Hospital indemnizará a familia de paciente a la que no dejaron morir

Antes de sufrir un derrame cerebral, Brenda Grant manifestó, en un testimonio vital, que no quería que prolongaran su vida. Pero el Hospital George Eliot no hizo caso a estas indicaciones, por lo que ahora pagará a su familia 60 mil dólares.

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Después de 22 meses de estar siendo alimentada de manera artificial, Brenda Grant fue desconectada de los aparatos que la mantenían con vida y días después, el 4 de agosto de 2014, murió. Podría ser una historia común y sin mayores inconvenientes, pero hay un detalle importante: Grant expresó, mediante un testamento vital, que no la dejaran vivir si perdía las facultades para ser autosuficiente. Por desobedecer su voluntad, el hospital que se hizo cargo del tratamiento de la mujer pagará 60 mil dólares a su familia.

La historia es así. Grant, de Inglaterra, decidió hacer un testamento vital, luego de ver cómo su madre se desvanecía de manera paulatina por la demencia y no querer vivir una situación similar. En el documento legal manifestaba, de manera expresa, que, si llegaba a perder la lucidez mental o si sufría alguna de una lista de enfermedades, prefería morir.

Y entonces, cuenta BBC Mundo, en 2012 -con 81 años- tuvo un derrame cerebral que le hizo perder su capacidad para caminar, hablar e, incluso, tragar alimentos. Pero aquí la historia se complica. El Hospital George Eliot de Inglaterra, donde fue ingresada, en vez de cumplir con los deseos de Grant de que no prolongaran su vida, le hicieron una gastrostomía endoscópica percutánea en el estómago para alimentarla. Esto, a pesar de que en la clínica sí tenían el testamento vital de la mujer, aunque estaba sepultada en una pila de documentos.

Luego de la intervención, Grant fue trasladada a una residencia para ancianos, algo que nunca quiso. Estando allí, intentó en varias ocasiones retirarse los tubos con los que era alimentada, por lo que las personas que la cuidaban decidieron atarle las manos. Y la situación siguió así durante varios meses.

La batalla de Grant siguió hasta que, en una junta de doctores del hospital, el médico de familia alertó sobre la existencia del testimonio, del que no tenía conocimiento la familia de la paciente, sino el hospital y la propia mujer. El médico, entonces, argumentó que se debía respetar la voluntad de Grant, cuando todavía estaba lúcida y tenía capacidad y autonomía para comunicarse. El hospital le dio la razón, desconectó a Grant de los tubos con los que era alimentada y cuatro días después, el 4 de agosto de 2014, murió, después de casi dos años de espera.

La hija de Grant, Tracy Barker, aseguró, en entrevista con BBC, que su madre “nunca quiso ser una carga para nadie, así que no habría querido que ninguno de nosotros la tuviéramos que cuidar” y que “estoy muy, muy enfadada conmigo misma por haber dejado que mi madre sufriera durante dos años por algo por lo que no necesitaba sufrir”.

Además, el Hospital George Eliot admitió su responsabilidad por no darle el tratamiento adecuado al testimonio vital de Grant. Entre la familia de ella y la clínica se llegó a un acuerdo, por fuera de juicio, de una indemnización de 60 mil dólares. El hospital también publicó un comunicado en el que aceptó “que el consejo no actuó de acuerdo a las directrices que la fallecida había dejado por adelantado y que fallamos en el manejo de ese documento”.