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La internacionalización de la educación superior mediada por las TIC

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La internacionalización de la educación superior ha adquirido una mayor preponderancia, permeando cada vez más el ethos de las instituciones, materializándose en diferentes niveles del quehacer formativo.

La aceleración de la globalización ha traído consigo cambios a gran velocidad en los sistemas económicos, financieros y comerciales, así como avances tecnológicos vertiginosos en lo que hoy el mundo conoce como revolución 4.0. Este escenario global, multicultural, digital, interdependiente y altamente competitivo ha impactado las demandas del mercado laboral, llevando a las instituciones de educación superior (IES) a reflexionar sobre el rol que asumirán frente a este nuevo paradigma social.

Hoy en día, nuestros modelos educativos y, por ende, nuestros procesos de formación se ven afectados por la demanda de un mercado laboral que requiere profesionales con nuevas habilidades no solo profesionales, sino también de vida. En el marco de este contexto, la internacionalización de la educación superior ha adquirido una mayor preponderancia, permeando cada vez más el ethos de las instituciones, materializándose en diferentes niveles del quehacer formativo.

Este proceso de internacionalización, dinámico y evolutivo, cuyas interpretaciones y aprehensiones varían para cada actor del ecosistema educativo a nivel global, guarda entonces una estrecha relación con la globalización y va de la mano con las transformaciones de la sociedad, siendo así un elemento complejo como parte de la estrategia de las IES.

Esta complejidad se manifiesta sobre la definición conceptual de lo que llamamos internacionalización de la educación superior y, por ende, en su alcance, así como también en el impacto que tiene, no solo en las mismas instituciones sino también en los sistemas de educación y en los modelos de aseguramiento de la calidad. Aunque cada institución adapta el concepto de internacionalización según su misión, visión e identidad, al final cada una debe responder ante una mirada de política pública que se refleja en los esquemas de aseguramiento de la calidad, las agencias acreditadoras y los rankings nacionales e internacionales.

Si se analiza la relación entre la globalización e internacionalización de la educación superior y la tecnología, ello nos lleva a pensar que hay una oportunidad de democratización de la educación a través de una propuesta de oferta innovadora y disruptiva, de certificaciones e insignias, en un escenario en el que conviven la educación tradicional y los nuevos modelos exponenciales. Adicionalmente, muchas IES han apostado por una educación virtual internacional transnacional. Y, sin embargo, a pesar del potencial para cruzar fronteras, esta oferta en línea aún no parece tener el efecto esperado, lo que resulta paradójico en perspectiva del avance en instrumentos al servicio de la internacionalización en un mundo globalizado.

(Lea también: Modelos innovadores para ofrecer educación superior)

Nos encontramos frente a la posibilidad de llevar a nuestras aulas un pensamiento global, apoyando los procesos de enseñanza y aprendizaje en las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC), pensando no solo en la internacionalización de programas a distancia y en línea, sino también en programas presenciales. Podemos pensar en una internacionalización virtual como un proceso que fomenta la integración de las dimensiones internacional e intercultural y que, llevadas al aula y al campus, gracias a las TIC, permiten apalancar la integración de herramientas y elementos en el currículo y, con ello, el desarrollo de los aprendizajes.

En el marco de esta evolución de la internacionalización, en la que la colaboración se da por medio de las TIC, surge otro concepto: la movilidad virtual, en la que estudiantes y profesores pueden vivir una experiencia internacional como uno de los enfoques más flexibles, versátiles e inclusivos en la provisión de oportunidades de experiencia global e intercultural.

Es hora de integrar una visión prospectiva de la internacionalización, en donde no solo se hable de capacidades, sino de identidades, propósitos e impacto. Todo ello no implica dejar a un lado el humanismo; por el contrario, podemos pensar en una internacionalización integral, virtual e inclusiva, que fomente la colaboración por diferentes medios de encuentro y que se democratice, llegando a todos los miembros de nuestras comunidades académicas.

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