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La calidad como respuesta

Cada tres años, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) evalúa el rendimiento de estudiantes de 15 años en el mundo, en las áreas de lectura, ciencias y matemáticas. El último análisis corresponde a las pruebas de 2018, que cobijaron a 600.000 jóvenes de 79 países, 8.000 de ellos de Colombia. El país participa en estas mediciones desde 2016.

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En lectura, la nación alcanzó 412 puntos, puntaje inferior al logrado en 2015, cuando se obtuvo 425; en ciencias, 391, frente a los 390 logrados en 2015, y en matemáticas, 413, tres puntos menos. Tanto Colombia, ubicada en el puesto 58, como las otras nueve naciones latinoamericanas están por debajo de los promedios, que superan los 480 puntos para cada área. Chile es el mejor de los latinos, con la posición 43, y República Dominicana está al final.

De nada sirve autoflagelarnos por los bajos niveles o compararnos con países que nos llevan años luz de ventaja, como China —el mejor—, Singapur o Estonia, pretendiendo cambiar esta triste realidad. Lo que sí es necesario es tomar estos resultados como base para diagnosticar las limitaciones que tenemos como sociedad, escuela y familia, y la manera ideal de asumir responsabilidades articuladas, complementarias e integrales que impacten propositivamente el sistema escolar para bien de las actuales promociones y las futuras generaciones.

Los cambios estructurales que la educación requiere deben alinearse con la meta de desarrollo social más allá del relacionamiento con el crecimiento económico. Para ello es clave que el Gobierno y los entes territoriales trabajen en el aumento de la cobertura. Asimismo, adoptar la jornada única en los colegios oficiales que hoy funcionan a doble jornada, dotarlos con laboratorios y medios tecnológicos para la enseñanza y actualizar sus bibliotecas. También debe consolidarse la educación rural para que llegue a los niños del campo con las mismas cualidades de la urbana.

Todas estas acciones deberán estar acompasadas con un programa integral de desarrollo profesional a los profesores, que permita acceder a programas de maestrías y doctorados.

Se requiere brindarles a los estudiantes entrenamiento para el manejo de estas pruebas internacionales, pues la escasa experiencia puede estar incidiendo en los resultados, aunque esta no debe ser la meta fundamental.

Un asunto básico es facilitar el acceso igualitario a la educación, para que las comunidades menos favorecidas tengan las mismas oportunidades. Según el análisis, Australia, Canadá, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Japón, Corea, Noruega y el Reino Unido tienen los sistemas educativos más equitativos, donde los estudiantes pueden prosperar independientemente de sus orígenes.

Comprensión de lectura, introducción de la tecnología, profundización en el mundo digital, manejo y conocimiento de otras lenguas, lógica matemática, fomento del pensamiento propio, modernización y alineación de currículos, entre otros aspectos, son algunos de los temas pendientes. Claro está que la tarea no corresponde únicamente al Ministerio, a las secretarías de los entes territoriales o los centros educativos, sino también al hogar y a la ciudadanía. De lo contrario, seguiríamos arando en el mar y con la deuda de no tener una educación de alta calidad, que es, además, la única capaz de transformar vidas y generar movilidad social.

* Rector de la Universidad Simón Bolívar.

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José Consuegra Bolívar*

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