiación de la educación superior, de lo coyuntural a lo estructural

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Para nadie es un secreto que esa financiación constituye un enorme desafío que enfrentan las instituciones de educación superior (IES), debido a las implicaciones que tiene este gasto para los gobiernos, para las familias, para las propias IES.

Hace poco más de una semana participé como ponente en el Congreso Internacional de Crédito Educativo, liderado por la Asociación Panamericana de Instituciones de Crédito Educativo. El objetivo de este evento consistía en analizar el estado actual y las proyecciones de la financiación y la internacionalización de la educación superior en América Latina y el Caribe. A propósito de aquel encuentro, quiero dedicar estas líneas de opinión a algunas reflexiones respecto a la financiación de la educación superior. Para nadie es un secreto que esa financiación constituye un enorme desafío que enfrentan las instituciones de educación superior (IES), debido a las implicaciones que tiene este gasto para los gobiernos, para las familias, para las propias IES y, por último, para los estudiantes que, a su vez, se cuestionan sobre el retorno de la inversión en el contexto de la incertidumbre que vivimos.

Frente a los sistemas de financiamiento en el mundo, por el lado de la oferta y de la demanda, nos encontramos con esquemas privados, es decir, aquellos regidos por el mercado; también están los públicos, o apalancados por recursos estatales, y los mixtos, que resultan de una combinación de los dos anteriores. El modelo de financiamiento colombiano involucra a todos los estamentos de la sociedad: el Gobierno Nacional, los entes territoriales, las familias, los estudiantes, las IES con recursos propios y, en menor proporción, el sector productivo. Esta mezcla de fuentes contribuye de manera positiva a la sostenibilidad del sistema educativo terciario, no obstante, la OCDE ha subrayado las grandes disparidades en el modelo que implementan las IES en el país, haciendo relación a las diversas acciones o estrategias que se aplican para la consecución del recurso necesario que permite el desarrollo de un proyecto educativo pertinente y de calidad.

Somos conscientes de que las fuentes de financiamiento de este sistema mixto colombiano fluctúan por aspectos coyunturales y estructurales. De allí que la pandemia ha dejado entrever la necesidad de continuar y fortalecer la financiación, afectada por las medidas para contener la propagación del virus y sus consecuencias en las dinámicas socioeconómicas.

Sin embargo, esta necesidad ya era latente de tiempo atrás, en un sector que ha mostrado desaceleración en su cobertura por temas que van desde cambios en las tendencias de mercado y patrones de consumo, una realidad económica y social difícil, y un comportamiento demográfico que no favorece el crecimiento, en especial de los niveles de pregrado, debido al envejecimiento progresivo de la población. Con la llegada de la pandemia, los factores y las fuentes de recursos que determinan y condicionan el financiamiento se han visto más afectados, aunque deben reconocerse los ingentes esfuerzos que en ese sentido han adelantado en 2020 el Gobierno Nacional, las familias, las IES y los mismos estudiantes.

Por el lado del Gobierno, las medidas tomadas en el marco del plan de alivios para beneficiarios del Icetex, los ajustes al programa Generación E, el Programa de Apoyo Formal al Empleo, el acceso a líneas de créditos para las IES con Findeter y la implementación de un esquema de matrícula 0 (cero), en algunas IES oficiales, contribuyen a mitigar esas necesidades coyunturales de financiamiento del sector. Pero, ¿serán sostenibles en el tiempo?, es la pregunta que surge frente a un escenario de mayor endeudamiento y de menor recaudo fiscal.

A esos esfuerzos se suman las acciones tomadas por las IES, que han ayudado a garantizar el ingreso o la continuidad académica de los estudiantes, y que van desde los ajustes y la flexibilización de los procesos de admisión, pasando por un paquete de alivios financieros, de planes de acompañamiento y bienestar, hasta el fortalecimiento de la infraestructura y de capacidad humana en aspectos tecnológicos. Todo ello ha estado encaminado a ampliar la demanda potencial e incentivar la permanencia estudiantil, mitigando el impacto negativo de la pandemia y en su aporte a la sociedad.

Ahora bien, esas medidas son coyunturales, pero en el largo plazo mantener la financiación de la educación superior en perspectiva de solidaridad intergeneracional, y acorde con las necesidades, traerá consigo mayor bienestar, siendo entonces clave encontrar alternativas estructurales de fuentes de recursos que sean priorizados para garantizar la sostenibilidad del sector, el cual es un apalancador de la salida de la crisis.

Así las cosas, el financiamiento de la educación superior debe irrigar y permitir el desarrollo balanceado de todas las funciones sustantivas que inciden en la calidad de los aprendizajes de los estudiantes y en su aplicación por medio de las competencias, habilidades y destrezas en el mundo del trabajo, pero también en una sociedad que quiere y busca ser más justa y equitativa. Por su relevancia es que el financiamiento debe ser una prioridad, buscando que lo coyuntural trascienda a lo estructural.

*RECTOR GENERAL UNIMINUTO

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