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La educación superior, un factor de esperanza para el país

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La respuesta de un 39 % (sobre una muestra de 1.008 encuestas) de colombianos piensan que la educación es uno de esos aspectos que más ayudará al cambio de la vida de los seres humanos.

Cada semestre las instituciones de educación superior (IES) tienen la obligación ética de preguntarse por los retos que les plantea un nuevo comienzo del proyecto educativo. Este semestre con mayor razón, debido a la situación de salud pública que nos ha afectado a todos a escala mundial y que de manera específica en Colombia ya empieza a dejar unos impactos sociales y económicos que debemos tener muy presentes, pues inciden en las realidades que enfrentamos como país, y desde luego en nuestros retos y desafíos educativos.

En este marco de ideas, quiero retomar un dato reciente que nos da un panorama de la forma como los colombianos están percibiendo los impactos de esta realidad. Para ello recurro al boletín N° 5 Colombia Opina, publicado por Invamer (Investigación y Asesoría de Mercado), con el apoyo de otras compañías de medios nacionales. Es evidente que el panorama, en medio de sus impactos negativos de tipo económico y por supuesto de calidad de vida, también es, a mi modo de análisis, de esperanza. Digo esto basado en la respuesta a la pregunta concreta que se hace en el estudio: ¿Cuáles considera que son los tres aspectos que más cambiarán en la vida de las personas de forma positiva?

Efectivamente, la respuesta de un 39 % (sobre una muestra de 1.008 encuestas) de colombianos piensan que la educación es uno de esos aspectos que más ayudará al cambio de la vida de los seres humanos. Esto es bastante esperanzador, y es aquí donde como IES debemos asumir una clara apuesta resiliente y solidaria para seguir apostando por un país educado con pertinencia y calidad.

Con este panorama me pregunto, entonces, cuáles son esos retos del sector de la educación superior. Sigo advirtiendo que no son desafíos nuevos, pero que ahora nos exigen una urgente respuesta. La educación en línea y el cierre de brechas digitales son unos de los retos más desafiantes, en cuanto implica que podamos garantizar la disponibilidad de sistemas, equipos y talento humano necesarios para desarrollar una educación virtual con alta calidad y que esté orientada a adquirir las competencias y habilidades que hoy requiere el mundo laboral, pero ante todo el desarrollo social y económico del país.

Lo anterior implicará una mayor inversión en la creación de programas académicos 100 % virtuales con los estándares de calidad requeridos. También exigirá ampliar la cobertura y el acceso a conectividad, así como la disposición de dispositivos móviles en las zonas más apartadas del país. Recordemos que diferentes estudios de la Cepal y Naciones Unidas nos ubican como la región con mayor desigualdad en los ingresos de todo el mundo. El acceso a las tecnologías de la información y comunicación (TIC) reproduce las desigualdades y los rezagos educativos. Por lo anterior, es inmediato plantear rutas que nos permitan superar esas desigualdades y propiciar condiciones educativas al alcance de todos.

Pero no basta con el uso de tecnologías aplicadas al desarrollo educativo, es necesario también la apropiación pedagógica y didáctica de estas en el proceso formativo de enseñanza-aprendizaje. Se trataría, en síntesis, de la enseñanza y el acompañamiento a los estudiantes para que se adapten a nuevas formas de aprendizaje. La experiencia del aprendizaje remoto, mediado por el uso y la apropiación de las TIC, debe ayudar a los profesores en su tarea mediadora en la construcción de conocimiento de sus estudiantes a realizar adaptaciones pedagógicas y didácticas para garantizar la continuidad, calidad y medición de los resultados de aprendizaje.

Lo anterior implica un acompañamiento para que los estudiantes avancen en su trabajo autónomo. Todo lo anterior pasa necesariamente por considerar la exigencia académica con mesura y flexibilidad, confiando en el enorme potencial que tiene el estudiante de aprender. Es fundamental acompañar también a los profesores en un constante proceso de formación que supone una reestructuración de lo que tradicionalmente hemos entendido como enseñanza, aprendizaje y conocimiento. Ello implica adentrarse en nuevos recursos educativos, estrategias didácticas para la enseñanza mediada por las TIC, trabajo en redes, uso de plataformas, recursos electrónicos, simuladores y laboratorios virtuales. Es responsabilidad de todos nosotros como IES fortalecer la gestión académica y los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación en los profesores.

No bastará con asegurar una conectividad y un acceso tecnológico. Las TIC por sí solas no tienen una función pedagógica, son necesarios cambios estructurales que modifiquen las prácticas educativas e innovar en las formas que enseñamos y aprendemos. Más que la transmisión de conocimientos, tenemos una responsabilidad ética de formar ciudadanos solidarios, comprometidos con el planeta, en una sociedad globalizada e interdependiente y que sean capaces de hacer frente a la incertidumbre, poniendo como valor principal el respeto por el ser humano y todas las formas de vida.

*Rector general de la Corporación Universitaria Minuto de Dios.

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