Debate

La gestión de las malas noticias del galeón San José y los arqueólogos

Réplica del redactor jefe de Cultura del diario ABC (España) y bloguero sobre un artículo publicado en El Espectador digital por el arqueólogo submarino Carlos del Cairo.

Imagen del naufragio del galeón San José, revelada por el gobierno de Juan Manuel Santos tras su localización de finales de 2015. La embarcación de bandera española, su tripulación y su tesoro fueron hundidos por piratas ingleses el 8 de junio de 1708 en el mar Caribe colombiano, cerca a las Islas del Rosario. / Cortesía

Como bien dice el doctor Carlos del Cairo en el artículo que publicó en El Espectador —una columna de opinión en la que mezcla furibundos e injuriosos ataques a determinadas personas entre las que me incluye—, en el caso complejo y paradójico del galeón San José es fundamental no desviarse del camino. Lo que llama la atención es que esa afirmación la sostenga alguien como Del Cairo quien, escudándose en la confidencialidad de un contrato con una empresa de cazatesoros, y cobrando de la misma como prueban documentos publicados, trata de convencernos de que todos sus pasos estuvieron encaminados a entorpecer un contrato basado en la venta de objetos del galeón, un proyecto financiado por el reparto de los objetos del galeón y que si finalmente no se sustanció fue por la resistencia de la academia colombiana e internacional, la prensa y la sociedad civil. Curioso que el artículo de Carlos del Cairo fuera un ataque frontal contra estas tres fuentes de resistencia cívica ante un proceso secreto en el que el patrimonio podía resultar vendido. (La versión de Juan Guillermo Martín, primera en ser publicada aquí)

Las preguntas legítimas le molestan. Sus opiniones contra la academia, en la persona del doctor Juan Guillermo Martín de Uninorte, y contra la sociedad civil colombiana, en la del veedor Francisco Hernando Muñoz Atuesta, son lamentablemente ataques «ad hominen» y ya las han respondido los aludidos y es por ello que solicito ejercer mi derecho de réplica, por lo que atañe a la prensa, gremio en el que me distingue en solitario, tal vez por haber publicado pruebas de lo paradójico de su posición. (La versión de Carlos del Cairo).

Antes que nada, déjenme decirles que soy periodista licenciado en la Universidad Complutense y actual redactor jefe de la Sección de Cultura del diario ABC. Español, por tanto, pero sumamente interesado en el destino del patrimonio cultural subacuático cuyo origen cultural compartimos a ambos lados del Atlántico. Soy un activista contra la caza de tesoros, un entusiasta de la ciencia arqueológica de acreditada carrera -mi trabajo habla por mí- y últimamente he sido señalado como bloguero —como si eso fuera malo— desde la Universidad de Externado, donde se cocina, al parecer, el futuro de la arqueología colombiana y latinoamericana. Tal vez al caerse un ingrediente amargo como es el pago de una empresa cazatesoros a uno de sus arqueólogos, hayan pensado que podría estropearse el guiso. No lo sé y no era mi intención. Yo solamente hice mi trabajo, publicar datos relevantes, tan pulcramente como pude. Y eso me ha valido sus ataques, en lugar de haber provocado una sana autocrítica. En la gestión de las malas noticias todo poder se define. (La versión de Francisco Muñoz, veedor del Patrimonio Sumergido).

El pago al arqueólogo Del Cairo por parte de la empresa MACS, cuyo staff estaba formado por conocidos cazatesoros, aparece consignado en documentos hechos públicos en el tribunal de Cundinamarca. A la hora de poner a disposición del público esta relevante información, ocultada durante años, pero obtenida de manera legítima, el artículo de ABC al que se refiere con tanto desdén Carlos del Cairo incluía sus explicaciones, su versión, así como la información sobre el hecho de que prestigiosos arqueólogos internacionales habían dado su apoyo a la presencia de un arqueólogo de corte «Unesco» con el fin de vigilar o documentar lo sucedido «desde dentro» para «impedir» la venta de material arqueológico. Por tanto mi reportaje daba una información contrastada y equilibrada, pero que tal vez no endulzaba suficientemente el hecho de haber cobrado más de 48.000 dólares en octubre de 2017. ¿Debía haberme callado? En su artículo de El Espectador, Del Cairo miente. Él no negó el cobro cuando habló conmigo. Explicó que se hizo así porque resultaba «más rápido» y que, aunque le pagaba la empresa, realizaba un servicio a su país. Ya es paradójico todo esto visto desde la ley 1675. Pero aún es más admirable su confianza en poseer algo así como el superpoder de un superhéroe de la arqueología frente a los contratos que respaldaba la Presidencia de la Nación y frente a los millonarios intereses puestos en juego.

Yo soy bloguero, humilde evolución natural de la profesión periodística que asume naturalmente el mundo digital, en el que están los lectores. A mucha honra. En el blog Espejo de Navegantes hemos acompañado —igual que en la sección de Cultura de ABC— las historias y estudios sobre la cultura marítima que nos atañen, no solo las de naves o pecios españoles o hispánicos, las de cualquier civilización, las de la humanidad. Mi evolución hacia lo digital no tiene un paralelo exacto en la evolución de Carlos del Cairo hacia MACS. En el entorno de la arqueología comercial no está asegurada la presencia de los más altos estándares científicos, según comentan a este periodista intachables y prestigiosos arqueólogos internacionales que no creen en superpoderes ni en superhéroes. El propio director del Centro de Arqueología OCMA de Oxford, Damian Robinson, así lo consignó hablando de MACS: «Vender parte de la carga es inaceptable éticamente y no queremos tener nada que ver con ello. Es muy clara nuestra posición en este punto». No es tan conocido como Bertrand Russell pero a mí me convence más esa certidumbre oxoniense que las dudas de Del Cairo para el caso que nos ocupa. (Lea el más reciente editorial de El Espectador sobre el galeón San José).

Si Carlos del Cairo iba a ser capaz de detener la venta de parte de la carga del San José planeada por MACS y casi llevada a cabo por el gobierno de Santos, entra dentro del terreno especulativo. Él afirma que sí, que su mera presencia podía convencerles. Incluso comentó que si no tenía éxito siempre podría salirse y contar al detalle el origen de su desconfianza en el proyecto, al que sin embargo se refiere en el artículo de ayer como «el proyecto científico del Galeón San José». En 2017 no había una vicepresidenta como Marta Lucía Ramírez, con el criterio adecuado de que el yacimiento es indivisible. Tal vez su presencia, su superpoder, pudo haber convencido a la exministra Mariana Garcés para que defendiera esa idea en octubre de 2017. O al director del ICAHN, Ernesto Montenegro, que aseguró en entrevista con ABC (agosto de 2017) que no podía asegurar que no acabara vendiéndose parte del galeón. Pero no los convenció.

Y también miente Carlos del Cairo al acusarme de no haber valorado el criterio de la actual vicepresidenta sobre la indivisibilidad de los bienes asociados al galeón, que «no terminarán convertidos en bienes para negociar por anticuarios, coleccionistas ni cazatesoros del mundo entero». Ese cambio lo saludé con entusiasmo y me pareció un gran avance, como saben las personas que han leído mis investigaciones. El pasado 15 de diciembre publicaba que «es fundamental su convicción de que hay que preservar la indivisibilidad del pecio. Es la primera vez que una instancia tan alta se expresa en Colombia en términos tan contundentes a favor de lo que dictan los estándares científicos internacionales».

Yo no tengo superpoderes periodísticos. No puedo cambiar la mala opinión que Carlos del Cairo tiene de mí. Solamente quiero que se respete la verdad de los hechos. Y la exactitud de las declaraciones. Pero en su artículo Carlos ha faltado a ambas y eso no le añade credibilidad a su defensa desesperada de la integridad de sus acciones, en la que todos creíamos. Ha habido un debate transatlántico sobre el galeón. Él sabe que yo mantengo unas posturas diferentes a las suyas. Pero si pierde el respeto por mis convicciones y lanza infundios contra mí, ¿debo dejar de hacer preguntas? ¿Eso hace un periodista? ¿Por qué ocultó el origen del salario incluso a los arqueólogos que le apoyan a él y al curso de Externado desde México, Argentina y otros países, que se mostraron realmente dolidos y preocupados por las consecuencias de todo esto en conversaciones conmigo al descubrirse los pagos?

Lo único importante es el futuro del galeón. Que no se venda ni se disperse. Que se estudie científicamente. Si de verdad Carlos del Cairo siempre estuvo de ese lado tal vez debería dejar de atacar al periodista, al veedor y al arqueólogo que han sido siempre aliados en la defensa de ese patrimonio, que siempre se opusieron a los planes de desguace de aquella turbia APP del Gobierno anterior. Si defiende todavía el «proyecto científico» realizado con MACS, que le pagaba, y nos ataca a nosotros, ¿de qué estamos hablando?

Enlaces a artículos publicados en ABC:

El artículo de los pagos: https://www.abc.es/cultura/abci-arqueologo-enviado-bogota-cobro-cazatesoros-201904022355_noticia.html

La valoración del criterio de la Vicepresidenta: https://abcblogs.abc.es/espejo-de-navegantes/otros-temas/la-verdad-de-macs-la-mentira-del-galeon-san-jose.html

La APP: https://www.abc.es/cultura/abci-galeon-san-jose-acabara-islas-caiman-201804220210_noticia.html

https://www.abc.es/cultura/abci-pagaran-empresa-san-jose-metales-peso-aunque-sean-monedas-y-lingotes-xviii-201804020103_noticia.html

https://www.abc.es/cultura/abci-estos-cazatesoros-santos-repartira-botin-san-jose-201804080140_noticia.html

https://www.abc.es/cultura/abci-trama-financiera-cazatesoros-detras-rescate-galeon-san-jose-201807090244_noticia.html

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Jesús García Calero / Especial para El Espectador

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