Irresistibles deseos de oficina

Diariamente los empleados se enfrentan a los inevitables impulsos que se desatan por compartir tanto tiempo en un mismo espacio y a los efectos del llamado gen de la poligamia que tenemos todos.

Ilustración por: Heidy Amaya- El Espectador

El 53% de los mexicanos se han involucrado sentimentalmente con alguien de la oficina. 26% de los chilenos admitieron hace poco en una encuesta del portal trabajando.com que han tenido amoríos en la empresa. Los estadounidenses no se quedan atrás. Según un sondeo publicado en el Wall Street Journal, el 40% de los consultados confesaron que tuvieron encuentros sexuales con compañeros de trabajo en algún momento de su carrera.

Estas cifras dan cuenta de un escenario cada vez más común, fruto de la cantidad de tiempo que se comparte con las mismas personas, de la admiración que termina incentivando el erotismo y de la naturaleza poligámica del ser humano. El sexo de oficina no sólo es placentero, sino que despierta fantasías, aunque también puede ser peligroso, especialmente cuando alguno de los dos está comprometido.

Muchas veces, ha dicho el sexólogo Alonso Acuña, esa represión termina desfogándose en las fiestas empresariales de fin de año, que a veces acaban en un motel o con una apasionada noche de besos y coqueteos. La gente, explicaba, termina enfrentándose a la pugna entre ese gen poligámico que todos tenemos y el compromiso ante la sociedad que se adquiere al contraer matrimonio o formalizar una relación.

Algunos valientemente deciden complacer esas ganas por poseer al otro y satisfacer el irresistible deseo sexual que los atormenta en cada conversación, cada junta, con cada roce en el ascensor o en el almuerzo. De hecho, cuando el portal de empleo glassdor.com preguntó a mil de sus visitantes si mezclan el sexo con el trabajo, 37% respondieron afirmativamente, 22% aceptaron haberlo hecho en la oficina de su jefe y 18% en alguna de las salas de conferencia de la compañía.

De estos pasionales encuentros no siempre queda algo bueno, aunque el sondeo de Wall Street Journal encontró que en Estados Unidos uno de cada tres amoríos termina en matrimonio. Lo importante, en últimas, es ser consciente de lo que se arriesga cuando se accede a convertir las fantasías en realidad.

Lo recuerdo como si fuera ayer... Y es que ¡cómo olvidarlo! A finales de 2009 conocí al que de amigo pasó a tinieblo y después de cinco meses le concedí, para su fortuna, el título de novio. Esta historia comenzó diferente a las otras que he vivido. No por aquello de llevarle casi cinco años, sino porque compartíamos el mismo trabajo y nos debíamos ver todos los días, todo el tiempo. El espacio por el que siempre he luchado, ese territorio impenetrable donde se encuentran mi yo y mi álter ego, estaba siendo invadido por mi compañero sentimental.

La relación se convirtió en un pendiente más de la lista de quehaceres diarios en la oficina. No tuve más opción que hacerme la difícil y aunque tenía ganas me hice la recatada. Pasaron casi dos meses cuando una noche en su casa, tras una botella de vino blanco, nos dejamos llevar por apasionados besos. Me dejé quitar la camisa. Aún con jeans, pero con ambos pechos desnudos, continuamos el alboroto, tanto que la calentura me llevó a buscar lo que no se me había perdido y mandé la mano ansiosa por sentir su sexo erguido.

Sus ágiles manos y sus 75 kilos encima de repente hicieron que los pantalones desaparecieran y en pocos segundos estábamos desnudos. Ansiosa y dispuesta a recibirlo, cerré los ojos. Sentí que estaba a punto de entrar pero de repente nada... Veía cómo este hombre de 1,87 se movía y con ganas de disfrutar ese contoneo decidí buscarlo y meterlo, pero me demoré más en hacerlo que en entender lo que pasaba... Mi mano era más que suficiente para abarcar su miembro. Sutilmente lo cogí con dos dedos y, sin querer hacerle daño, lo sostuve y me impresioné. Siempre he sido de las que piensan que el tamaño no importa, pero este era un caso particular, esto no se podía considerar siquiera como tamaño. ¡Era un micropene !

El cariño que le tenía evitó que me lanzara por el celular para dejar constancia y compartirlo con mis amigas. No lo intimidé. Pensé que la solución era lanzarme encima, pero al hacerlo se salió de nuevo. No había forma... Tratamos varias posiciones. Decidí entonces asumir este reto sexual y estaba dispuesta a... cuando de repente maniobró de maravilla y me dio el mejor sexo oral que he recibido. A pesar de su minúsculo problema supo batallar como Goliat y me satisfizo. Nuestra historia no duró mucho, pero su diminuto inconveniente siempre será recordado por mí y algunas buenas amigas.
 

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